Broken Soul- El peso de sentir

CAPITULO 2

La vida a veces puede sentirse como un pañuelo, o quizá el mundo entero lo sea, y en esa ciudad, más que en cualquier otra, esa sensación se volvía inevitable. Lake Placid no era pequeña del todo… o tal vez sí; o quizá simplemente sus habitantes eran tan pocos que los encuentros parecían escritos de antemano, las mismas personas, los mismos lugares, las mismas miradas que se repetían como si el destino se empeñara en cruzar caminos una y otra vez. A veces Ciel pensaba que no era el tamaño del lugar lo que acercaba a las personas, sino algo más extraño, casi invisible: esa vieja fantasía del hilo rojo, ese lazo silencioso que según dicen, une a quienes están destinados a encontrarse, incluso cuando no quieren.

En Lake Placid todo parecía tranquilo, algún que otro disturbio surgía de vez en cuando, pero nunca lo suficiente como para romper la calma del lugar, era una ciudad donde los niños aún podían salir en bicicleta, caminar juntos después de la escuela y reencontrarse sin miedo, aunque la tecnología ya comenzaba a cambiar a los niños de ahora, todavía quedaban algunos que sabían disfrutar de lo simple mirar el atardecer, sentir el aire fresco rozar la piel, dejarse envolver por ese clima sereno que parecía eterno. Una tranquilidad inmensa, casi engañosa.

Pero incluso en medio de tanta calma, el momento tormentoso llegó para Ciel, tenía dieciocho años cuando su madre decidió, sin demasiadas explicaciones, que debía empezar a trabajar, no chocaba con sus clases, así que, en teoría, todo estaba bien estudiaría por las mañanas y trabajaría por las tardes, ¿Dónde? En un restaurante, como mesera, Ciel ya estaba preparada para eso, o al menos eso creía, así que simplemente aceptó. Sin embargo, los nervios llegaron apenas bajó del auto, su madre la dejó frente al lugar, le deseó suerte y se marchó, Ciel jamás imaginó que ese simple “ten suerte” marcaría tanto.

El restaurante era grande; más que un local común, parecía una enorme cabaña de madera, eran alrededor de las tres de la tarde, todavía había luz natural, pero las luces exteriores ya estaban encendidas, brillando sin una razón clara, como si siempre esperaran a alguien. Un escalofrío le recorrió el cuerpo, al voltear, se encontró con una vista impresionante trabajaría en una cabaña junto a la laguna, y no cualquier laguna, sino Mirror Lake, desde ahí, el paisaje era tan espectacular que bastaba mirarlo a lo lejos para sentirse pequeña, respiró hondo y continuó caminando, entrando al lugar.

Llevaba el cabello recogido, unos pantalones negros y una camiseta blanca; era lo único que le habían pedido vestir, la mochila colgaba de uno de sus hombros, al llegar, notó que estaban acomodando las mesas; al parecer, aún no comenzaban a atender. Observó cómo se movían con coordinación, como si todos supieran exactamente qué hacer, eran un equipo, sintió varias miradas posarse sobre ella, evaluándola en silencio, entonces, entre el murmullo del lugar, escuchó una voz chillona que rompió la calma.

  • Oh, tú debes ser Ciel. tu madre me habló de ti —dijo mientras caminaba hacia ella, secándose las manos en el mandil mientras se ponía al frente— Te pareces mucho a ella.

A Ciel nunca le había agradado que le dijeran eso, algo en esa comparación siempre le incomodaba, como si la redujeran a un reflejo que no había pedido ser, aun así, esbozó una sonrisa leve, un gesto educado, un poco forzado. La mujer era mayor, se le notaba el cansancio en el cuerpo y en los movimientos pausados; su cabello castaño, ya perdiendo su color natural, dejaba entrever los años que habían pasado. Sin embargo, había en ella una fortaleza difícil de ignorar, sonreía con calidez, tenía los ojos azules y la piel blanca, y aun con el paso del tiempo, conservaba una belleza serena, de esas que no dependen de la juventud sino de la presencia, parecía el tipo de persona que había visto mucho, vivido demasiado… y aun así seguía de pie.

— Sí, soy yo. Un gusto… su nombre es… —dijo, estirando la mano con cierta timidez.

— Aurora, ven, te explicaré cómo se trabaja aquí, no es tan difícil —respondió la mujer, tomando la mano de Ciel y tirando de ella con naturalidad, llevándola hacia la barra— Aquí se recogen los pedidos y aquí está la caja.

Ciel prestaba atención a todo, observaba cada detalle con cuidado, intentando memorizarlo, Aurora hablaba rápido, con la seguridad de quien domina el lugar, pero aun así resultaba fácil de entender, al fondo se veía la gran cocina, amplia y luminosa, donde algunos empleados limpiaban y ordenaban, preparándose para el inicio del turno.

De pronto, Aurora la giró suavemente y llamó a todo el personal con un grito que no sonó autoritario, sino más bien como un aviso familiar, uno a uno comenzó a acercarse, riendo, bromeando entre ellos, la confianza que compartían era evidente, casi parecían una familia más que compañeros de trabajo. Se acomodaron formando una especie de media luna frente a Ciel y a Aurora, ella los miró a todos, sintiendo cómo los nervios le recorrían el cuerpo, y esbozó una sonrisa pequeña, tímida, intentando ocultar la inquietud que le apretaba el pecho.

— Ella es Ciel, Ciel Lawson —anunció Aurora, sonriendo mientras miraba a todos— Espero que la traten bien, nos ayudará atendiendo a los clientes.

— Espero poder ayudarlos y no retrasar su trabajo —añadió Ciel con voz suave, intentando sonar segura.

Todos la observaron con atención, pero no hubo incomodidad, cada uno parecía tener claro su rol, tres se encargaban de atender las mesas; antes habían sido cuatro, pero una se había retirado y otro aún no llegaba, dos limpiaban y acomodaban el lugar, uno permanecía en la caja, y tres más trabajaban en la cocina junto a Aurora, moviéndose con rapidez y coordinación. Casi al mismo tiempo, como si ya lo hubieran ensayado, todos le dieron la bienvenida, aquella respuesta sencilla, cálida y sincera hizo que Ciel soltara un poco la tensión que llevaba encima, por primera vez desde que había llegado, sintió que tal vez ese lugar podría convertirse en algo más que un simple trabajo.



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En el texto hay: romance, depresión, enemistolover

Editado: 05.02.2026

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