Bug Travel

Capitulo 2

Capítulo 2

La luz brillante desaparece, y el shock cegador se desvanece con ella.

Los presentes no saben cómo reaccionar al ver al intruso caminar hacia el centro del lugar con una pistola plateada en sus manos.

El hombre se detiene y fija su mirada en Nathaly. Ella se levanta lentamente, luchando contra el miedo que intenta paralizarla.

La mano del intruso tiembla, sus ojos brillan con lágrimas que escapan sin permiso. De repente, todo cae en silencio.

Nathaly se desploma al suelo; su hombro sangra sin control.

Los presentes salen huyendo, gritando y derribando todo a su paso.

El intruso suspira, aprieta los dientes y, con los ojos encendidos de furia, comienza a disparar. El lugar se llena de gritos que se apagan con cada detonación. Papeles vuelan y las computadoras se tiñen con el eco de la violencia.

Darrell llega junto con cuatro guardias del complejo.

El intruso se detiene al verlos; su expresión desborda ira.

Darrell corre rápidamente hacia Nathaly, asustado al verla sangrar, e intenta detener la hemorragia.

El hombre apunta su arma a uno de los guardias, provocando que todos disparen. Pero los proyectiles, lejos de impactar, son repelidos y se desvían en todas direcciones, causando la muerte de dos guardias.

Los otros dos deciden huir, pero las balas del intruso los alcanzan, abriéndoles el pecho.

Con un salto casi inhumano, el intruso llega a la puerta, evitando que los pocos sobrevivientes escapen, y comienza a masacrarlos. Su arma parece tener balas infinitas.

El portal se activa de nuevo, acompañado de un leve sismo que hace temblar la cueva. La misma luz azulada aparece, y el intruso dispara contra el portal.

Pero un disparo emerge de este, impactándole en el pecho y dejándolo paralizado. Aun así, grita:
—¡Nos matarás a todos!

De la luz surge una chica que corre hacia Nathaly.

Darrell, impotente, solo alcanza a decir:
—Por favor, ayúdala.

Nathaly se desmaya.

La mujer misteriosa saca una pequeña caja negra. De ella emergen cuatro agujas de cinco centímetros de largo, que sin titubear clava en la herida de Nathaly, deteniendo la hemorragia casi al instante y devolviéndole la conciencia.

—Ayúdame a levantarla —le dice la chica a Darrell.

Mientras la llevan hacia la salida, Nathaly pregunta con cansancio y confusión:
—¿Qué mierda está pasando?

El intruso levanta la mano, apunta y dispara, atravesando la frente de Darrell. Este cae al suelo como un trapo.

La chica, apretando los dientes y llena de furia, dispara contra el intruso, no para matarlo, sino para inmovilizarlo.

Nathaly comienza a llorar, aunque no tiene fuerzas ni siquiera para hacerlo.

Con rapidez y dolor, ambas llegan al tren. La princesa, por el altavoz, les dice con preocupación y tristeza:
—Sujetense a algo, el tren irá a cinco veces su velocidad normal.

Ambas se dirigen a la parte trasera, y el tren acelera a fondo hasta volverse supersónico.

Mientras tanto, el intruso no puede mover ni siquiera la boca.

El reactor nuclear transfiere su energía en segundos a la superficie. Del suelo emergen dos placas cóncavas de plomo y concreto que encapsulan el reactor ya apagado.

De repente, la única entrada comienza a cerrarse con una puerta de acero de medio metro de grosor. Al sellarse el lugar, varias explosiones hacen colapsar el techo de la cueva, provocando la caída de gigantescas rocas que destruyen todo y aterrorizan al intruso.

Al llegar al destino, rápidamente suben al elevador, que las lleva a la superficie a gran velocidad mientras escuchan más explosiones bajo ellas.

En un instante llegan al palacio, donde el personal médico se lleva a Nathaly. La princesa se acerca mientras la transportan en la camilla y, casi llorando, y apretando su vestido con sus pequeños puños le dice:
—No te preocupes, sanarás rápido.

Elizabeth suspira y, con seriedad, grita:
—¡Guardias!

Al instante llegan decenas de soldados armados con rifles de asalto.

Todos rodean a la princesa y a la chica extraña, esperando órdenes. La chica se mantiene quieta, pero impaciente.

La princesa apunta con su pequeño dedo índice hacia la chica, provocando que todos los soldados la encaren con sus armas.

Con elegancia, ira y una voz que casi se quiebra, la princesa Elizabeth exclama con fuerza:
—¡Dinos qué mierda está pasando ahora mismo, ya!

La chica baja la mirada unos segundos y, sin levantarla, responde con seriedad:
—Lila, veinticinco años, nacida diez años en el futuro, y soldado al servicio de la humanidad.

Los soldados quedan confundidos y se miran entre ellos.

La princesa, temblando, pregunta con miedo:
—¿Con qué propósito has venido?

Lila la mira y, sin rodeos, exclama:
—Mi propósito es evitar la destrucción del planeta.




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