Búscame en las estrellas (resubiendo)

Capitulo 9: El Exceso de Cariño

De cuando hay demasiado apoyo familiar

El murmullo de la fiesta fue volviendo poco a poco, primero como un rumor lejano, luego como un coro reconocible de risas, copas chocando y voces. Chiara aferró su brazo al mío con naturalidad; yo mantuve el paso firme y la expresión tan cálida como podía.

A medida que nos acercamos, algunas conversaciones se filtraron con más nitidez.

Chiara quiso ir por una bebida antes de cualquier otra cosa, así que la acompañé a las mesas. Mientras ella elegía un vaso y preparaba bocadillos para los dos en un plato, me dediqué a estudiar el salón.

Nadie nos estaba prestando especial atención. La hora oficial de baile habría empezado desde hace varios minutos y todos estaban entretenidos con eso. La mayoría, al menos, mi madre y sus amigas se encontraban sentadas en una mesa no muy lejos del lugar en que estábamos.

Lo suficientemente cerca para poder oír lo que decían.

—¿Entonces es verdad, querida? ¿Tu pequeño hijo y la princesa de Grafton se casan?

Mi mamá se rió, más encantada con la idea que con la copa de champán que tenía en la mano.

—¡Sería maravilloso! Los niños aún son tímidos al respecto, pero ya que todos los preven, creo que podemos ir diseñando las invitaciones.

—Asegúrate de guardar un asiento para mí.

—¡A tí y a toda la familia! Después de todo, una boda como esa no la tendrán ni en la realeza europea.

—Oh, ¿no son ellos?

Giré la cabeza en ese momento. No servía de nada porque veníamos de un color demasiado reconocible pero por lo menos no me atraparán siendo un metiche.

—Estos alfajores eran tus favoritos, come uno… ¿Esa es mi mamá?

—¡Vengan un momento, dulzura, las chicas quieren admirar tu vestido!

Chiara asintió y dejó el plato en mis manos antes de empezar a caminar hacía ellas. La seguí, por supuesto que lo hice.

Nos detuvimos frente a su mesa. La disposición de asientos era la siguiente considerando la forma circular que tenía la madera: mi madre en el centro, a su izquierda la madre de Chiara y a su derecha una mujer pelirroja que no reconocí, después de la condesa estaba la Duquesa Melissa y al lado de ella, en asientos contiguos, las madres de Zach y Francis.

—No podía comprender por qué insistes tanto en la idea, pero ahora que lo veo en persona, Ada, tienes toda la razón— la mujer que habló no figuraba en ninguna de las listas que yo hice.

No conseguía ubicar su rostro en ninguna foto de mis invitados, pero el tono con el que mi madre le respondió el comentario hizo obvio que eran cercanas aunque yo no supiera cuándo o dónde se originó esa amistad.

—Serás una abuela preciosa con nietos preciosos.

—Y tan rubios como todos en la familia Lestrange— dijo la mamá de Zach.

—Ah, ¿de qué están hablando, mami? —la Condesa acarició la cabeza de Chiara con ternura.

—De la hermosa pareja que hacen ustedes dos.

—Comprendo— Chiara asintió—. Muchas gracias por sus comentarios, Señora…

—Oh, disculpen mi falta de modales, niños. Esta es Meredith Keyes, una amiga que conocí durante el crucero.

—Un placer, señora—la saludé con propiedad pero sin la misma ceremonia que le era apta a gente de más estatus como las mujeres Grafton—. Gracias por visitar nuestra casa esta noche.

—Leonard, eres tan guapo como tu madre presumía. Las fotografías no le hacen justicia a tu buen porte— Cuando me dió la mano, noté que esta nueva amiga de mamá es de esa gente entusiasta que no mide el contacto, pero no hallé forma de soltarme sin parecer grosero—. Ciertamente es un deleite verte…

—Le agradezco— no lo decía por sus palabras, sino porque por fín me soltó.

—Y esa sonrisa sin duda es tu mejor arma, ¿eh? —la mujer mostró una sonrisa ladeada al mirarme a mí, pero sus ojos se llenaron de codicia cuando miró a Chiara y le dió unas palmaditas juguetonas en la pierna—. Ay, esta chiquilla sí que tiene suerte… ¡pero si tan solo yo fuera diez años más joven no tendría oportunidad!

A mí me resultaban indiferentes sus comentarios. Había recibido muchos halagos como estos a lo largo de mi vida y me había acostumbrado a ello (mi familia es francesa, así que pueden hacerse una idea). Uno más o uno menos no hace ninguna diferencia cuando sabes cómo comportarte.

Pero la expresión de Chiara se había endurecido en algún punto de toda la intervención de esa mujer… y yo supe que iba a decir algo. No grato precisamente.

—Veinte, diría yo— dijo ella—. Quizá treinta. Después de todo, Leonard y yo ni siquiera somos adultos y usted ya luce como alguien que debería estar preocupándose por su jubilación.

—¿Cómo dices, niña?

—¿No me dí a entender? —Chiara miró a todos lados con su expresión de niña inocente—. ¿O es que usted ya no puede oír bien? Si es así, me disculpo, intentaré hablar más fuerte. ¡Dije que usted parece ser treinta años más vieja que nosotros! ¿Ahora sí me escuchó?

—Ella y todo el salón, Chia— se rió la mamá de Zach.




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