Browbeater (intimidante)

Capítulo 25

Cuando ingresó a la sala de chat, la lista de usuarios conectados se desplegó automáticamente en la pantalla. Atento, Tareck repasó uno a uno los nombres, sonriendo para sus adentros al ubicar a Noah entre ellos.

Oh, grata satisfacción.

Era la vigésima vez del día que revisaba y actualizaba la página. Ya habían transcurrido diez días desde que se hubo aislado a orillas de la ciudad, en un modesto apartamento que le permitía vivir en la comodidad del anonimato. La policía seguiría buscándolo hasta entonces, pero no importaba. Nada más importaba ya.

Pronto todo terminaría. En poco tiempo dejaría de ocultarse.

Había creado una cuenta alternativa. Pese a haber hackeado la de Noah, sabía que esta última no le sería más de utilidad. La contraseña del rubio seguía siendo la misma, y, hasta cierto punto, Tareck había dudado de que su plan tendría éxito. Podría haberse hecho con el número telefónico, pero sería más complicado cubrir sus propias huellas más adelante, cuando el momento lo ameritara.

"Hola, Noah" escribió el mensaje, dudando por escasos segundos antes de enviarlo.

Lastimosamente, Noah tenía que morir.

***

Noah apenas tuvo tiempo de pestañear al ver a Paul pasar cautelosamente a su lado, sujetándose el cabestrillo del brazo. Lo vio de soslayo tomar un par de libretas de uno de los casilleros antes de que Paul saliera corriendo.

Seguían repeliéndolo.

Todos lo hacían, pero en esta ocasión era diferente. Y si bien antes lo amedrentaban, ahora más bien pareciera que huían de su presencia. No lo repelían por disgusto o desprecio, sino más bien por miedo.

Era ridículo. Carecía totalmente de sentido. Y, sin embargo, así era. Noah lo venía notando desde varios días atrás. Había pasado de ser molestado y golpeado, a ser rotundamente ignorado por todos.

Las cosas eran mejor así ¿cierto?

Viró el cuerpo hacia el frente y tomó su bento del almuerzo. Hoy no comería en la cafetería.

El resto del día, Noah presenció algunas situaciones que rayaban entre lo absurdo y alarmante. Varios de sus compañeros habían faltado en días pasados a causa de una extraña gripa que se había propagado. O al menos eso habían anunciado los profesores. Lo cierto era que la ingenuidad de Noah lo había orillado a tragarse la mentira, hasta ese momento.

Primero fueron Cora y Zoe. Ambas caminaban a la par de la otra. Llevaban gafas de sol. Y Noah no necesitó ser adivino para saber la causa. Tenían los párpados hinchados, ya fuera por haber estado llorado previamente, o por haber sido golpeadas.

Pero la cosa no acababa allí, ni de lejos, Nahar seguía sin presentarse, lo mismo que Thalía. Sven se había enclaustrado en sí mismo. De vez en cuando salía a los jardines para pintar algo en su cuaderno de dibujo, pero nadie lo había oído pronunciar una sola palabra. Era como si hubiera hecho un voto de silencio, o como si le hubieran amenazado por algo.

El último, pero no menos importante, era Caleb. Noah se lo había topado algunas ocasiones en el lavabo, devolviendo el estómago. Al principio había creído que se encontraba enfermo, pero resultaba incoherente que una enfermedad estomacal durara más de una semana. Lo que le había llevado a pensar que Caleb vomitaba por voluntad propia, se inducía a sí mismo el vómito.

Pero ¿Por qué?

Noah había empezado a sospechar que era por la misma razón que provocaba aquellas miradas de tristeza en el resto de sus compañeros.

***

—No lo entiendo. —fue hasta más tarde, cuando se hubo reunido con Saul en el receso, que Noah probó a indagar una vez más al respecto—. Es como cuando tienes un mal día, pero a ellos les está ocurriendo a diario.

Saul, sin evidenciar expresión alguna, lo alentó con un simple ademán a que terminara la comida.

—Deben tener sus razones. —hizo una pausa y bebió de su jugo—. O quizá sea el karma. —sentenció seriamente.

Noah arrugó la nariz.

—Pero no tiene sentido. Y siento que es mi culpa, pero no sé por qué.

Un poco más exasperado por la reiteración de la plática, Saul suspiró.

—Déjalo ya, Noah. Todo volverá a la normalidad tarde que temprano. Hay cosas más importantes ahora.

Alzando una ceja, Noah se aventuró a preguntar.

—¿Cómo qué?

—Como estar alertas por si alguien aparece. —Saul remarcó lo último, a sabiendas de que Noah comprendería a quién se refería. Y así fue, la expresión del rubio demudó a una de preocupación.

—Tareck Lennox.

Saul asintió pausadamente antes de tomarlo de las manos.

—La policía está haciendo su trabajo, solo no debemos bajar la guardia, Noah.

—Sabes, a  veces siento que todo fue una pesadilla. —dejó el cartón de leche a un lado y miró a Saul a los ojos—. Y siento que no ha terminado.

Saul le acarició suavemente los nudillos. Tenía una y mil cosas en mente que no se atrevía a expresar todavía.




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