Mientras almorzaba apurada, solo pensaba en resolver problemas de índole laboral, con el ceño fruncido y una angustia que me carcomía las entrañas.
El hilo musical de fondo de la canción No Basta del gran cantautor venezolano Franco de Vita, me hizo pensar brevemente en mis hijos y mi amado esposo, a los cuales les debía dedicar más tiempo no cabía duda alguna.
Por un momento me imaginé con mi amada familia en una playa paradisíaca disfrutando unas maravillosas vacaciones…, por un instante pude recrear en mi mente ese olor a mar y a coco que tanto me fascinaba.
Mis hijos especialmente me pedían a gritos que me tomara un descanso y los atendiera con amor, últimamente el negocio me ocupaba tanto que al llegar a casa los encontraba casi dormidos y lo único que recibían de mí eran besos en las mejillas y un frío: "hasta mañana" acompañado de una mueca de sonrisa.
Pero nuevamente, la infinidad de cuentas por pagar, deberes y ocupaciones se deslizaron por mi mente trastornando mi alma y mi familia quedó relegada nuevamente a un rincón olvidado.
La sociedad me había llevado a este callejón sin salida, trabajar para poder pagar, midiendo despiadadamente el éxito en moneda.
Todas las instituciones se prosternaban ante el dinero…, buscándolo con ansias bajo cualquier forma y pretexto.
Brevemente pude ver en el espejo contiguo del lujoso restaurante en que casualmente me encontraba engullendo mi comida sin saborearla para continuar laborando, el reflejo de aquella mujer adulta en que me había convertido, tan apegada al mundo material, tan llena de dudas y hasta cierto punto perfeccionista pero insatisfecha.
Lucía en apariencia acomodada, maquillada y con los últimos accesorios a la moda, la mejor ropa y bien calzada.
Y mis preocupaciones…, mis dolores del alma…, penas que nadie podía ver y mucho menos sentir, estaban cubiertos tras mi impecable rostro y cuerpo que cual máscara hacía gala de su mejor sonrisa y porte erguido, pero totalmente desarticulados de mi realidad existencial.
Pero mi alma tan harta de la hipocresía pactó secretamente con cada molécula de mi corazón atribulado, la idea era acabar con mi ego que anhelaba eternizar la farsa de mi vida “maravillosamente exitosa”, evaporándose a través de los poros de mi piel.
Para la sorpresa de mi ego, repentinamente mi alma se diseminó elevándose más allá del mundo materialmente conocido.
En este lugar las emociones se asemejan al suave oleaje de un mar tranquilo, ¡dispersas, dispersass.., dispersasss…!, partículas libres del tinte emocional humano, sin embargo tenuemente existiendo como el arrebol de un crepúsculo vespertino moribundo, pero libres del concepto de temporalidad; la verdad intento lo imposible: Explicar mi nueva existencia en términos humanos, humanidad donde ese concentrado de emociones álmicas es prisionera de los límites impuesto por la carne perecedera.
Antes de perder el último vestigio de mi conciencia, reminiscencias de mi anterior condición humana recuerdo haber escuchado:
—¡Dios mío, Dios mío, esta mujer, esta mujer, cayó desplomada llamen al 911!, ¡auxilio!…
—La señora Gabriela, la exitosa dueña de las peluquerías "Bella por Siempre", lamentablemente ha fallecido, quien diría que hoy moriría repentinamente — mi rostro y cuerpo exánime ahora reposaban en el suelo ante la mirada impotente y atónita de los otros comensales.
Contemplé por última vez desapasionadamente sintiendo sin embargo, una difusa nostalgia, aquellos ojos vacíos, aquel cuerpo y aquella vida que una vez interpreté como Gabriela Bozo, la empresaria de las peluquerías "Bella por Siempre", pero sobre todo la madre, la esposa y la hija que una vez fui…