De cuando solo te sientas y observas la historia suceder I
Toda mi vida me había considerado una persona práctica. De ese tipo de practicidad que resultaba útil en momentos de importancia. Aquel que siempre sabe qué hacer y tiene la respuesta a preguntas complejas. Creía ser esa persona cuya estabilidad de cuerpo y mente no se vería afectada por vientos de la vida.
Quizá muchas veces si lo fui, quizá lo sigo siendo, pero quizá y más probablemente eso es circunstancial.
En parte estaba sorprendido, pero creo que la mayor razón de mi reacción se debía a las pocas horas de sueño que tuve.
No había sido gran cosa. No tendría por qué significar nada. En realidad a nadie le importaría porque esto es justo lo que todos esperaban que pasara. Si lo pensaba mejor, no había que hacer nada, solo esperar y aceptar las consecuencias.
Diane estaría enojada un rato, pero al final, entendería. Ella siempre entiende.
—Hola Chiara.
En la cara de ella apareció una gran sonrisa de labios cerrados.
—¿Te sientes mejor? —le pregunté, para incentivar la conversación.
No era una mala pregunta, la elección de palabras no tenía nada que se pudiera criticar, así que la razón por la que la cara de Chiara se descompuso, no debió ser culpa mía.
No pregunté nada pero, de pronto, la humedad del suéter se me antojó incomodísima. Tomé la decisión abrupta de hacerle caso a Lane y quitarmelo para darle tiempo a Chiara de pensar respuesta. Al final, no obtuve ninguna.
—Ya entró el profesor—dijo Lane, y tuve que mirar su cara para asegurarme que todo estuviera bien en ella porque ese tono no le era propio.
Tenía la mirada pesada. Sus ojos castaños llenos de una reprimenda tal que solo podía compararla con la que usaba mi madre cuando estaba furiosa.
—¿Te sientes bien?
—Sip— su expresión se relajó en un instante.
—Los veo al rato— Chiara se despidió de ambos sacudiendo la mano. Una sonrisa más tímida asomaba en sus labios al alejarse de nosotros.
La siguiente hora era el almuerzo, por un segundo llegué a pensar que Lane me seguiría, pero no fue así. Por lo que simplemente avancé hasta encontrarme con Zach y Francis. Solo ellos dos.
Odiaba notar la ausencia de Thomas. Nunca había odiado notar algo sobre mis amigos. Pero comenzaba a ser molesto esperar a que él aparezca para solucionar las cosas.
Recordé que no era la primera vez que no invitaba a Thomas a mi casa y él se alejaba por rencor; también sabía que no sería la última. Pero, ¿qué podía hacer si su familia no tenía ni un pelo en común con la mía?
Tomamos asiento en una de las mesas del lateral izquierdo del comedor. Hablé con mis amigos un poco, pero la verdad es que apenas podía concentrarme en ellos. Mi cabeza estaba más atenta al resto de la escuela, a las expresiones y los murmullos que aparecían casualmente cuando pasaba por el lado de alguien.
¿Ya se habrían enterado?
No fue un gesto grande. Me repetí. Nadie va a darle tanta importancia.
Pero, ¿qué tal si sí?
¿Habrían tomado fotos?
No recordaba nada fuera de lugar en el salón… pero seguro que todos habían visto. Y sino todos, por lo menos alguien. Si algo me enseñaron todos estos años de exposición ante los medios es que siempre hay alguien mirando.
—¿Alexis, dices?
—Sí— respondí, con mucho esfuerzo—. Me pidió que les reconociera los bocadillos. O algo así. Creo que solo lo decía para ser… amable.
Revolví la comida con la cuchara, sin poder pensar en nada realmente.
—Loni, ¿te sientes bien?
Tardé cinco segundos en responder.
—No dormí bien.
Zach asintió.
—¿Por qué no vas a dormir a la enfermería?
Miré a Zach en ese momento, con desagrado puro en mis facciones.
—¿En esas camas de cuarta? No gracias. Soy perfectamente capaz de soportar el día.
—Bueno, pues anda, espabila porque ya se nos ha acabado el descanso.
Miré la hora en mi celular. 1:54. ¿Qué clase era la siguiente? Diseño de Inmueble. Claro. Dos horas.
Llevé la bandeja con platos medio llenos a la barra, me despedí de mis amigos al llegar a mi salón donde, gracias al cielo, no me encontré con ninguna cara conocida que pudiera seguir cuestionando mi actitud adormilada.
No sabía qué pensar y vagamente lograba conectar con las instrucciones de la profesora. En algún punto de la clase nos contó cuál era la mejor manera de arreglar errores en los planos “sin morir en el intento”, pero no le puse atención.
Por alguna razón, cuando su anécdota incluyó un cobertizo con techo similar al de una campaña, recordé a Richard. Ese niño con el que Lane había hablado algunas semanas atrás.
Si ese pobre niño entró aquí creyendo que saldría con conocimientos defendibles en Arquitectura, sin duda se decepcionará de ver que esta materia es lo único que verá relacionado a su carrera de ensueño. Bueno, esta y Diseño de Iluminación.
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Editado: 18.04.2026