Book I _war in the after life _omegaverse_

CAPITULO XI

Max dio un paso más hacia Kang.

_No.

La voz del alfa resonó con una firmeza que contrastaba con el evidente temblor de su cuerpo.

_No des un paso más.

El omega se detuvo.

El aroma a sándalo ya dominaba por completo la mansión. Se filtraba por los pasillos, impregnaba las cortinas, la madera de los muebles y el aire mismo. Jamás había sentido unas feromonas tan densas como las suyas.

Kang respiró con dificultad mientras apoyaba una mano contra la pared para mantenerse en pie.

Cada segundo era una batalla, no solo contra el dolor que recorría su cuerpo.

También contra una parte de sí mismo que comenzaba a despertar y que llevaba toda la vida temiendo.

_Max... por favor...

Le costaba incluso pronunciar su nombre.

_Aléjate de mí.

_No voy a dejarte solo.

Kang cerró los ojos con fuerza.

Una punzada recorrió todo su cuerpo y otra oleada de feromonas escapó sin que pudiera contenerla.

Golpeó la pared con el puño.

El yeso se agrietó.

_ ¡Aléjate!

Su voz retumbó por toda la casa, haciendo que mi cuerpo se estremeciera.

No era un grito de ira.

Era un ruego desesperado.

Max por primera vez comprendía que Kang no luchaba contra él.

Luchaba contra sí mismo, para no hacerle daño a el.

Sin decir una palabra más, el alfa reunió las pocas fuerzas que le quedaban y comenzó a avanzar por el pasillo.

Cada paso parecía costarle un enorme esfuerzo.

Max lo siguió a cierta distancia.

Hasta que Kang se detuvo frente a una gruesa puerta de acero integrada en una de las paredes del sótano.

El omega frunció el ceño.

Nunca había visto aquella habitación.

Kang apoyó la mano sobre el lector de huellas. El mecanismo emitió un sonido metálico y la puerta comenzó a abrirse lentamente.

El interior estaba completamente reforzado.

Las paredes eran de hormigón cubiertas con placas de acero.

No había ventanas.

Solo una cama fijada al suelo, una cámara de vigilancia, un pequeño baño y enormes marcas sobre el metal, como si alguien hubiera golpeado aquellas paredes durante años.

Max quedó inmóvil.

_ ¿Qué es esto...?

Kang esbozó una sonrisa amarga.

_Mi padre la mandó construir cuando nací.

El silencio lo envolvió todo.

_ ¿Desde... desde que naciste?

_Los alfas puros de mi familia no tenemos una segunda oportunidad si perdemos el control por completo.

Sus dedos temblaban.

_Siempre supieron que algún día la necesitaría.

Se volvió lentamente hacia Max.

Sus ojos aún conservaban un poco de lucidez.

Pero esa lucidez se estaba apagando, volviendo a sus ojos oscuros, muy dilatados, con un brillo agobiante y exasperante.

_Escúchame con atención.

Max sintió que el corazón le latía con fuerza.

_Si en algún momento dejo de reconocer tu voz...

Kang tragó con dificultad.

_...no abras esta puerta…nunca.

El omega quiso responder.

Quiso decir que encontrarían otra solución.

Pero las palabras murieron antes de salir de su boca.

Kang entró en la habitación.

La pesada puerta comenzó a cerrarse.

Justo antes de desaparecer tras el acero, sus miradas se encontraron por última vez.

Había miedo y vergüenza en su mirada, junto con una inmensa tristeza.

Entonces...

¡CLANG!

La cerradura se bloqueó.

Max permaneció inmóvil frente a la puerta.

Al principio solo escuchó respiraciones agitadas.

Después...un golpe tras otro…

El metal vibró con una fuerza aterradora.

El alfa estaba descargando toda su desesperación contra las paredes de la habitación, no intentando escapar.

Intentaba mantenerse consciente.

Intentaba evitar que sus propios instintos decidieran por él.

Max retrocedió un paso, temblando.

Sacó el teléfono y llamó nuevamente al médico de la familia.

Contestó casi de inmediato.

_Doctor... se encerró.

Hubo un breve silencio.

_ ¿En la habitación de contención?

_Sí.

El médico dejó escapar un suspiro.

_Entonces hizo exactamente lo que debía.

_Pero está destrozando todo ahí dentro.

_Lo sé.

_ ¡Tiene que haber algo que podamos hacer!

La respuesta llegó con un tono sereno, aunque cargado de pesar.

_Max... escucha con atención. Los inhibidores funcionan mientras el proceso aún no ha comenzado. Pero una vez que un alfa puro entra en rut después de reconocer a su pareja compatible, su organismo deja de responder a esos medicamentos. No es que la medicina falle; es que su biología entra en un estado que ningún tratamiento puede detener por completo. Solo queda protegerlo... y esperar a que logre atravesarlo sin hacerse daño.

Max bajó lentamente el teléfono, no quería aceptar aquella respuesta.

Del otro lado de la puerta volvió a escucharse un estruendo.

El sonido del metal retorciéndose recorrió todo el sótano.

Max apoyó una mano sobre la fría superficie de acero.

_Resiste, Kang...

Su voz apenas era un susurro.

Entonces recordó las palabras del alfa.

"No abras esta puerta."

Las horas comenzaron a pasar. Cada cierto tiempo un golpe estremecía la habitación.

Después venía el silencio.

Luego otro golpe.

Cada pausa hacía que Max imaginara el peor escenario posible.

Hasta que decidió buscar cualquier cosa que pudiera ayudar.

Entró en el despacho privado de la familia y comenzó a revisar antiguos archivadores.

Entre documentos y expedientes encontró un cuaderno con la portada completamente negra.

En la primera página estaba escrito con una caligrafía elegante:

"Registro de los alfas puros de la familia."

Lo abrió con rapidez, leyendo que en las primeras páginas hablaban de generaciones anteriores.

Uno había permanecido inconsciente durante días, durante y después de su rut.

Otro había necesitado permanecer aislado más de una semana.




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