Buscando Novio

CAPITULO 6 MOLLY

Caminaba por el pasillo cuando alguien se detuvo justo frente a mí.

Rubio.

Ojos azules.

Sonrisa impecable.

No recordaba haberlo visto antes.

—Hola, linda.

Le devolví una sonrisa por pura educación.

—Hola.

Se acomodó el cabello con una confianza que ya me hacía sospechar cómo terminaría aquella conversación.

—¿Sabes? Creo que el cielo cometió un error...

Suspiré por dentro.

Otra vez.

—¿Ah, sí?

—Sí. Debió dejar a un ángel allá arriba y, por accidente, te mandó aquí.

Lo observé unos segundos.

—Dime una cosa.

Parpadeó.

—¿Qué?

—¿De verdad esperabas que esa frase funcionara?

Su sonrisa vaciló.

—Solo quería romper el hielo.

—No.

Querías impresionarme.

Y son dos cosas muy diferentes.

Miró alrededor, buscando apoyo entre los estudiantes que empezaban a prestar atención.

—A la mayoría de las chicas les gustan los cumplidos.

Negué despacio.

—Yo no soy "la mayoría".

Soy Molly Anderson.

Y llevo escuchando exactamente las mismas frases desde que era una niña.

Di un paso para rodearlo.

Él no volvió a detenerme.

Mientras me alejaba pensé, una vez más, en lo agotador que era que todos parecieran conocer a la modelo...

Pero casi nadie quisiera conocer a Molly.

—¿Sabes? —comentó Tadeo mientras se apoyaba en mi casillero—. El rubio era bastante guapo.

Rodé los ojos.

—También era bastante insoportable.

—Solo intentaba conquistarte.

—Pues eligió la peor forma de hacerlo.

Él levantó las manos.

—Yo solo decía.

Suspiré.

No estaba molesta con él.

Solo estaba cansada.

Cansada de que todos vieran la misma versión de mí.

La chica de las fotografías.

La hija del dueño de una agencia.

La modelo.

Nunca a la persona.

Nunca a Molly.

Soy Molly Anderson.

Hija del fundador de Models Future.

Aprendí a caminar con tacones antes que a montar bicicleta.

A sonreír para una cámara antes de entender por qué estaba triste.

Y a fingir que todo estaba bien mucho antes de descubrir que no lo estaba.

A los doce años entendí que un pedazo de pastel podía convertirse en un discurso de media hora.

"Las modelos no comen eso."

"Endereza la espalda."

"Mete el abdomen."

"Sonríe."

"Siempre puedes hacerlo mejor."

Mi padre repetía esas frases una y otra vez.

Al principio sonaban como consejos.

Con el tiempo...

Se convirtieron en reglas.

Mamá era diferente.

Ella decía que no le importaba si algún día era modelo, doctora, astronauta o profesora.

Solo quería verme feliz.

Pero murió cuando yo tenía quince años.

Y, desde entonces...

La felicidad empezó a parecerse demasiado a un recuerdo.

—¿Nos vamos? —preguntó Tadeo.

Asentí.

Salimos del salón mientras los demás seguían conversando.

—¿Qué toca ahora?

—Literatura.

Caminamos unos metros en silencio.

Demasiados para nosotros.

Él me miró de reojo.

—Estás rara.

Forcé una sonrisa.

—Solo estoy un poco estresada.

Tenemos la fiesta...

Y después debo ir a la agencia.

—Entonces voy contigo.

Lo miré sorprendida.

—No hace falta.

—Claro que hace falta.

Negué con suavidad.

—Pasa la tarde con Sandra.

Hace días que casi no la ves.

Sonrió.

—¿Desde cuándo te preocupa mi vida amorosa?

Desvié la mirada.

—Desde siempre.

—No te creo.

Lo conocía demasiado bien.

Sabía que no dejaría el tema hasta obtener una respuesta.

Suspiré.

—No quiero que pierdas una tarde entera aburrido mientras yo trabajo.

Se detuvo.

Esperó a que levantara la vista.

—¿Sabes una cosa?

—¿Qué?

—Sí me aburro.

Muchísimo.

No pude evitar reír.

—Lo sabía.

—Pero nunca voy por la agencia.

Voy por ti.

Sentí que algo se encogía dentro de mi pecho.

Sonreí intentando que no lo notara.

Porque él lo había dicho como un mejor amigo.

Y yo...

Yo ya no estaba tan segura de sentir lo mismo.

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