Browbeater (intimidante)

Capítulo 4

Nunca, ni siquiera en sueños, Noah Styles se habría imaginado semejante reacción de Saul Clifford tras el embarazoso accidente en que se vieron involucrados. Y es que Saul, después de haberse levantado, y ayudado a él a incorporarse, no hizo otra cosa que tomar la bandeja con alimentos de la barra y sostenerlo firmemente de la muñeca para luego guiarlo a la terraza a espaldas de la biblioteca.

Noah, a pesar de estar aún aturdido por los hechos, se dejó arrastrar, convenciéndose a sí mismo de que recibiría la paliza de su vida a manos del prodigio, arrogante y narcisista Saul Clifford. Y casi lo deseó de esa manera, por fin Saul se alejaría, y él estaría un poco más tranquilo, sabiendo que no tenía que dar más excusas tontas y mentiras tan burdas y falaces.

Por eso, cuando llegaron a la zona intermedia que yacía oculta tras varios árboles de cerezo, Noah cerró los ojos, se preparó mentalmente para recibir la lluvia de golpes, y se dijo que tendría que aguantar hasta el final, que no era la primera vez que alguien le asestaba un buen golpe, y tampoco la última.

—¿Te vas a quedar allí todo el tiempo?

La voz desprovista de sentimiento alguno terminó por devolverlo a la realidad. Lentamente abrió los ojos y se viró hacia la mesa que Saul acababa de ocupar, distribuyendo equitativamente los alimentos sobre la misma y aguardando por su presencia.

Y Noah se sintió repentinamente estúpido. Pero no lo demostró, y en cambio fue a sentarse, algo incómodo, cohibido y escéptico.

—Quítate el gorro. —más que petición, sonó como una orden.

Exigencia que Noah no desestimó, dado que no quería seguir tentando su suerte. Así que se quitó la prenda oscura de la cabeza, las gafas habían quedado rezagadas en algún lugar de la cafetería y sabía que no tenía caso ir a buscarlas ahora.

Su rebelde y medianamente larga melena rubia quedo al descubierto y Noah se sintió extraño sin las dos prendas de relevancia que había estado usando el último mes.

—¡Fue un accidente! Te lo juro. —se justificó, sospechando que Saul  pretendiera vengarse de alguna manera.

Sin embargo, Saul asintió, restándole importancia a lo recién dicho, extendiéndole una manzana y la mitad de su emparedado que Noah no tardó en engullir, más por nervios que por hambre. Era la primera vez que comía con otro estudiante, y que encima fuera Saul Clifford, parecía una utopía digna de algún cuento de hadas.

—¿Tus amigos? —inquirió Saul al cabo de unos minutos, había esperado a que Noah terminara la manzana para poder exponer sus dudas.

—¿Amigos? —Noah quiso reír ante la frase.

Por un segundo, tuvo el repentino impulso de decirle todo, de contarle como habían sido las primeras semanas de su llegada al colegio, el cómo se había hecho amigo de una chica muy tímida, nerviosa y rara, un chico inteligente, pero algo flojo, y sobre todas las cosas, deseó contarle sobre su mejor amiga Cora Duff, y quien no había vuelto a dirigirle la palabra de un día para otro.

Ansiaba relatarle cómo fue que la clase entera se puso en su contra de la noche a la mañana y cómo fue su exclusión de todas y cada una de las amistades que había hecho...pero no pudo, porque al intentar pronunciar palabra, un grueso nudo atravesó su garganta, obligándole a callar, a mantener su sufrimiento en secreto.

—¿No tienes amigos? —el semblante circunspecto mutó a uno de incertidumbre cuando Noah negó en desaprobación.

Saul chasqueó la boca, el regusto del beso que aún cosquilleaba, se había grabado a fuego en su memoria.

Y el fuego crecía y crecía, extendiéndose por todo su cuerpo cada vez que intentaba hacer contacto visual con Noah.

Joder, era guapísimo el maldito.

Y pensar que se disfrazaba de aquella forma tan ridícula, no hacía más que reafirmar sus conjeturas respecto a lo extraño e idiota que era.

—¿Qué harás después de clases?

De acuerdo, estaba siendo impulsivo. La arrogancia atrofiaba sus neuronas, y el orgullo pregonaba por tomar control de la situación, al grado de querer volver a verlo, en un ambiente más ameno de ser preciso.

Noah pestañeó, se hizo de su gorro una vez más y, al oír las risas a sus espaldas, sus alarmas internas se encendieron, advirtiéndole de un posible nuevo peligro.

—¿Cuánto...? —preguntó en un hilillo de voz, mirando incriminatoriamente a su interlocutor, quien no hizo más que mostrarse genuinamente confundido por el cambio abrupto de la conversación. —¿Cuánto te pagaron por salir conmigo? ¿Qué te ofrecieron?

A Saul le tomó un par de minutos razonar en los señalamientos, y fue muy tarde para tratar de aclarar tan nimio malentendido, porque, para entonces, Noah ya se había ido corriendo.

***

Estaba agitado, sudoroso y cansado. La clase de gimnasia se había extendido media hora más debido al retraso del profesor de deportes. No era usual que Macario Goni se ausentara a una sola de las prácticas en la cancha de entrenamiento, pero esta vez había sido la excepción.

Cuando la campana anunció el término de hora, Noah pudo respirar más tranquilamente. Como era de esperarse, nadie lo había escogido para figurar en ninguno de los dos equipos de baloncesto, y dado que tenía que efectuar una actividad, se había visto forzado a correr tras la pelota cada vez que esta salía de la línea delimitante de la cancha, devolviéndola después a su lugar correspondiente.




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