Bug Travel

Capitulo 9

Capitulo 9

No se vé nada, solo se escucha la voz de una mujer mayor diciendo con tristeza:
—No importa lo que pase, debes hacer lo que te digo.

Elizabeth, con dolor, abre los ojos. Al voltear hacia izquierda y derecha ve que está en una habitación blanca de hospital.

En cada muñeca tiene una aguja que le lleva un líquido desde la cabecera de la cama.

Al observarse los brazos, nota varias cicatrices y hematomas; la mayoría se concentran en los antebrazos, donde antes estaban sus guantes largos. Aunque siente los dedos tiesos y doloridos, ignora esa sensación para tocarse el rostro, recorriendo con las yemas las cicatrices que apenas comienzan a sanar.

El dolor en sus costillas le causa leves espasmos, pero siente el relieve de las vendas bajo su camisón.

Con dificultad se sienta y ve, a los pies de la cama, un sofá con Nathaly dormida en una posición más que incómoda.

Mientras tanto, el intruso se levanta. Su cara se arruga con leves gestos de dolor al intentar sentarse de golpe; sus ojos no pueden abrirse por tanta luz.

Pasados unos segundos los abre y se percata de que está en una celda de vidrio de cinco por cinco metros. A su izquierda, fuera de la celda, yace Lila parada observándolo con odio.

Ella, con enojo, lo regaña mientras varias lágrimas se cuelan por sus mejillas:
—No tienes ni la más mínima puta idea de lo difícil que fue convencerlos de no dejarte morir.

Él, con burla casi infantil, se ríe respondiendo:
—Déjame adivinar, les dijiste cada una de las palabras y cosas del futuro… menos una, ¿verdad?

Lila guarda silencio mientras su respiración empieza a acelerarse.

El intruso continúa con su burla:
—Porque si ella lo supiera, sabes que se pondría una pistola en la boca por voluntad propia.

Su tono cambia a un gran enojo y prosigue:
—Tú y yo estamos aquí tras el mismo objetivo, hermana, pero tú solo estás jugando a la heroína.

Ella golpea el vidrio gritándole:
—No permitiré que la toques.

Él se acuesta y, con desinterés, le responde mientras voltea la cabeza a otro lado:
—Entonces moriremos todos los que estemos en la tierra. Nada cambiará, solo no vamos a nacer.

Ella vuelve a golpear el vidrio y se va con mucha ansiedad en su respiración.

Elizabeth, acostada, mira al techo extendiendo su mano hacia arriba con un movimiento infantil. Observa sus moretones y cicatrices, solo sonríe con una leve neblina fría en el pecho.

Intenta mover las piernas ocultas bajo las sábanas, pero las nota pesadas. Su rostro empieza a mostrar preocupación y, con dificultad, se sienta. Su mano tiembla mientras la acerca a la sábana y la quita de un tirón. Suelta un suspiro de alivio al ver que solo es yeso en su pie y vendajes en sus rodillas.

Nathaly se despierta. Mientras suelta un largo bostezo se refriega los ojos y, al ver a Elizabeth despierta, va con rapidez hacia ella y con suavidad la abraza, soltando lágrimas de felicidad mientras le dice con alegría:
—No vuelvas a hacer una estupidez así.

La princesa corresponde el abrazo con un beso en la mejilla, respondiendo entre risas y lágrimas:
—Dudo mucho que pueda volverlo a hacer.

Nathaly suelta una leve risa:
—Te recuperarás pronto.

Elizabeth se acuesta de golpe, pidiendo de manera juguetona e infantil:
—Tráeme cereal con fresas.

Nathaly se sienta en la cama y le acaricia el rostro mientras la ve con alegría:
—Sí, todo lo que pida su majestad.

Ambas se ríen al unísono.

Pasadas las horas, Lila llega a la habitación de la princesa, viendo una imagen muy maternal entre Nathaly y la princesa acostadas juntas viendo Volver al futuro en la tele.

Lila se acerca sin hacer ruido, pero Elizabeth, al verla, le pone pausa a la película y, de manera enojada, le pregunta:
—¿Qué quieres?

Lila, con tintes de pena y vergüenza, responde agachando la mirada:
—Solo quería ver cómo estabas.

Da media vuelta y se va del cuarto.

La princesa la ignora y, como si nada, reanuda la película.

Nathaly exclama con tono sereno:
—No deberías tratarla así.

Elizabeth frunce el ceño y, haciendo pucheros, la ignora.

Nathaly le acaricia la mejilla y el cabello, diciéndole con una pequeña risa:
—La ley del hielo no funciona conmigo.

La princesa, enojada y sin apartar la vista de la película, responde:
—Es que… ¿cómo puede mantener a ese tipo vivo después de… después de todo lo que hizo?

Nathaly, con empatía, responde:
—Sé que de todos nosotros tú fuiste quien perdió más, y si dependiera de mí también lo mataría, pero los reyes votaron y no hay nada que hacer.

Elizabeth abraza fuertemente a Nathaly mientras su voz tiembla entre sollozos:
—No es justo… ¿por qué su vida vale más que la de ellos? Eran mi familia.

Nathaly le acaricia el cabello en silencio y, con la otra mano, la rodea completando el abrazo.

Los días vuelan como hojas en el viento mientras los doctores examinan a Rían y a Elizabeth por igual.

La princesa disfruta sus días en su cuarto de hospital, pasando horas y horas con Nathaly viendo películas, peinándose, jugando Monopoly y Black Jack.

Rían pasa los días en su celda de vidrio, acostado todo el día, solo levantándose para ir al baño y para sus exámenes médicos.

En un abrir y cerrar de ojos han pasado tres semanas.

Dos doctores entran al cuarto de Elizabeth, en sus manos varios resultados de exámenes.

En la cama, Nathaly le hace una trenza de cascada a Elizabeth.

El doctor más viejo le dice con una cálida sonrisa:
—Su majestad, los resultados se muestran favorables. Podremos darle de alta en unos días y podrá continuar su recuperación en casa.

Elizabeth desborda luz con su sonrisa ante las palabras escuchadas, recostándose en Nathaly.

El doctor más joven, con un tono más serio, toma la palabra:
—Pero hay una noticia que me duele darle.




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