Bugambilias

Parte 2

1 año y medio después.

Las cosas habían sido casi mágicas en todo ese tiempo. Damien era un hombre extraordinario. Era atento, caballeroso, detallista, romántico. Todo lo que siempre había querido. Y durante todo este año y medio habíamos construido una rutina.

Cada lunes solía mandarme un ramo de bugambilias y cada sábado regresábamos a aquel restaurante, y obviamente pasábamos los domingos con alguna de nuestras familias.

La felicidad no me cabía en el pecho. Y aunque en esos casi dos años de conocernos y estar juntos ya habíamos tenido diferencias, siempre lográbamos arreglarlas y volver a estar bien. Inclusive diría que nuestras familias estaban más felices con nuestra relación que nosotros.

Hoy era sábado, por ende, me subí al coche, recargándome en mi novio y, mientras miraba el paisaje, noté que el camino era distinto. No tendría problema en cambiar de ruta, pero no había motivo para ello, ya que era el camino más rápido.

—Amor, ¿por qué cambiaste la ruta?

—Hoy no iremos al restaurante.

Abrí los ojos desconcertada. ¿Cómo podía cambiar la rutina así como así? Sobre todo cuando ya estaba saboreando ese rico pastel de chocolate.

—¿Cómo que no? — exclamé muy desconcertada y me senté derecha. —Cariño, llevamos 78 días con esta rutina… — parpadeé perpleja y agregué —Además, ya estaba saboreando el pastel.

Damien soltó una risa, casi llegando a una carcajada, y acarició mi mejilla.

—Confía en mi corazón.

Después de un rato llegamos a un parque precioso. Un lugar lleno de flora en el que se podía ir a pasear. Mire a Damien algo confundida

—Traigo tacones, amor… ¿En serio esperas que pase el pasto?

Soltó una risita baja y casi ronca. —Hay camino de concreto.

Rodé los ojos y lo seguí entre las luces tenues del parque y el sonido de la naturaleza que habitaba ahí.

Caminamos durante un rato y llegamos a un lugar lleno de velas en el suelo que formaban un camino en el concreto, con árboles de bugambilias adornados con luces. La vista me cautivó; era perfecta. Las flores representaban la relación con todo su esplendor y alumbrarlas así era un recordatorio de que él también lo sabía. Caminé entre el pasillito y dije con emoción.

—Espero que tengas permiso para haber hecho esto… porque está divino.

—Claro que lo tengo, corazón… —escuché su voz desde atrás, algo nerviosa a mi parecer. —Cuide que nada se maltrate.

Me reí y al girarme, quedé sin palabras. Damien, hincado delante de mí con un anillo de compromiso.

—No tengo palabras suficientes para expresar lo que siento por ti… tanto que quiero compartir el resto de mi vida contigo, si me lo permites— pauso sus palabras y trago saliva. —Valery, ¿quieres casarte conmigo?

Las lágrimas se me salieron y con la voz quebrada de la alegría asentí. Damien me puso el anillo y me abrazó antes de darnos un hermoso beso, ahora como prometidos.

Llegamos a casa de mis padres un par de horas después. La mansión impecable como siempre. Las ansias revoloteaban en mi estómago mucho más que en cualquier otro momento. Damien a mi lado, se veía tranquilo y centrado, ni siquiera una pizca de nervios cruzaba por sus ojos… y me encantaba.

En cuanto llegamos a la sala, una sonrisa se me acomodó en los labios. Mi madre, mirando una revista, levantó los ojos.

—Cariño… volvieron temprano en esta ocasión —bajo la revista a su regazo. Su expresión impasible, como siempre, hasta que vio el anillo en mi dedo. —No puede ser…

La voz de mi madre, desconcertada y, en el fondo, orgullosa, levantó el interés de mi padre. Girando la cabeza. —¿Qué sucede, mujer?

Mi madre se levantó y caminó extendiendo sus brazos. Por primera vez me llamaba a sus brazos sin pedirlos. Las lágrimas cargadas de emoción me salieron y la abracé.

Logré ver entre lágrimas a mi padre mirarnos. Caminando y estrechando a Damien en un abrazo. Para ser un hombre de pocas palabras y frío como el mármol pulido, era emoción.

Mis hermanos llegaron poco después. Y para celebrar mi compromiso ahora con Damien fuimos a cenar a un restaurante en el lago. Al fin la vida era perfecta. Al fin era digna hija de los Whithmore.

Mis padres reían junto a mis hermanos en la mesa dentro del restaurante. Una cabaña rústica sobre un lago sin contaminar por el humano. Tomé una bocanada de aire cuando el perfume y calor de Damien invadieron mi espalda y nariz.

—Ya llegaron mis padres —me abrazo por la cadera y miro al frente —¿Eres feliz conmigo?

Levante mi cabeza de costado. Acaricie de forma lenta el filo de su mandíbula —Por supuesto… eres todo lo que le he pedido al destino.

Una sonrisa floja salió de la comisura de su labio y besó justo en la punta de mi nariz. —Me esforzaré por ser lo que mereces.

Asentí complacida antes de girar y quedar de frente. Levantándome de puntitas y besando sus cálidos labios.



#4797 en Novela romántica

En el texto hay: romance

Editado: 02.10.2026

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