Buscándote

12. El amor y el sol

El chico intentó construir un puzzle mental con todas las casualidades que se estaban presentando ante él.

Observó en silencio como Sarah se movía agitada mientras buscaba una forma de explicarse. Él tenía claro que había perdido práctica en relaciones sociales pero había algo extraño en la actitud de Sarah.

—Evans —Habló Sarah casi en un susurro.— ¿Nunca has sentido que las cosas pasan por algo? A veces pienso ¿Por qué a mí? E intento buscar un motivo... Aunque no siempre lo encuentro.

Entonces los ojos de Sarah se clavaron en Evans, y a pesar de la distancia, Evans encontró una profundidad muy triste en su mirada. Y se dio cuenta de que brillaba un verde intenso en sus ojos. Quería hablar, aunque parecía que ella no buscaba ninguna respuesta, quería decirle que pensaba igual y que quería saber por qué soñaba con ella.

—Sé que es precipitado... Y lo siento si te asusto —Su vista volvió al cielo con los hombros relajados.— Pero necesito que encuentres el motivo, Evans. Antes de que se acabe el tiempo.

—¿El motivo de que? —Esta vez la voz del chico denotaba nerviosismo.

Sarah se levantó de un salto avanzando recto y después caminó hasta Evans con energía. Estiró de sus manos para ponerle en pie y lo abrazó. Él se quedó quieto unos segundos, en shock. Y poco a poco, le devolvió el abrazo. La rodeó con fuerza, por un momento se sintió otra vez en uno de sus sueños, pero esta vez había podido alcanzarla. Está vez podría ayudarla aunque todavía no sabía como. Parecía que el mundo se había parado en ese instante, como si el sol hubiese querido darles un respiro. El chico apoyó levemente la cabeza sobre el pelo de Sarah, e inspiró profundamente. Su pelo olía a vainilla y menta y supo que era así cómo podía imaginarlo en sus sueños.

—Evans —Susurró de nuevo contra su pecho.

Y unas mariposas revolvieron todo su estómago.

—Por favor, ayúdame —Continuó.

Un deja vú azotó a Evans.

—Sarah… ¿Ayudarte a qué? —Evans separó un poco a la chica para mirarla a los ojos.

—Eres como en mis sueños —Ella rió amargamente.

Ésta soltó completamente su agarre, cogió la mano de Evans y lo atrajo hacia el banco. Los dos se sentaron en silencio, Y Sarah apoyó su cabeza en el brazo de Evans.

—Yo también llevo soñando contigo mucho tiempo —Titubeó Evans inseguro.

—¿Qué es el amor? —Preguntó ella.

Sarah parecía constantemente en su mundo, como si nunca siguiera el hilo de conversación, parecía una niña pequeña. Evans la observó disimuladamente mientras que ella parecía contar con la mirada las pocas estrellas que aún estaban visibles en el cielo.

—El amor, Evans, es como el sol ¿Sabes? Es bonito, te da una calidez que te llena de calma. Pero si te acercas demasiado, acabarás quemado.

Evans reflexionó las palabras de Sarah.

—Pero si estuviera demasiado lejos, moriríamos de frío —Intentó seguir la lógica de la metáfora.

—Y ese es el juego ¿Entiendes? Tienes que encontrar el punto justo. Mantenerse suficientemente cerca para que te caliente el corazón sin acercarte demasiado como para quemarlo —Hizo una pausa y lo miró a los ojos.

Sí, estaba seguro de que eran verdes, un verde salvaje que parecía hipnotizarle.

—Como tú en mis sueños. Nunca me dejas acercarme demasiado, pero tampoco estás demasiado lejos —Continuó.

—¿Qué sueñas cuando sueñas conmigo?

—Me encuentro en un prado rodeada de flores y tú estás en frente. Entonces tú corres hacia mí y escucho el claxon de un coche detrás mío. Y ya no estás delante, estás frente al coche. Corro lo más rápido que me permiten mis piernas para intentar salvarte pero entonces las luces me ciegan y despierto.

Evans guardó silencio. Un escalofrío recorría todo su cuerpo, como un mal presagio. Exhaló el aire que contenía en los pulmones e inhaló profundo.

—Por eso tienes que ayudarme —Suplicó ella.

—¿Cómo puedo hacerlo? No te entiendo…

Evans soltó suavemente su brazo del agarre de Sarah, incómodo por la situación tan surrealista.

—Creen que estoy loca, Evans, creen que me volví loca aquel día. Pero no es así.

Él no entendía a quienes se refería Sarah, o qué es lo que necesitaba.

—Sarah, no estoy entendiendo nada de lo que dices —Insistió de nuevo.

—Es difícil de entender, solo necesitas tiempo —Concluyó ella.

Evans intentó seguir la conversación, pero antes de que pudiera, las manos de Sarah estaban empujando sus mejillas y sus labios se habían unido.

Le estaba besando.

La boca de Evans se quedó quieta unos segundos, pero cedió lentamente al ritmo de la de Sarah y continuó el beso. Su cabeza quedó en blanco y sintió que todas esas noches de insomnio tenían sentido. Ahora sí.

¿Podías amar a alguien antes de saber que existía?

Sintió de nuevo las mariposas en su estómago y su piel se erizó. Dos extraños besándose bajo el amanecer sintieron que el universo estaba conspirando para unirlos. Sus labios se separaron lentamente y Sarah volvió a abrazar a Evans.

Era como un huracán. Arrasaba contigo en unos instantes si no huías. Y ese pensamiento se conectó con otro, Mar. Ella era como el oasis en medio del desierto.

Y de dio cuenta de que en un mismo día había besado a dos chicas. Sintió que su vida se le estaba yendo de las manos. Sus pensamientos volaron como pájaros rebeldes hasta su vida cuando su prima cuidaba de él. Más de una vez ella le había dicho de coña que las mujeres eran peligrosas. Y ahora le daba la razón mentalmente. Quiso poner orden en su cabeza y en sus sentimientos.

Vale, las dos eran desconocidas. Pero Sarah era la chica con la que literalmente estaba soñando desde hace años. Aunque siendo sinceros, no se la imaginaba así.

—Sarah, llevo soñando contigo desde que... —Y pensó en el accidente de sus padres. Sacudió la cabeza.— Quiero saber por qué, no creo en el destino. Pero tanta casualidad me asusta.




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