Tras el incidente, Julián comenzó a tejer una red de mentiras, cuestionando la integridad de Elena y sugiriendo que el audio era una manipulación. Mateo notó cómo los ojos de sus compañeros cambiaban al verlos pasar; ahora eran juzgados socialmente. Esa noche, el teléfono de Mateo no paró de sonar con amenazas anónimas, llevándolo al límite de su resistencia.
El acoso psicológico escaló hasta que Mateo se encerró en su habitación, incapaz de ir a clases. Elena, preocupada, decidió que ya no podían ganar solos. Recordó a Marcos, el chico que siempre estaba al lado de Julián pero que nunca participaba activamente.
Elena lo interceptó a la salida.
—Sé que no eres como él, Marcos. He visto cómo miras a Mateo cuando Julián no está. ¿De verdad quieres terminar siendo cómplice de algo grave?
Esa misma tarde, Marcos envió un mensaje a Mateo: "Sé lo que Julián planea hacer el viernes en la fiesta de fin de curso. Necesitamos hablar".