Buscando Novio

Capítulo 5: Candidatos

Bajé las escaleras casi corriendo.

Hanna desayunaba cereal mientras deslizaba el dedo por la pantalla de su celular. Mamá preparaba unos sándwiches y papá hablaba de un problema en la oficina que, sinceramente, nadie parecía estar escuchando.

En cuanto entré a la cocina, los tres levantaron la vista.

Mamá sonrió, se acercó y me besó la frente.

—Apúrate, hijo. Vas a llegar tarde.

Señaló el plato de cereal que me esperaba sobre la mesa.

Me senté al lado de Hanna.

Ella me dio un codazo.

—¿Entonces?

—¿Entonces qué?

Sonrió con esa cara de conspiración que solo ponía cuando estaba a punto de meterse en problemas.

—¿Empezamos hoy?

Asentí mientras tomaba una cucharada de cereal.

—Sí. Ya sabes cuál es la misión.

—Perfecto.

En ese momento sonó el timbre.

Mamá caminó hasta la puerta.

—¡Tadeo! ¡Molly vino por ti!

Tragué el cereal casi sin masticarlo.

—¡Ya voy!

Tomé la mochila y salí de la casa.

Molly esperaba dentro de su auto.

Todavía me costaba creer que ella ya manejara y yo no.

No era porque mis padres no pudieran comprarme uno.

Simplemente estaban convencidos de que terminaría estampándolo contra el primer poste que encontrara.

Y, siendo completamente honesto...

No podía asegurar que estuvieran equivocados.

Abrí la puerta y subí.

—Buenos días.

—Buenos.

Apenas cerré la puerta, arrancó.

Subió el volumen de la radio y aceleró antes de que pudiera acomodarme.

Me puse el cinturón.

—¿Siempre manejas así?

—¿Así cómo?

—Como si estuvieras escapando de un robo.

Rodó los ojos.

—Qué exagerado eres.

—Solo intento llegar vivo al colegio.

Soltó una risa.

Entonces la observé mejor.

Llevaba una blusa rosa pálido, unos jeans blancos y el cabello recogido en una coleta alta. Un labial rojo resaltaba todavía más su sonrisa.

Como siempre...

Parecía recién salida de una sesión de fotos.

Bueno.

Era modelo.

Supongo que eso ayudaba.

—¿Qué tanto me miras? —preguntó sin apartar la vista del camino.

—Solo comprobaba que no hubieras salido despeinada.

Sonrió con orgullo.

—Imposible.

—Claro...

La perfección sobre ruedas.

—Exactamente.

Cinco minutos después estacionó frente al colegio.

En cuanto cruzamos la entrada, varias personas giraron la cabeza para verla pasar.

Algunos chicos fingían conversar mientras la seguían con la mirada.

Ella caminó como si no ocurriera nada.

Quizá ya estaba acostumbrada.

Entramos al salón y nos sentamos al fondo, donde estaban algunos de sus amigos.

Apenas me vieron, una chica frunció la nariz.

—¿Tenías que traer a tu amigo el feo?

Sentí un pequeño nudo en el estómago.

Había escuchado comentarios así desde niño.

No dejaban de molestar solo porque crecieras.

Antes de que pudiera decir algo, Molly habló.

—¿Y tú tenías que empezar el día siendo insoportable?

La chica torció la boca.

—Era una broma.

—Pues fue malísima.

No respondió.

Solo volvió la vista al frente.

Yo sonreí para mis adentros.

Después de tantos años, Molly seguía defendiéndome igual que el primer día que nos conocimos.

Mi celular vibró debajo de la mesa.

Hanni 💙

"Ya conseguí a los candidatos."

Sonreí.

Teo 💙

"Perfecto. Nos vemos en el recreo."

Guardé el teléfono.

—¿Quién era? —preguntó Molly.

—Mi hermana.

Entrecerró los ojos.

—¿Qué están tramando ustedes dos?

Sentí un escalofrío.

—Nada importante.

Por suerte, el profesor entró justo en ese momento.

Era bajito, tenía un enorme bigote y una mirada capaz de hacer callar hasta al alumno más revoltoso.

—Buenos días.

Toda la clase guardó silencio.

El recreo llegó más rápido de lo que esperaba.

Corrí hasta la cancha de básquet.

Hanna ya estaba allí.

Y no estaba sola.

Unos diez chicos esperaban junto a las gradas.

Todos tenían el mismo objetivo.

Intentar conquistar a Molly Anderson.

No podía culparlos.

Era bonita, inteligente, modelo y, además, hija del dueño de una de las agencias de modelos más importantes del país.

Cualquiera querría intentarlo.

Me acerqué.

—¿Les explicaste cómo funcionará esto? —le pregunté a Hanna.

Ella negó con la cabeza.

—Quería que lo hicieras tú.

Respiré hondo y di un paso al frente.

—Antes de empezar hay cuatro reglas.

Levanté un dedo.

—Primera. Si Molly dice que no, es no. No quiero insistencias, persecuciones ni comportamientos raros.

Un segundo dedo.

—Segunda. Trátenla con respeto. Nada de burlas ni apuestas.

Un tercero.

—Tercera. Si salen con ella, quiero saber cómo va todo. No para controlar a nadie... sino porque quiero asegurarme de que esté bien.

Algunos intercambiaron miradas.

Levanté el cuarto dedo.

—Y la última.

Nadie puede contarle a Molly que yo organicé esto.

¿Quedó claro?

—¡Sí! —respondieron casi al mismo tiempo.

Hanna abrió su libreta.

—Primer candidato.

Johan Becker.

Un chico alto dio un paso al frente.

Rubio.

Ojos azules.

Buena sonrisa.

Y un físico que dejaba bastante claro que el gimnasio era casi su segunda casa.

Me tendió la mano.

—Mucho gusto.

—Igualmente.

Lo observé unos segundos.

Tenía buena presencia.

Parecía seguro de sí mismo.

Educado.

Y, siendo sinceros...

Era exactamente el tipo de chico que cualquiera imaginaría al lado de Molly.

Sonreí.

Tal vez acababa de encontrar al candidato perfecto.

Entonces levanté la vista.

Al otro lado del patio, Molly reía con unas compañeras.




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