¿Alguna vez nos hemos puesto a pensar en el dolor mental del humano, o al menos dándole la misma relevancia que el dolor animal?, porque aunque no queramos aceptar ambos tienen un mismo dolor, un dolor silencioso, apagado, sin banderas de colores que avisen que sucede en la cabeza del ser vivo.Si en la sociedad hablamos del problema mental que tienen las personas , simplemente soltaron , algunos, una risa burlona, soltando las tres palabras más mediocres que la persona pudo crear como respuesta “eso no existe”.
El dolor mental que experimenta el ser humano es tan frágil, tan delicado, que ni siquiera el mejor doctor está exento de una recaída…¿Deberíamos entonces depender de antidepresivos, de alguna droga que nos mantenga cuerdos, que nos impida caer en ese abismo oscuro donde la oscuridad parece acariciar cada parte de nuestro cuerpo?. Es como estar sumergido bajo el agua, sintiendo la presión, el miedo de ser tragado por completo por las profundidades y cuando a todo ese desmoronamiento mental le sumamos una ruptura amorosa, ¿cómo reacciona nuestro cerebro? ¿cuál sería su respuesta?, tal vez, esas aguas finalmente nos hundan por completo… y ya no tengamos motivos siquiera para intentar nadar a la superficie.
Entonces, podríamos quedarnos con la idea que el tiempo no curara las heridas, menos las heridas mentales…