Buscando una mamá

Prólogo

El llanto fue lo que me despertó.

Abrí los ojos confundida mientras el sonido atravesaba el enorme silencio de mi mansión en Beverly Hills.

Un bebé.

Otra vez.

Solté un suspiro frustrado y miré la hora en el reloj digital junto a mi cama.

2:43 a.m.

Perfecto.

Me levanté lentamente, acomodándome la bata de seda mientras caminaba por el pasillo oscuro. El llanto seguía escuchándose desde la habitación de invitados.

Desde que Noah Bennet había llegado a esta casa, el silencio desapareció por completo.

Y odiaba admitir que ya me estaba acostumbrando.

Empujé la puerta con cuidado.

La escena frente a mí me detuvo por completo.

Mason lloraba acostado en la cama mientras Theo dormía abrazado a una almohada. Y Noah…

Noah estaba sentado en el suelo, apoyado contra el colchón, completamente dormido con una mano todavía aferrada a la pequeña manta de uno de los niños.

Exhausto.

Mi mirada recorrió lentamente su rostro cansado, las ojeras marcadas y la tensión incluso dormido.

Había algo triste en él.

Algo roto.

Ya no quedaba nada del hombre arrogante que había visto meses atrás en revistas financieras. La vida prácticamente lo había destruido.

Excepto por ellos.

Sus hijos.

Me acerqué despacio hasta la cama de Mason sin entender muy bien por qué estaba haciéndolo.

No me gustaban los niños. Nunca quise hijos. Y definitivamente jamás imaginé verme despierta en mitad de la noche intentando calmar a uno.

Pero apenas tomé su pequeña mano, Mason dejó de llorar.

Así de simple.

Sus deditos se aferraron a mí mientras soltaba pequeños hipidos cansados.

Y entonces Noah despertó.

Levantó la mirada lentamente hasta encontrarme junto a su hijo.

Por un segundo ninguno dijo nada.

Porque algo acababa de cambiar dentro de esta casa.

Y ambos lo sentimos.




Reportar suscripción




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.