UNA MARIPOSA NEGRA
Daniel convirtió la búsqueda en una tarea que fingía no ser personal. Solicitó a Marcus un informe sobre el símbolo de la chaqueta, alegando que cualquier persona presente en un incidente que casi había costado la vida de Valentina debía ser identificada.
Marcus no discutió, aunque su silencio dejaba claro que entendía la verdadera razón.
Dos días después, colocó sobre el escritorio de Daniel una carpeta mucho más gruesa de lo esperado.
La mariposa negra estaba vinculada a Luxury.
El nombre aparecía en informes policiales, artículos de prensa y expedientes cerrados sin acusaciones. Luxury controlaba parte del distrito sur, tenía negocios legales utilizados como cobertura y una estructura interna sorprendentemente disciplinada. Había participado en extorsiones, transporte ilegal y conflictos violentos, pero también existían informes extraños: clínicas financiadas de forma anónima, alquileres pagados para familias desplazadas y una reducción significativa de delitos contra menores en territorios bajo su control.
Marcus señaló que la líder utilizaba el alias Butterfly. Su identidad real nunca había sido confirmada oficialmente.
Daniel miró la fotografía borrosa.
La posibilidad resultaba absurda y, al mismo tiempo, demasiado coherente. La forma en que la mujer había evaluado el peligro, su desaparición inmediata, las motocicletas que llegaron por ella.
Preguntó qué sabían de Butterfly.
Muy poco.
Eso le molestó.
En Luxury, Emily también estaba investigando.
Kiara rastreó el mensaje anónimo hasta una red de servidores desechables. Ghost descubrió que Crimson Crown había comprado armas nuevas a través de Asterion Freight, una empresa cuya propiedad final se escondía detrás de varias sociedades.
Cuando Kiara pronunció el nombre Alfa Industries, Emily creyó haber escuchado mal.
Asterion era una subsidiaria logística de Alfa
La coincidencia unía demasiado rápido los dos incidentes. Emily prohibió cualquier movimiento contra Alfa hasta tener pruebas. Una empresa de ese tamaño podía ser utilizada sin conocimiento de su CEO.
Pero también podía no serlo.
Aquella tarde visitó la clínica del distrito para comprobar que los medicamentos robados hubieran sido reemplazados. La directora le informó que una fundación vinculada a Alfa Industries acababa de ofrecer financiar una nueva sala pediátrica. Emily no pudo evitar una sonrisa sin humor.
Daniel Moretti parecía aparecer en cada esquina de su semana.
Esa misma noche, Daniel asistió a una gala benéfica organizada por la fundación de Alfa. Era el tipo de evento que dominaba sin esfuerzo: trajes oscuros, copas caras, conversaciones calculadas. Valentina estaba con Alessandra y se había recuperado del susto, aunque seguía hablando de la mujer que la había salvado.
Daniel estaba conversando con un senador cuando la vio.
No a Emily.
Una mariposa negra.
El símbolo estaba grabado en una pequeña tarjeta que alguien había dejado dentro del bolsillo de su abrigo. No había cámaras en el guardarropa y nadie admitió haber visto a una persona acercarse.
En el reverso había una frase escrita a mano:
Deje de buscarme, señor Moretti.
Daniel sintió algo muy parecido a la satisfacción.
La mujer sabía que la buscaba.
Eso significaba que también estaba observándolo.
Marcus consideró la tarjeta una amenaza. Daniel no.
Una amenaza habría exigido algo. Aquello era una advertencia, quizá incluso una frontera.
La guardó en su cartera.
Al otro lado de la ciudad, Emily recibió la confirmación de Kiara de que el mensaje había sido entregado. Había esperado que Moretti entendiera y abandonara la búsqueda.
No conocía todavía una de las características más peligrosas de Daniel: cuanto más claramente le...