Narrado por Victoria Blake
Dormí exactamente dos horas.
Dos.
Y ahora estoy en una farmacia comprando medicamentos para un niño que ni siquiera es mío.
Definitivamente mi vida tomó un giro extraño.
—Victoria, ya tenemos todo —dice Noah por quinta vez.
Ignoro completamente su comentario y agrego otro paquete de jugos al carrito.
—El médico dijo hidratación.
—Compraste suficientes jugos para sobrevivir un apocalipsis.
—Noah.
—Victoria.
Lo miro.
Él me mira.
Y por alguna razón ambos terminamos sonriendo.
Dios.
Necesito dejar de disfrutar esto.
Mason está dormido en el carrito cubierto con una manta mientras Theo camina a nuestro lado abrazando su dinosaurio.
Por suerte la fiebre bajó.
Y por primera vez desde la madrugada siento que puedo respirar.
Hasta que una voz femenina rompe el momento.
—Vaya.
El cuerpo de Noah se congela.
Completamente.
Mi sonrisa desaparece.
Porque conozco esa expresión.
Es la misma que pone cuando algo le duele.
Lentamente me giro.
Y la veo.
Rubia. Hermosa. Vestida completamente de diseñador.
Y con una sonrisa que ya me cae mal.
—Noah Bennet —dice observándolo de arriba abajo—. Esto sí que no me lo esperaba.
El silencio se vuelve incómodo.
Theo inmediatamente se acerca a Noah.
Instinto puro.
Protección.
La mujer parece notarlo.
Y no le gusta.
—Hola, Vanessa —dice Noah con una frialdad que jamás le había escuchado.
Ah.
Así que ella es Vanessa.
La famosa Vanessa.
La mujer que abandonó a Noah cuando perdió todo.
La mujer que abandonó a sus hijos.
Interesante.
Vanessa cruza los brazos.
—Escuché que estabas mal, pero no imaginé que tan mal.
Mis ojos se estrechan.
—¿Perdón?
Ella ignora mi presencia.
—Trabajando como chef privado, comprando medicamentos en oferta...
Hace una pausa.
Luego sonríe.
—La vida sí da vueltas.
Mi sangre empieza a hervir.
Noah permanece en silencio.
Pero puedo ver cómo se tensa su mandíbula.
Vanessa vuelve a mirarlo.
—Aunque supongo que alguien tiene que pagar las cuentas ahora.
Dios mío.
Qué desagradable.
Luego sus ojos se posan en Mason.
Y sonríe.
Pero no una sonrisa maternal.
Una sonrisa cruel.
—Al menos los niños siguen siendo lindos.
Como si estuviera hablando de accesorios.
Como si fueran objetos.
Theo inmediatamente esconde la cara contra la pierna de Noah.
Y algo dentro de mí explota.
Vanessa finalmente me mira.
—Y tú debes ser la nueva niñera.
Silencio.
Noah da un paso adelante.
Pero ya es tarde.
Porque yo ya estoy molesta.
Muy molesta.
Sonrío.
La misma sonrisa que uso cuando estoy a punto de destruir a alguien públicamente.
—No.
Vanessa arquea una ceja.
—¿No?
—Soy Victoria Blake.
Su sonrisa desaparece.
Inmediatamente.
Perfecto.
Porque claramente sabe quién soy.
Todo el mundo lo sabe.
—Oh...
—Y ya que estamos presentándonos —continúo tranquila—, tú debes ser Vanessa. La mujer que abandonó a sus hijos cuando su esposo perdió dinero.
Noah me mira.
Vanessa palidece.
Y yo apenas estoy empezando.
—Qué alivio conocerte finalmente.
—Victoria...
—No, Noah. Déjame terminar.
Vanessa cruza los brazos.
—No sabes nada de nuestra historia.
Suelto una pequeña risa.
—Sé que Noah estuvo despierto toda la noche con Mason enfermo.
Su expresión cambia apenas.
—Sé que Theo corre hacia él cuando tiene miedo.
Otro golpe.
—Y sé que durante todo ese tiempo tú no estabas.
Silencio.
Brutal silencio.
Vanessa aprieta los dientes.
—Eso no es asunto tuyo.
—Tienes razón.
Me acerco apenas un poco.
—Porque si fuera asunto mío, ni siquiera tendrías el descaro de acercarte después de abandonarlos.
La expresión de Vanessa se rompe.
Por primera vez.
Y honestamente...
No siento ni una pizca de culpa.
Porque he visto a Noah levantarse solo.
He visto a esos niños buscar amor.
Y he visto quién estuvo ahí.
No ella.
Noah.
Vanessa mira a Noah esperando que la defienda.
Pero él no dice nada.
Absolutamente nada.
Y creo que eso le duele más que cualquier palabra.
Finalmente ella toma su bolso.
—Disfruta jugar a la familia feliz.
Mi corazón se acelera.
Pero antes de que Noah responda...
Sonrío.
—No te preocupes.
Miro a Theo abrazando la mano de Noah.
Luego a Mason dormido.
Y finalmente a ella.
—Alguien tenía que hacerlo.
Y por primera vez desde que apareció...
Vanessa se queda sin palabras.
El silencio dentro del auto dura exactamente tres minutos.
Tres.
Largos.
Incómodos.
Silenciosos.
Theo está dormido en su silla infantil abrazando su dinosaurio y Mason sigue profundamente dormido después de la medicina.
Yo conduzco.
Noah mira por la ventana.
Y ninguno parece saber qué decir.
Hasta que finalmente él rompe el silencio.
—Gracias.
Aprieto un poco más el volante.
—No tienes que agradecerme.
—Sí tengo que hacerlo.
Su voz sale más seria esta vez.
Más profunda.
Lo miro apenas un segundo antes de volver la vista a la carretera.
Noah suspira.
—No recuerdo la última vez que alguien me defendió así.
Mi pecho se aprieta.
Porque no hay orgullo en sus palabras.
Solo tristeza.
Mucha tristeza.
—Bueno, alguien tenía que decirle la verdad.
Él deja escapar una pequeña risa.
—Creo que la destruiste emocionalmente.
—Se lo merecía.