Narrado por Noah Bennet
No recuerdo la última vez que me desperté con esperanza.
Esperanza real.
De la que te hace pensar que tal vez las cosas van a salir bien.
Tal vez porque Mason ya está mejor.
Tal vez porque Theo volvió a llenar la casa de risas.
O tal vez porque cuando bajo las escaleras encuentro a Victoria dormida sobre el sofá con varios bocetos esparcidos a su alrededor.
Mi corazón hace algo extraño.
Algo que últimamente hace demasiado seguido.
Me quedo observándola unos segundos.
La diseñadora más famosa de Beverly Hills está dormida abrazando una almohada.
Y honestamente...
Nadie me creería.
Sonrío.
Luego tomo una manta y la cubro con cuidado.
Victoria ni siquiera se despierta.
Solo se acomoda mejor.
Dios mío.
Es adorable.
No.
No.
No debo pensar eso.
Definitivamente no.
Mi teléfono vibra justo en ese momento.
Frunzo el ceño al ver el nombre en la pantalla.
Robert.
Mi abogado.
Mi pulso se acelera.
—¿Robert?
—Noah, tengo noticias.
Me aparto hacia la cocina inmediatamente.
—¿Qué pasó?
Silencio.
Y luego:
—Ganamos la primera parte.
Me quedo inmóvil.
Completamente inmóvil.
—¿Qué?
—La corte autorizó congelar los activos personales de Daniel mientras continúa la investigación.
Mi respiración se corta.
—¿Hablas en serio?
—Completamente.
Siento que el mundo entero se detiene.
Después de meses.
Meses de pesadilla.
Por primera vez algo sale bien.
Robert continúa hablando.
—También encontramos pruebas nuevas.
—¿Qué tipo de pruebas?
—Transferencias bancarias.
Mi corazón empieza a latir tan fuerte que puedo escucharlo.
—Eso significa...
—Significa que Daniel está en problemas.
Dios.
Dios mío.
Paso una mano por mi rostro.
No puedo creerlo.
No puedo.
—Todavía falta mucho camino —advierte Robert—. Pero vamos ganando.
Cuando la llamada termina me quedo varios segundos mirando la pantalla.
Sin moverme.
Sin respirar.
Porque no es solo dinero.
Nunca fue solo dinero.
Es mi nombre.
Mi reputación.
Mi vida.
Y por primera vez siento que puedo recuperarla.
—¿Noah?
Levanto la mirada.
Victoria está parada en la entrada de la cocina.
Todavía medio dormida.
Con el cabello desordenado.
Y un lápiz atrapado entre los mechones.
No debería verme tan hermosa esta mujer.
Simplemente no debería.
—¿Todo bien?
Mi sonrisa aparece antes de poder evitarlo.
Una sonrisa enorme.
Probablemente la más grande que he tenido en meses.
Victoria parece confundida.
—¿Por qué estás sonriendo así?
Me acerco.
Demasiado emocionado para pensar.
—Tenemos avances.
Sus ojos se iluminan inmediatamente.
—¿De verdad?
Asiento.
—Encontraron pruebas nuevas.
Victoria sonríe.
Y por alguna razón...
Parece tan feliz como yo.
—Noah, eso es increíble.
—Lo sé.
—¡Eso es increíble!
Y antes de que cualquiera de los dos pueda procesarlo...
Me abraza.
Así.
Sin aviso.
Sin pensarlo.
Simplemente me abraza.
Mi cerebro deja de funcionar.
Completamente.
Porque Victoria Blake está entre mis brazos.
Porque huele increíble.
Porque encaja demasiado bien ahí.
Y porque ninguno de los dos parece moverse.
El tiempo se detiene.
Un segundo.
Dos.
Tres.
Entonces ella parece darse cuenta de lo que acaba de hacer.
Se separa inmediatamente.
Sus mejillas están rojas.
Las mías probablemente también.
—Yo...
—Gracias.
Hablamos al mismo tiempo.
Perfecto.
Absolutamente perfecto.
Victoria aparta la mirada.
Yo también.
Porque el ambiente acaba de volverse peligrosamente intenso.
Y justo en ese momento...
Theo aparece en pijama.
—Tori.
Luego Mason.
—Towi.
Victoria cierra los ojos.
Yo empiezo a reírme.
Y los niños corren directamente hacia ella.
Como siempre.
Mientras la observo levantar a Mason y tomar la mano de Theo...
Entiendo algo que me asusta más que perder una empresa.
Mucho más.
Porque si las cosas siguen así...
No solo voy a recuperar mi vida.
Voy a enamorarme de Victoria Blake.
—Hace meses reservé unas vacaciones familiares.
Victoria parpadea varias veces.
—¿Vacaciones?
Asiento.
—Antes de que todo explotara.
Miro a Theo intentando darle un trozo de waffle a un dinosaurio de plástico.
—Pensé que sería el primer viaje importante de los niños.
Mi voz sale más baja de lo que esperaba.
Porque la verdad es que ese viaje significaba mucho para mí.
Había imaginado tantas cosas.
Verlos correr por la playa.
Tomar fotografías.
Construir castillos de arena.
Crear recuerdos.
Y luego mi vida se derrumbó.
Victoria me observa en silencio.
—¿Y todavía puedes ir?
—Sí.
Ella arquea una ceja.
—¿Cómo?
—Porque ya estaba todo pagado.
Su expresión cambia.
Más suave.
—Oh.
Asiento.
—La reserva sigue activa.
Victoria juega distraídamente con la mano de Mason.
—¿Y a dónde iban?
—Hawái.
Sus ojos se abren.
—¿Hawái?
—Sí.
—¿La isla de Maui?
—Sí.
Victoria me señala.
—Noah Bennet, eso no son vacaciones.
—¿No?
—Eso es un sueño.
Termino riéndome.
Y entonces respiro hondo.
Porque ahora viene la parte difícil.
—Quiero que vengas con nosotros.
Silencio.
Completo silencio.
Incluso yo me arrepiento un poco apenas las palabras salen de mi boca.