Narrado por Victoria Blake
—No entiendo por qué tienen tanta energía a las siete de la mañana.
Mason se ríe fuerte desde el suelo de mi oficina mientras Theo intenta meter un dinosaurio dentro de una de mis cajas de telas italianas.
Y honestamente…
Ya ni siquiera sé cómo terminé en esta situación.
Hace una semana mi mayor problema era una modelo cancelando una pasarela. Ahora tengo dos niños pequeños invadiendo mi atelier privado en Beverly Hills.
Y lo peor…
Es que no me molesta.
Noah tuvo que salir temprano a una reunión con sus abogados y Margaret también salió unas horas, así que terminé diciendo: “Yo puedo quedarme con ellos.”
Claramente sufrí un daño cerebral temporal.
Theo aparece frente a mí levantando un dibujo horrible lleno de colores.
—¿Eso soy yo? —pregunto.
Él asiente emocionado.
Miro el dibujo otra vez.
Parezco un espagueti millonario.
—Wow. El parecido es impresionante.
Mason aplaude feliz mientras yo termino riéndome bajito.
Dios.
¿Desde cuándo me río tanto?
Mi teléfono vibra sobre el escritorio, pero lo ignoro cuando Theo comienza a intentar alcanzar unas telas.
—No, no, no… eso cuesta más que mi paciencia, pequeño humano.
Lo cargo rápidamente antes de que destruya algo y automáticamente él rodea mi cuello con sus brazos.
Mi pecho hace esa cosa rara otra vez.
Ese calor extraño que aparece cada vez que ellos me abrazan.
Mason camina torpemente hacia mí levantando los brazos también.
Perfecto.
Ahora tengo un bebé en cada brazo.
—Esto definitivamente no combina con mi imagen pública —murmuro.
Los dos se ríen como si me hubieran entendido.
Y ya está.
Estoy completamente perdida con ellos.
Una hora después termino entrando a una exclusiva tienda infantil en Rodeo Drive.
Porque aparentemente ahora compro ropa para niños.
Qué humillante.
La vendedora me sonríe apenas entramos.
—¿Sus hijos son adorables.
Literalmente me quedo congelada.
—Oh, no son...
Theo toma mi mano justo en ese momento.
Traidor.
La mujer sonríe todavía más.
—Tenemos una nueva colección para hermanos.
Y antes de darme cuenta…
Estoy comprando dinosaurios de peluche, pequeños zapatos y dos mini chaquetas ridículamente caras que Noah probablemente odiará.
Mason abraza inmediatamente uno de los dinosaurios nuevos mientras Theo señala unos tenis con luces.
—No necesito encariñarme con ustedes —murmuro observándolos.
Theo me sonríe.
Y honestamente…
Creo que ya es demasiado tarde.
Cuando regreso a la mansión ya casi está atardeciendo.
Theo viene dormido en mis brazos abrazando su nuevo dinosaurio mientras Mason juega felizmente con las luces de sus zapatos nuevos.
Y sí.
Tal vez compré demasiadas cosas.
Pero honestamente no quiero analizarlo.
La puerta principal se abre apenas entro y Noah aparece desde la cocina todavía con una camisa negra arremangada.
Su mirada va directamente hacia los niños.
Y luego hacia mí.
Por alguna razón eso hace que mi corazón haga algo extraño.
—Te fue bien con los niños? —pregunta acercándose.
Mason inmediatamente levanta sus nuevos zapatos emocionado.
—Creo que eso responde la pregunta —murmuro.
Noah suelta una pequeña risa mientras toma a Theo dormido de mis brazos con muchísimo cuidado.
Y Dios.
Nunca voy a acostumbrarme a verlo actuar como papá.
Hay algo demasiado tierno en la forma en que acomoda automáticamente la cabeza de Theo sobre su hombro.
—¿Y tú? —pregunto dejando las bolsas sobre el sofá—. ¿Cómo te fue?
Su expresión cambia apenas un poco.
Más cansada.
—Los abogados creen que podemos recuperar parte de la empresa… eventualmente.
Frunzo el ceño.
—¿Eso significa algo bueno o algo horrible en lenguaje de abogado?
Eso hace que Noah sonría apenas.
—Significa que probablemente será un proceso largo.
Asiento lentamente mientras Mason corre torpemente hacia la cocina con su dinosaurio nuevo.
Noah observa las bolsas entonces.
Demasiadas bolsas.
—Victoria… ¿compraste media tienda?
Cruzo los brazos inmediatamente.
—Necesitaban cosas.
Él arquea una ceja.
—Esos zapatos tienen luces.
—Eso claramente era una necesidad básica.
Noah se ríe bajito negando con la cabeza.
Y odio admitir cuánto me gusta escucharlo reír.
—Gracias —murmura entonces mirándome de una forma demasiado suave.
Mi pecho se aprieta raro otra vez.
—No fue nada.
Mentira.
Porque sí fue algo.
Y ambos lo sabemos.
El silencio entre nosotros se vuelve tranquilo mientras caminamos hacia la cocina.
Cómodo.
Demasiado cómodo.
Noah deja a Theo sentado sobre la isla todavía medio dormido antes de mirarme otra vez.
—Aunque debo admitir algo.
—¿Qué cosa?
Él sonríe apenas.
—Jamás imaginé llegar a casa y encontrar a Victoria Blake comprando dinosaurios y tenis con luces.
Pongo los ojos en blanco intentando esconder la sonrisa que amenaza con aparecer.
—Y yo jamás imaginé dejar entrar a un hombre arruinado con dos bebés a mi mansión.
Noah se queda mirándome unos segundos.
Entonces se acerca apenas un poco más.
—Supongo que ambos estamos llenos de sorpresas.
Y Dios mío…
Necesito urgentemente dejar de ponerme nerviosa cuando este hombre se acerca tanto.
La casa finalmente queda en silencio cerca de las diez de la noche.
Después de baños, cuentos improvisados y veinte minutos intentando convencer a Mason de que los dinosaurios también necesitan dormir, los dos niños finalmente caen rendidos.
Y honestamente…
No entiendo cómo Noah hace esto todos los días sin perder la cabeza.
Bajo a la cocina buscando agua todavía cansada cuando lo encuentro apoyado contra la isla revisando algo en su teléfono.