Tras el incidente, Julián comenzó a tejer una red de mentiras, cuestionando la integridad de Elena y sugiriendo que el audio era una manipulación. Mateo notó cómo los ojos de sus compañeros cambiaban al verlos pasar; ahora eran juzgados socialmente. Esa noche, el teléfono de Mateo no paró de sonar con amenazas anónimas, llevándolo al límite de su resistencia