Capítulo 6
Los días pasan en un pestañeo. Lila y Nathaly ya han empezado a armar el arma; entre desvelos y pruebas que terminan en errores han logrado completarla en más del 90%.
Elizabeth no ha salido del cuarto en ningún momento. El sonido de las herramientas no cesa en todo el día. El soldado encapuchado le lleva sin falta las tres comidas y ella solo abre la puerta para recibirlas.
Las tazas de café a medio tomar llenan varias mesas. El olor a circuitos quemados y comida instantánea impregna el hangar, mientras la calefacción mantiene a todos calientes pese a la tormenta afuera.
Los soldados rusos se encargan de limpiar como mayordomos o niñeras. No se les ve quejarse; al contrario, parecen pasarla bien y reír, aunque nadie entiende de qué hablan.
La playlist de Nathaly sigue sonando con fuerza. Termina Cherry Cherry Lady y empieza Brother Louie.
Lila trabaja al ritmo de la música y, con emoción, exclama:
—¡Esta música es increíble!
Nathaly, con curiosidad, pregunta:
—¿Qué música escuchan en el futuro?
Lila se detiene, finge una sonrisa y responde:
—La música estuvo prohibida en el régimen comunista, y ese régimen cayó hace apenas tres meses.
Nathaly, con temblor en la voz, dice:
—Perdón… debió ser horrible vivir todo eso.
Lila, despreocupada, regresa a su alegría anterior:
—No importa. Ese futuro ya no existirá. Ahora que Dmitry tiene toda la información, esos dictadores no llegarán al poder.
Nathaly hace una mueca de sonrisa y, con empatía, responde:
—Sí, es verdad.
Lila cambia de tema rápidamente, tomando la tablet de Nathaly con curiosidad:
—Esta música es muy buena, ¿de qué año es?
Nathaly, despreocupada, contesta:
—1986.
Lila queda en pausa por unos instantes y, confundida, pregunta:
—¿Por qué escuchas música de más de cien años?
Nathaly responde con igual confusión:
—Es que, por ahora, es la única música que tenemos… ¿No… no sabes sobre la Tercera Guerra Mundial?
Lila, incrédula, niega lentamente con la cabeza.
Nathaly suspira y empieza a contar con seriedad:
—En el año 2030, cuando la mayoría de países eran democráticos, la izquierda comunista tomó el poder en América, Europa, África y Medio Oriente.
—Lo mismo que pasó en Marte —exclama Lila con seriedad.
Nathaly continúa:
—La izquierda permitió al Islam llegar al poder, y pasó lo que era inevitable: empezaron a perseguir y matar a todo aquel que no se convirtiera a su fe.
Lila, asustada, guarda silencio.
Nathaly cambia su tono, intentando ser positiva:
—No te preocupes. Aunque la guerra tardó veintidós años, todo salió bien. China, Japón y las Coreas se aliaron y ayudaron a liberar al mundo, aunque se perdió toda la información que estaba en internet y casi todos los avances del siglo.
Lila suelta un suspiro y le sonríe.
De pronto, la princesa sale del cuarto y tira un bolso militar sobre la mesa. Con seriedad les dice:
—Si hubiéramos actuado a tiempo, no habrían muerto seis mil millones de personas en esa guerra. Ahora no debemos cometer el mismo error.
Nathaly desvía el tema, preguntando con incredulidad:
—¿Qué traes allí?
La princesa abre el bolso y empieza a sacar, uno por uno, varios rifles Winchester de doble cañón y unas cajas con munición azul y otras con munición roja.
Ella exclama con seriedad y una mirada rojiza provocada por tanto llanto:
—Su traje repele las balas magnéticamente. Esta munición roja tiene carga negativa y la azul carga positiva. Modifiqué las armas para que tuvieran un gatillo para cada cañón. Así podremos estar en ventaja.
Lila frunce el ceño, golpea la mesa y, con tono molesto, dice:
—No vamos a matarlo, solo debemos neutralizarlo.
Los soldados alrededor voltean sus miradas hacia ellas. El escándalo resuena por todo el hangar.
La princesa, con enojo en la voz, se recuesta sobre la mesa y responde:
—Disculpa, es más fácil matarlo que debilitarlo. Sería ilógico dejarlo vivo. ¿O es que esa cabecita tuya no puede razonar?
Nathaly rompe el silencio, preguntando con seriedad:
—¿Por qué estamos creando esta arma si no es para matarlo?
Lila empieza a perder el control de su respiración. Agacha la cabeza y responde en tono bajo:
—Para inhabilitar su traje magnético y sus armas.
Nathaly toma una taza de café de la mesa y la aprieta con sus manos, intentando beber mientras tiembla. No puede y la estrella contra el piso.
Con furia reclama:
—Ese hijo de perra mató a todos mis compañeros. Mató a Darrell, la persona más dulce que conocí en mi maldita vida. Casi me mata… y ahora me pides que no lo mate.
Lila no levanta la cabeza. Con voz temblorosa y lágrimas recorriendo su rostro, responde:
—Es mi hermano.
El soldado encapuchado, con los puños apretados, camina hacia ella y se coloca en medio de Lila y la princesa.
Los soldados rusos se mantienen inmóviles, expectantes de lo que pasará.
Lila contiene su llanto y, aún con temblor en la voz, les dice:
—Yo me enfrentaré a él. Y si me mata, entonces podrán hacer lo que quieran.
Nathaly da media vuelta y se va sin decir nada, mientras la princesa guarda todo en el bolso y se retira de igual forma. El encapuchado la sigue, pero apenas da un paso se detiene y, de reojo, le dice a Lila con empatía:
—Entierra a tus muertos, déjalos descansar.
Lila se sienta, cubriendo su cara con las manos.
Mientras tanto, afuera, el intruso finalmente divisa la base rusa marcada en el radar. Las alarmas empiezan a sonar y la tormenta de nieve se vuelve más brutal.