_ ¡Kang!
La voz de Max quebró el silencio de la mansión.
Golpeó una y otra vez la pesada puerta de acero.
_ ¡Kang, respóndeme!
No hubo respuesta.
Solo un silencio tan profundo que resultaba insoportable.
_ ¡Kang!
Sus puños comenzaron a doler de tanto golpear el metal.
_ ¡Por favor!
Nada.
Ni un solo sonido provenía del interior.
El corazón de Max empezó a acelerarse.
El silencio era mucho más aterrador que los golpes de hacía unos minutos.
Se volvió bruscamente hacia el padre de Kang.
Los ojos se le habían humedecido por la impotencia.
_ ¡Tiene que existir otra opción! -exclamó con desesperación-. ¡Dígame qué hacer! ¡No podemos dejarlo ahí dentro!
El hombre permaneció inmóvil durante unos segundos.
Su expresión era grave y inexpresiva una verdad que habría preferido no pronunciar jamás.
_Sí... existe una posibilidad.
Max dio un paso al frente.
_ ¿Cuál?
El padre bajó lentamente la mirada.
_Solo un omega puro con una compatibilidad excepcional puede influir en el estado de un alfa puro durante una crisis como esta.
El omega guardó silencio.
_Los omegas puros poseen una resistencia física y una tolerancia a las feromonas muy superiores a las de un omega común. Su organismo puede permanecer consciente donde cualquier otra persona perdería el conocimiento. Esa es la razón por la que, en nuestra familia, siempre se habló de ellos como el único apoyo posible en una situación extrema.
Max sintió renacer una pequeña esperanza.
_Entonces déjeme entrar.
El padre negó con la cabeza casi de inmediato.
_No es tan sencillo.
Su voz se volvió todavía más seria.
_Que puedas soportar sus feromonas no significa que estés a salvo.
El silencio volvió a instalarse entre ambos.
_Cuando un alfa puro atraviesa una crisis de este nivel, apenas conserva momentos de lucidez. Puede desorientarse, actuar únicamente por instinto o no reconocer a quienes tiene delante durante algunos instantes.
Max tragó saliva.
_ ¿Quiere decir que... podría no reconocerme?
_Existe esa posibilidad.
Las palabras pesaron como una losa.
_Y precisamente por eso nunca permitiría que tomaras esa decisión sin comprender el riesgo que implica.
El padre levantó la vista y la fijó en los ojos del omega.
_Podrías encontrarte con un Kang muy distinto del que conoces. No con el hombre que ha aprendido a quererte... sino con alguien librando la batalla más difícil de toda su vida.
Max giró lentamente la cabeza hacia la puerta de acero.
Apoyó una mano sobre el frío metal.
Del otro lado seguía sin escucharse absolutamente nada.
_Si no hago nada... -susurró-, también podría perderlo.
El padre no respondió.
Porque, en el fondo, sabía que esa era la pregunta para la que nadie tenía una respuesta.
El padre de Kang permaneció frente a Max durante unos segundos, observándolo con una seriedad que hizo que el omega comprendiera que aquello no era una simple advertencia.
_Max... tienes que escucharme.
El omega no apartó la mirada de la puerta de acero.
_Ya lo estoy haciendo.
_No. No estás comprendiendo la gravedad de lo que estás a punto de hacer.
El hombre dio un paso hacia él.
_Kang ha estado retrasando sus períodos de rut durante demasiado tiempo.
Max finalmente lo miró.
_ ¿Retrasándolos?
_Por el trabajo. Por las responsabilidades de la familia. Por los negocios. Cada vez que su cuerpo comenzaba a mostrar los primeros síntomas, utilizaba inhibidores y se obligaba a continuar.
Su expresión se endureció.
_Un alfa puede resistir durante un tiempo. Pero el cuerpo siempre termina cobrando aquello que le negaron.
Max sintió un nudo en el estómago.
_ ¿Qué significa eso?
_Que este rut no será como los anteriores.
El silencio pareció hacerse más pesado.
_Será mucho más intenso.
Max tragó saliva.
_ ¿Cuánto más?
El padre tardó unos segundos en responder.
_Probablemente el doble.
Las palabras quedaron suspendidas en el aire.
_Su organismo ha acumulado demasiada tensión. Demasiadas feromonas retenidas, demasiados ciclos interrumpidos... y ahora, además, te ha reconocido como su pareja compatible.
El aroma a sándalo parecía haberse vuelto todavía más denso.
Max respiró profundamente y sintió cómo aquella fragancia penetraba en sus pulmones.
Era cálida y profunda.
Pero también había algo inquietante en ella.
Como si cada molécula de aquel aroma llevara consigo una advertencia.
_Mis feromonas pueden tranquilizarlo -dijo Max-.
_Sí.
El padre lo observó fijamente.
_Pero la probabilidad de que funcionen como esperas es muy baja.
Max frunció el ceño.
_ ¿Qué tan baja?
_Lo suficiente como para que no debas confiar tu vida a esa posibilidad.
Max permaneció inmóvil.
_Tus feromonas pueden reconocerlo y ayudar a estabilizarlo. Pero si su instinto ya ha tomado el control, quizá ni siquiera sea capaz de distinguir entre una amenaza y la persona que ama.
La última frase hizo que Max sintiera un escalofrío.
_Podría herirme...
_Podría hacerte mucho más que eso.
El tono del hombre no dejó espacio para dudas.
_Si entras ahí y algo sale mal, nadie podrá llegar a tiempo para ayudarte.
Max bajó la mirada.
Por unos segundos solo escuchó el zumbido lejano de las luces del sótano.
Entonces levantó nuevamente los ojos.
_Lo sé.
_Max...
_Lo sé -repitió-.
Pero ya estaba decidido.
Se dio la vuelta.
_ ¿Adónde vas?
_A prepararme.
El padre lo observó alejarse por el pasillo.
_ ¡Max!
El omega no se detuvo.
Subió las escaleras prácticamente corriendo.
La mansión parecía diferente, mucho más grande, fría y silenciosa.