Buganvilias

Parte 1

Corría de un lado a otro por mi habitación. Ya había
logrado elegir un conjunto lindo y por fin había terminado de peinar mi
cabello.

—Perfume, listo. Labial, listo. Bolsa, listo, suéter,
listo.

Había tomado nota mental de todo lo que debía llevar. Y no aceptaré
ningún juicio. Al fin y al cabo, era mi primera cita. Y no puedo negarte que el
hecho de ser la primera ya casi en la adultez me ponía aún más nerviosa.

Sin embargo, en todo el caos y la ansiedad que pasaban por
mi cabeza logré escuchar el sonido del timbre. De inmediato la piel se me erizó,
sentí un escalofrío recorrer toda la espalda y por un momento se me fue el
aire. La voz de mi hermana resonó en el cubo de la escalera.

—¡Valery! — El tono apresurado me hizo acelerar el paso. —Ya
Llegaron por ti. Apúrate.

Logré bajar medianamente rápido a pesar de los tacones de
aguja. Al llegar a la planta baja, miré a mi hermana mayor, Gala. Una mujer
alta de cabellos castaños y mirada de zorro con ojos azules penetrantes,
elegante e imponente a pesar de su aspecto.

Me miró y sujetó mi mano mientras caminábamos hacia la
sala.

—Cualquier cosa, sabes qué mensaje mandarme… —su voz suave
y cálida, pero con un toque de peligro en ella.

—Tranquila, querida hermana …— trate de apaciguar su
preocupación con seguridad. —Jamás permitiré que me humillen.

Ya en la sala logré verlo. Un hombre bien peinado de cabello
negro y ojos verdes debajo de unas pobladas cejas negras. Trajeado de pies a
cabeza, vestido completamente de negro. Al escuchar nuestros pasos, giró un
poco la cabeza y sonrió de forma elegante y discreta.

—Buenas noches, Valery — murmuró y extendió su mano.
Extendí la mía y la sujeté antes de besar el dorso. —Te ves impecable.

Mi pecho se infló y mi estómago se inundó de ansias. Sonreí
sin poder evitarlo y mi cara se llenó de calor antes de responder.

—Te agradezco el halago— mi nariz se infestaba del aroma de
su perfume y eso solo avivaba mis deseos. —Tú… también te ves impecable.

Salimos de la mansión al instante. El coche era cómodo y
elegante, como todo lo que involucraba a la familia Ivanov. El hombre a mi lado
es Damien. Hijo de buena familia, multimillonario por mano propia, inteligente,
atractivo y sobre todo un caballero.

Lo había conocido en una inauguración de un museo hace poco
más de cuatro meses y habíamos hablado de forma casual durante poco menos de
dos meses. Era un hombre callado, pero sabía escuchar y dar consejos. Tal vez
su atención e interés me habían hecho quedar embobada con él. Pero lo que
importaba era que me había correspondido y hacía una semana me había escrito
para invitarme a salir, ya como un cortejo. Claramente, cuando les conté a mis
padres, estuvieron encantados con la idea.

—Son excelentes
noticias, cariño —mencionó mamá con emoción—. Conseguir que un hombre de su
tipo se fije en ti es símbolo de una gran educación y personalidad —mi madre
pensó un poco sus palabras antes de agregar. —Lo digo porque el físico nunca
será suficiente.

Mi
Padre asintió con suficiencia y agregó sin premura.

—Y si
todo sale bien, que sé que saldrá bien… la familia tendrá una relación
fraternal con su familia.

Estaba
orgullosa. Por primera vez dejaba de ser una sombra de mis hermanos mayores.
Conseguir casarme con Damien era solo cuestión de tiempo, y hacer que los
Ivanov y los Whithmore se unieran sería algo casi histórico.

La voz de Damien me regresó al presente.

—Espero que disfrutes el lugar que escogí para nuestra
primera cita— lo sentía nervioso. —Para asuntos personales suelo no ser tan asertivo
como en los negocios.

Solté una risa ligera.

—Descuida, no eres el único nervioso aquí… —tomé un suspiro
largo y me atreví a ser algo honesta con él. —La verdad es que... nadie había
mostrado tanto interés en mí.

Damien me miró con cierta ternura en sus ojos. A pesar de
su poca expresión facial, se veía cómodo conmigo, o al menos eso quería pensar.

Me dio una sonrisa completa y extendió su mano a la mía, y
con un gesto suave entrelazó sus dedos con los míos. Mi sonrisa y mis nervios
se engrandecieron y podía sentirme completamente plena. Damien me hacía sentir
vista y valorada, no digo que mi familia no lo hiciera, pero él me hacía sentir
diferente.

La media hora en el tráfico nos entregó un motivo para
charlar. Hablar con él era divertido, en tanta seriedad y poca expresión se
lograba encontrar a una persona extremadamente divertida.

Era como si el cielo se hubiera hecho persona y delante de
mí se encontraba la constelación más grande e interesante que jamás había
visto. Su atractivo físico en ese momento pasó a segundo plano. Y por fin supe
lo que significaba la palabra enamoramiento. Puro y nato. La emoción en mi
interior era increíble. Sentía que este romance sería como una estrella: fugaz
y para siempre.

Los minutos pasaron volando y llegamos al restaurante. El
lugar era elegante y muy alto, tal vez de doble altura; tenía un árbol de
buganvilias en el centro. Era hermoso y prácticamente el centro del lugar.
Damien me guió a la mesa de reservación. Un lugar privado y cerca de una
ventana que mostraba la ciudad desde la altura. A pesar de venir de buena
familia, jamás me había maravillado tanto con un lugar que no fuera extranjero.

—Ven, toma asiento.

Dijo mientras arrastraba la silla un poco para que pudiera
sentarme. Sonreí y con cuidado me senté en ella. Dejando que él me acomodara en
la mesa.

—Gracias…

—¿Qué te parece la vista? Me comentó Zack que te gustaban
las vistas.



#4843 en Novela romántica

En el texto hay: romance

Editado: 29.09.2026

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