.
.
***
Esa mirada, tal como el fuego. Atractiva. No podía asegurar que me gustaba más, la piromania o molestarla. Camino en su dirección mientras pruebo de mi bebida.
Será divertido.
Termino el líquido amarillento de mi vaso y lo alejo para luego estamparlo contra el suelo.
Que esto inicie.
Repaso por sobre mi chaqueta hasta el bolsillo donde puedo sentir aquel duro mango cubierto de cuero. Sonrío deliberadamente.
La deslizo suavemente hasta tenerla fuera.
Acorto más el espacio que nos distancia y la elevo lentamente para ver aquella mirada llena de confusión. Quito el seguro y posiciono mi dedo sobre el gatillo. Ambos aún permanecen sentados en aquel sillón de terciopelo blanco, el muchacho parece aterrado, ella está molesta, y yo estoy parada frente a ellos apuntando el arma. Vaya escena.
Un simple movimiento lo quitará de mi camino.
Aprieto y aquella bala sale disparada directamente a su cabeza. Atraviesa su cráneo y la sangre se expulsa con fuerza.
Su cuerpo no tarda en desplomarse.
En fin, sin arrepentimientos.
Bajo el arma y sonrío a la persona a su lado. La linda Catalina Heller. Su blanca piel está adornada por salpicaduras de sangre.
Se ve bien así.
Doy la vuelta satisfecha.
— Que tenga una dulce noche señorita Heller —unos pasos antes de salir de la habitación paro para poder informarle lo suficiente—. A su padre le han disgustado sus elecciones actuales.
Espero un poco más por su respuesta.
—¡¿Y tú qué?! —bramó—. ¡Esto debe importarte una mierda!
Lo que esperaba. Tan linda como siempre.
— Lo hace querida. Me importa una mierda —respondo mientras giro a verla, se ha levantado—, pero es tan lindo verte molesta —curvo mis labios en una sonrisa—. Nos vemos —retrocedo aún mirándola mientras con mi mano simuló un beso al aire.
Por fin, en la puerta, abro, rio y salgo dando un portazo.
Tal como su padre, son divertidos para estas situaciones.
Miro frente a mí a uno de los encargados del lugar, quien baja la mirada al percatarse de mi atención.
— Fue la señorita Heller. Se sentía algo abrumada —explico restándole importancia—, cedió ante el impulso. Ya sabes, cosa de familia —finalizo con simpatía.
El asiente y gira para retirarse.
Ensancho mi sonrisa con suficiencia. Los Heller han sido tan volátiles que pueden resultarme de ayuda. Aún sigue siendo agradable trabajar para ellos, a pesar de sus claros problemas mentales.
.
***
.
.
Está fue una práctica un poco impulsiva, pero mejor editada que otras. Quise probar con un escenario desde el punto de vista de una "sicaria".
No está mal, pero bien podría mejorar.
Le puse Heller por la familia para la que trabaja, ya que no se me ocurrió alguna otra forma de ponerle.
En fin, gracias por leer.
.
.
.