Hay historias que nacen de la imaginación.
Otras nacen de heridas que nunca terminan de cerrar.
Burdel que prostituye café surgió de una pregunta absurda que poco a poco se volvió peligrosa:
¿Qué pasaría si existiera un café capaz de despertar aquello que el alma intenta ocultar?
A través de lecturas, películas, relatos de conocidos y la imagen distante que siempre tuve de París y de la vieja Europa, fui construyendo un escenario donde la melancolía, el humo, la música y el deseo convivieran en un mismo lugar. Allí descubrí personajes que no buscaban amor, sino algo más difícil: sentirse vivos. Rubén, Miguel, Margarita y Clonel representan obsesiones humanas: el deseo de escapar, de amar sin comprender y de llenar vacíos que nunca terminan de desaparecer.
Esta novela no habla únicamente de café. Habla de la adicción a los recuerdos, de la culpa, de la soledad y de esas cosas imposibles que, aun así, decidimos perseguir.
Quizá, al final, todos tenemos una taza esperándonos.
Una capaz de destruirnos… o de decirnos la verdad.
— Eddis Manuel Montero Encarnación