Buscando una mamá

Capítulo 6

Narrado por Noah Bennet

Algo está mal.

Lo sé incluso antes de abrir completamente los ojos.

Mason está llorando.

No es un llanto normal.

Es débil. Quejumbroso. Como si le doliera algo.

Me incorporo inmediatamente en la cama y enciendo la lámpara.

—Mason...

Mi corazón se detiene.

Su carita está completamente roja.

Me acerco rápido y apoyo una mano sobre su frente.

Está ardiendo.

—Dios mío.

El pánico me golpea de lleno.

Lo cargo inmediatamente mientras él se aferra a mi camisa llorando bajito.

No.

No, no, no.

Por favor, no.

Busco el termómetro entre mis cosas con manos temblorosas.

Tardo apenas unos segundos en encontrarlo.

Y cuando veo la temperatura...

Siento que la sangre abandona mi cuerpo.

104°F.

—Mierda.

Mi respiración se acelera.

Theo sigue dormido en la otra cama completamente ajeno a todo mientras intento pensar.

Vamos, Noah.

Piensa.

Piensa.

Llevo a Mason al baño y abro el agua tibia de la bañera.

—Todo va a estar bien, campeón —murmuro aunque ni yo mismo me creo mis palabras.

Mis manos tiemblan.

Odio esto.

Odio sentir que no tengo el control.

Odio ver a mis hijos sufrir.

Mason sigue llorando apoyando la cabeza en mi hombro mientras intento bajar la fiebre.

—Por favor, por favor...

Ni siquiera sé si le estoy hablando a él o a Dios.

Entonces escucho unos pasos apresurados en el pasillo.

La puerta del baño se abre.

Y aparece Victoria.

Cabello desordenado. Pijama de seda negra. Completamente dormida.

Hasta que me ve.

Y todo el sueño desaparece de su rostro.

—¿Noah?

Mi mandíbula se tensa.

—Tiene fiebre.

Ella observa a Mason inmediatamente.

Su expresión cambia por completo.

—¿Cuánto?

—Muy alta.

Victoria se acerca sin dudarlo.

Sin miedo.

Sin incomodidad.

Simplemente se acerca.

Apoya una mano sobre la frente de Mason y frunce el ceño.

—Está ardiendo.

Mi pecho se aprieta.

—Lo sé.

Por primera vez desde que la conozco, escucho miedo en mi propia voz.

Y odio eso.

Victoria levanta la mirada hacia mí.

—¿Necesitas ayuda?

La pregunta casi me rompe.

Porque llevo semanas haciendo todo solo.

Porque desde que todo se derrumbó no he tenido a nadie.

Porque cuando tus hijos se enferman a las tres de la mañana se supone que debería haber alguien contigo.

Y por primera vez en mucho tiempo...

Hay alguien.

Trago saliva.

—Sí.

La respuesta sale apenas como un susurro.

Victoria asiente inmediatamente.

—Okay.

No preguntas. No dudas.

Solo un "okay".

Como si fuera nosotros contra el problema.

Como si no estuviera solo.

Y de repente eso significa más de lo que debería.

Victoria toma una toalla limpia mientras yo sostengo a Mason.

—Voy a buscar el botiquín.

Asiento.

Ella desaparece por el pasillo y vuelve menos de un minuto después.

Y mientras la observo moverse por el baño ayudándome con una calma que yo ya perdí hace rato...

Me doy cuenta de algo peligroso.

Muy peligroso.

No recuerdo la última vez que me sentí tan aliviado de ver a una persona.

Mason sigue llorando bajito mientras lo sostengo contra mi pecho.

La fiebre no baja tan rápido como me gustaría.

Y eso me está volviendo loco.

—Vamos, campeón... —susurro besando su cabello húmedo.

Victoria regresa con el botiquín, una botella de agua y varias toallas limpias.

Parece completamente despierta ahora.

Como si las tres de la mañana no existieran.

—Dame una de las toallas —dice con calma.

Obedezco inmediatamente.

Ella la humedece con agua fresca y luego se acerca a Mason.

—Hola, pequeño.

Su voz cambia por completo.

Más suave.

Más dulce.

Algo que nunca le había escuchado antes.

Mason levanta apenas la cabeza llorosa y automáticamente extiende los brazos hacia ella.

Mi corazón se detiene.

Porque ni siquiera duda.

Simplemente la busca.

Victoria parece sorprendida apenas un segundo.

Luego lo toma entre sus brazos.

Y Dios.

La escena me golpea demasiado fuerte.

Porque ella lo sostiene como si hubiera hecho esto toda su vida.

Lo acomoda contra su pecho.

Le acaricia el cabello.

Le susurra palabras tranquilas.

Y Mason deja de llorar casi de inmediato.

—Ya está, mi amor... —murmura ella mientras le pasa la toalla por la frente—. Ya está.

Mi amor.

Mi pecho se aprieta tan fuerte que casi duele.

Victoria sigue meciéndolo suavemente mientras él esconde la carita en su cuello.

Como si ese fuera exactamente el lugar donde quiere estar.

—Creo que deberíamos llevarlo al hospital —dice ella levantando la mirada hacia mí.

Asiento inmediatamente.

—Sí.

—Voy contigo.

No es una pregunta.

No es una oferta.

Es una decisión.

Y honestamente...

No quiero discutirla.

Porque verla aquí.

Con Mason en brazos.

Cuidándolo como si fuera suyo.

Está calmando un miedo que me estaba consumiendo por dentro.

Victoria le da un beso en la frente antes de envolverlo mejor en una manta.

Y por un segundo...

Por un solo segundo...

Parece una madre.

La madre que mis hijos nunca tuvieron.

La imagen me golpea tan fuerte que tengo que apartar la mirada.

Porque es peligrosa.

Muy peligrosa.

Porque empieza a parecer demasiado natural.

Demasiado correcta.

Theo aparece entonces en la puerta medio dormido, abrazando su dinosaurio verde.

—¿Theo? —pregunto sorprendido.

Él se frota los ojos confundido.

Y cuando ve a Mason enfermo...




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