Bug Travel

Capitulo 7

Capítulo 7

El intruso dispara un par de misiles a la base, pero son destruidos por el sistema de defensa mientras la alarma no deja de sonar.

El avión cambia de dirección y asciende, retando a la tormenta y esquivando los proyectiles del sistema antiaéreo.

Todos los soldados del hangar empiezan a armarse, abriendo las cajas que hay por todo el lugar.

La princesa les grita con autoridad:
—Eso no funcionará, usen estas.

Elizabeth señala la mesa donde yacen cuatro bolsas de armas y municiones, y con brevedad les dice:
—Si las balas rojas no le hacen nada, disparen las azules.

Los soldados rusos asienten y, uno a uno, toman un rifle y dos cajas de municiones.

Dmitry aparece de la nada, exclamando con despreocupación mientras aplaude:
—Eres una buena líder, pero tienen que largarse.

Elizabeth desvía la mirada con enojo y le responde con un tono de berrinche:
—Primero saca a Nathaly de aquí, aún tengo algo que hacer.

Dmitry se ríe levemente de manera burlesca y, mientras le acaricia la cabeza como a un perrito, le dice:
—No te hagas la heroína, el Vaticano quiere verte lo más pronto posible.

Elizabeth, molesta, le quita la mano de la cabeza y se marcha con paso fuerte para encerrarse en aquella habitación.

Lila, con tristeza, se acerca a Nathaly. Esta, con miedo y temblor en sus manos, empieza a cargar un rifle, pero las balas azules resbalan y la caja cae al suelo.

Con voz temblorosa y avergonzada, Lila le dice:
—Sé que estás enojada conmigo, pero necesito tu ayuda.

Nathaly frunce el ceño y la ignora.

Lila respira hondo y, aún con temblor, exclama:
—Darrel era mi padre… o iba a serlo.

Nathaly voltea rápidamente hacia Lila, sin saber qué decir. Su voz tiembla, balbuceando:
—Y… y… yo…

Lila suspira y, con seriedad, exclama:
—No hay tiempo para eso, necesito capturar vivo a mi hermano.

Nathaly, con tono bajo y mirándola directo a los ojos, responde:
—Sí… está bien, pero no tenemos mucho tiempo.

La conversación es interrumpida por Dmitry, quien con seriedad les dice:
—No quiero ser muy obvio, pero deben retirarse.

Nathaly, aún con temblor en su voz, responde:
—No lo haremos.

Lila, retándolo con su tono, le dice:
—Tú lo único que quieres es la información del futuro.

Él guarda silencio mientras observa cómo ella saca una memoria USB del bolsillo.

Lila exclama con firmeza mientras se va con Nathaly tomada de la mano:
—Allí está toda la información del bug travel, del régimen comunista y de lo que pasará en los próximos veinte años.

Él aprieta la memoria y la guarda en su bolsillo. Mientras camina hacia el bug travel que conecta con otra base, grita a sus soldados:
—¡Defiendan a esas tres tontas con su vida!

Mientras tanto, afuera, el sistema antiaéreo dispara a las nubes sin cesar, pues el intruso se esconde entre los vientos violentos y la tormenta.

Los disparos se detienen al no ver nada por la alta nubosidad.

Los soldados quedan en silencio, observando el cielo del mediodía, esperando alguna señal.

Las nubes empiezan a desplazarse velozmente, presagiando un estruendo explosivo que impacta contra toda la base. El golpe sónico derriba a todos dentro y fuera: soldados, la princesa, Lila y Nathaly yacen en el suelo, sangrando de los oídos.

El intruso, bajando por el espacio creado entre las nubes, desciende en picada y estrella su avión contra uno de los sistemas antiaéreos.

El avión explota, incendiando el arma que intentó derribarlo. El intruso sale caminando como si nada, mientras los soldados rusos permanecen inconscientes sobre la nieve.

Dentro del hangar, Elizabeth despierta con una enorme jaqueca. Un zumbido fuerte entorpece su equilibrio, haciéndole casi imposible ponerse de pie.

Logra sostenerse en la mesa y, mientras la habitación le da vueltas, abre una caja militar que tiene enfrente.

En otra habitación del hangar, Lila mueve a Nathaly intentando despertarla. Con gestos de dolor, ambas logran levantarse.

Los soldados, aunque mareados y sangrantes, recogen sus armas y, moviendo cajas pesadas y todo lo que encuentran, se atrincheran dentro del edificio.

El intruso camina por la base mientras la tormenta de nieve azota con fuerza. Mira el radar para identificar cuál de los cuatro hangares frente a él es el correcto.

El soldado encapuchado avanza hacia el intruso con pasos firmes. En su cabeza lleva un casco similar al de un motociclista y en cada mano sostiene cuchillos de combate.

El intruso exclama con una sonrisa llena de ira:
—Siento que quieres morir.

El soldado responde con despreocupación:
—Si te mato, entonces podría morir en paz.

Ambos se lanzan a la batalla, chocando sus cuchillos con gran violencia en una danza frenética donde intentan apuñalarse, pero son demasiado rápidos para el otro.

El encapuchado conecta una patada directa al pecho y lo lanza varios metros lejos.

El intruso cae al suelo, pero sin mostrar dolor ni molestias, se levanta.

Reanuda la pelea lanzando estocadas, patadas y puñetazos.

Ninguno logra conectar golpe alguno. El soldado lo toma del brazo y, en un movimiento de aikido, lo lleva de nuevo al suelo. El intruso aprovecha, hace un movimiento extremadamente rápido, le arrebata el cuchillo y se lo clava en el cuello.

El encapuchado retrocede varios pasos y cae al suelo, pintando la nieve con una gran mancha roja.

El intruso se levanta y suelta una sonrisa leve mientras camina hacia él, pero es interceptado por un cohete que lo estrella contra un avión Yakovlev Yak-3, haciéndolo explotar.

Elizabeth tira la bazuca y, con rapidez, miedo y tristeza, corre hacia el encapuchado.

La princesa se arrodilla, intentando detener la hemorragia con sus propias manos.

El encapuchado acaricia su rostro y exclama con cansancio:
—Qui… quítame el casco… quiero verte por última vez.




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