Bug Travel

Capitulo 5

Capítulo 5

Dmitry se levanta, inhala y exhala. Su respiración se tranquiliza y su postura regresa a su habitual arrogancia. Con esa misma actitud le dice a Lila y Elizabeth:
—Me imagino que la información de esos rebeldes no será gratis, ¿verdad?

Lila se queda callada, sin entender nada. Elizabeth toma la palabra y, con confianza y una arrogancia más tierna que desafiante, le contesta:
—Tú me enseñaste a jugar con mis cartas, así que, para honrarte, lo haré.

Dmitry sonríe, quizá con gracia o con orgullo.

Lila, enojada, aprieta los puños y exclama elevando el tono:
—¡Esto no es un juego! Tenemos menos de un año para…

Detiene su regaño al ser callada por Elizabeth, quien solamente le pone la mano cerca de la cara.

Dmitry, de forma despreocupada, pregunta:
—¿Qué quieres, niñita?

La princesa suspira y, casi con autoridad, responde:
—Tus veinte baterías nucleares, la magnetita y el uso total de todos tus Bug Travel. A cambio, te daré toda la información del Bug Travel de Marte y Lila te dará toda la información de la rebelión, para que puedas sentirte el héroe de la humanidad.

Nathaly solo agacha la cabeza, suspirando con fuerza.

Lila se queda expectante de lo que pueda pasar.

Dmitry ríe levemente y acaricia una vez más la cabeza de Elizabeth para luego decir, con tono burlón:
—Poco a poco estás dejando de ser una niña miedosa. Tendrás lo que quieres, tan pronto yo tenga lo mío.

Elizabeth retrocede un paso y, con leve preocupación, pregunta:
—Quieres algo más, ¿verdad?

Dmitry, con seriedad, responde extendiendo su mano hacia la princesa:
—Alaska y Canadá.

Ella suspira y, sin titubear, estrecha su mano. Todos los demás guardan silencio, preguntándose qué pasará.

El soldado encapuchado le entrega la tablet que llevaba en la mano.

Nathaly cruza los brazos y voltea a otro lado.

Mientras tanto, el intruso camina por una base militar. A diestra y siniestra, los cuerpos destrozados de los soldados yacen tirados en el suelo con expresiones congeladas de dolor y su sangre pintando todo el lugar.

El hombre, con seriedad y cansancio, instala unos extraños artefactos electrónicos en las alas de un avión Supermarine Spitfire nuevo.

Estos artefactos, de forma rectangular, tienen varias luces intermitentes y su estructura termina en un cañón con un diámetro de cincuenta centímetros.

Arranca el avión con tal destreza que parece profesional, sabiendo qué botones y palancas tocar, y lo despega con gran perfección.

De regreso en Rusia, Dmitry atraviesa el Bug Travel de la base y, segundos después, salen del portal decenas de soldados llevando cajas con la magnetita, las baterías nucleares y demás artefactos pedidos por la princesa.

Elizabeth, con seriedad entristecida, les dice a los soldados que lleven la magnetita a un cuarto separado del que están usando Nathaly y Lila. Seguido a eso, sin mediar palabras con ellas, toma seis baterías nucleares y camina hacia el cuarto cabizbaja.

En su corto recorrido deja caer varias lágrimas al suelo. Nathaly camina hacia ella preocupada, pero el soldado encapuchado le bloquea el camino con el brazo, diciéndole con tono serio y bajo:
—Déjala.

La princesa Elizabeth cierra la puerta de un azote. Lila rodea al encapuchado y, al estar cerca de abrir la puerta, escucha un llanto. Un llanto con un sentimiento que ella siente conocer mejor que nadie.

Nathaly y el hombre solo la ven, esperando que haga algo.

Ella da media vuelta, toma a Nathaly de la mano y juntas se van al otro lado del hangar.

Un soldado ruso les entrega una tablet a cada una y Lila empieza a diseñar algo.

Nathaly frunce el ceño, preguntando con el tono muy elevado y apretando con fuerza la tablet en sus manos:
—Sería de ayuda que me dijeras qué vamos a hacer.

Lila se frustra levemente y, casi con ira, responde:
—¿Que no recuerdas la maq…?

Nathaly, confundida, no sabe cómo responder.

El rostro de Lila ilustra tristeza y, con seriedad en su voz, continúa:
—Perdón, te confundí —suspira, aligerando su voz—. Quiero que me ayudes a hacer algo que en el futuro no logramos a tiempo.

Nathaly, aún más confundida pero con más claridad, pregunta:
—Y si no lo pudieron hacer en el futuro, ¿por qué nosotras podríamos?

Lila, con una leve sonrisa y una lágrima que se cuela por su mejilla, exclama mientras levanta una batería nuclear:
—Porque nosotros no teníamos esto.

El soldado encapuchado se sienta en una silla junto a la puerta, sin interrumpir el llanto de la princesa. Sin decir nada, sin hacer ruido, solo la escucha llorar mientras ve el techo, sin quitarse los lentes ni el tapabocas táctico.

Las chicas juntan sus tablets y Lila activa la función de holograma azul brillante, mostrándole la estructura de un arma similar a un Anzio 20mm, pero del doble de grosor y longitud.

Con unos simples toques a la tablet, el holograma se separa en partes, mostrando su interior lleno de circuitos y tarjetas en su mayoría.

Nathaly, con curiosidad y miedo, pregunta:
—¿Estás segura de que esto tendrá la potencia suficiente?

Lila le responde con una sonrisa confiada, acompañada de la piel de sus brazos erizándose:
—Esto fue diseñado para apagar una central nuclear masiva de un solo disparo.

Nathaly sonríe y, con la respiración agitada, exclama:
—Está bien, confiaré en ti. Todo sea por cambiar el futuro.

Lila asiente sonriente y empiezan a diseñar el arma juntas.

Nathaly agrega ritmo poniendo Take on Me de a-ha.

Con movimientos de manos casi hipnotizantes, quitan y agregan partes al holograma para aumentar la potencia sin perder control y precisión.

Algunos de los soldados rusos que patrullan dentro y fuera del hangar mueven sus cabezas y pies al ritmo de la música.

Al realizar la simulación, el prototipo explota, mostrando las fallas en el sistema de regulación de potencia, habiendo lanzado tanta energía que la batería estalló.




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