De cómo dar un buen espectáculo.
Los tres días siguientes pasaron sin mucho problema.
El miércoles fui a ver a Diane para dejarle el atuendo que compré para ella. Y no ví a mis papás hasta el viernes por la mañana cuando volvieron del trabajo para prepararse y recibir a los invitados.
Mientras él equipo de estilistas concluían con ellos, mi hermano y yo esperábamos en la entrada del salón.
—¿Mamie Hella no va a bajar, verdad?
—No lo creo… Sebas, si no fueras de la familia te juro que no te dejaba entrar.
—¡¿Qué?! ¿Por qué?
Lo miré de pies a cabeza. ¿En serio?
Mi hermano sí llevaba puesto su pantalón viejo y el suéter que se había comprado hace unos días. No se veía mal porque era naturalmente apuesto, pero sí parecía unos seis años mayor de lo que era. Sin mencionar que desentonaba con la familia.
Para que sea más claro: mientras que el resto de la familia nos veíamos como millonarios modernos de buen gusto, él parecía un aburrido profesor de historia que tuvo la suerte de nacer guapo.
—La siguiente vez, yo elijo tu ropa.
Sebastian hizo una repetición infantil de mi voz, pero se puso de acuerdo.
Los primeros en llegar fueron los Ferrer. Recibí a mi novia y su familia con una sonrisa amplia, definitivamente menos fingida de la que tenía mi madre en la cara. Besé la mejilla de Diane y le hice un cumplido por lo bien que se veía en el vestido azul que elegí para ella.
—¡Sí estamos a juego! —ella celebró. Luego enganchó su brazo al mío, me apartó un poco de los demás y murmuró—: Creí que de nuevo tu madre te obligaría a usar el mismo color que ella.
No había notado ese detalle, pero es verdad. A diferencia de otros años, mamá no compró nada para Chiara. Quizá porque el día de su regreso la obligamos a usar toda su energía en nosotros y por eso no tuvo tiempo de pensar en su ahijada.
Ahora que era consciente de eso, me sentía como si trajera puesto un disfraz de payaso en lugar de algo que yo mismo elegí.
—Bueno, después de tres años, seguro que le empieza a gustar la idea… De hecho, ella escogió el tocado que traes.
Le di una mirada rápida a nuestros atuendos. A pesar de que el vestido y el traje no fueron hechos para lucirse juntos y los tonos difieren ligeramente, combinaban bastante bien y resaltan entre los invitados ya que el código de vestimenta no incluía azul.
—¿De verdad? Es tan hermoso… —Diane se conmovió—. Debo agradecer entonces.
Se giró, muy dispuesta a acercarse a mi madre, pero ella estaba ocupada recibiendo a sus amigas entonces decidió que sería más tarde.
Estuvo a mi lado en la puerta mientras esperábamos a nuestros amigos. Solo Zach y Francis. No invité a Thomas porque su familia no tenía ninguna relación con la mía, y porque no quería ningún inconveniente.
—No están aquí todavía…—murmuró mi mejor amigo, con voz baja, pero que fui capaz de escuchar gracias a qué estaba demasiado cerca de mi oído mientras las dijo.
Resultó que solo Zach había podido venir. Los padres de Fran nos comentaron que su hurón tuvo crías y se quedó a cuidar de ellos. Era algo común en Francis por lo que no me lo tomé a pecho y agradecí la información.
—¿Será que no vendrá? —preguntó Zach de pronto, mientras comíamos aperitivos a escondidas de mis padres.
—¿Quién? —pregunté.
Zach dió un respingo. Quizá estaba pensando y no planeaba decirlo en voz alta. Antes de poder molestarlo con eso, Diane se adelantó a hablar.
—¿Quién más podrá ser, sino ella?
La miré sin entender.
—Ella. Ya sabes. Chiara.
Zach asintió rápidamente, de acuerdo.
—Ah… pues envié la invitación por mera formalidad y ellos nunca envían confirmación porque son casi “parte de la familia”. Así que no lo sé.
En realidad sí lo sabía. De alguna forma les había dado la respuesta aunque no explícitamente: ellos siempre vienen.
Un detalle curioso, es que los Grafton tienen esta costumbre de ser reyes del drama. Les encantaba ser el centro de atención y por eso hacían entradas memorables. Siempre llegaban cuando ya la mayoría de invitados estaban presentes y pedían a una pobre alma sin dignidad y evidentemente necesitada de dinero que los presentara en voz alta. Nombrandolos uno por uno, en orden, con títulos y todo.
Diane parecía haber olvidado eso. Aunque cierta razón tenía, ya que Chiara solía aparecer antes que toda su familia por petición de mi madre para recibir a los invitados con nosotros. Era extraño, pero elegí creer que la rubia tenía algo de decencia dentro de toda esa belleza vana.
—Ojalá no— farfulló molesta. Aunque, esta vez Zach no estuvo de acuerdo con ella.
Enseguida, algo llamó su atención y sus ojos se abrieron con sorpresa.
—Ese- ese… ¿Ese es el ministro de relaciones intercontinentales?
Recordé lo que había hecho.
Quería mantenerla ocupada, lejos de cualquier roce innecesario y por eso invité gente con la que sabía, amaría hablar.
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Editado: 11.01.2026