Buzdan Zırh: Yaralı Gurur"

Capitulo 2: La Tormenta en el Imperio de Hielo

​Kraliçe miraba su reflejo en el cristal espejado de las imponentes torres de Alkan Holding. Llevaba puestos sus jeans ajustados favoritos y una camisa de seda impecable que resaltaba su silueta con una elegancia natural. La furia y la tensión del momento hacían que el tercer botón de la camisa tirara con fuerza con cada una de sus respiraciones agitadas. Ella, Kraliçe Soylu, la indomable profesora de literatura del Beşiktaş Anadolu Lisesi y el alma noble detrás del negocio "Altın Hasat", no se iba a doblegar ante nadie. Su corazón se había cerrado bajo llave a los diecinueve años, y hoy, con toda su madurez y la frente en alto, solo la movía el amor por su madre Nazan y el respeto que se había ganado a pulso en las calles de Ortaköy.
​Abrió las puertas del despacho principal sin pedir permiso a secretarias ni guardias. Frente a ella, junto al gran ventanal con vista al Bósforo, se levantaba Mirza Alkan. El impacto visual fue inmediato: era un hombre multimillonario, ridículamente guapo, alto y de porte aristocrático, pero con un aura de hielo que congelaría el mismísimo mar. Era noble, sí, pero estaba endurecido por la trágica muerte de su esposa; un hombre cuya única luz era su pequeña de cinco años, Duru, quien a esta hora estudia ajena a este mundo en el exclusivo jardín de infancia Yıldız Akademi. Esos ojos grises e intensos de Mirza la recorrieron con una mezcla de sorpresa, molestia y un magnetismo inevitable.
​Kraliçe no se dejó intimidar por aquel despliegue de poder. Avanzó con paso firme y golpeó el impecable escritorio de caoba con una pequeña cesta que traía directamente de su coche. El impacto fue tan seco y decidido que una hermosa fruta, un durazno dorado y maduro recién traído de los campos de Iznik, rodó descontrolado por el borde de la madera. Ambos bajaron la mirada por un segundo. Observaron lo que cayó al suelo alfombrado: la viva imagen de la tierra fértil que Alkan Holding pretendía destruir para construir sus hoteles de lujo.
​Ella levantó la mirada, sosteniendo la valla de hielo de él con sus ojos de fuego, y sentenció con firmeza:
​—Mi dignidad y el sustento de mi familia no están en venta, señor Alkan. No va a destruir mis huertos.
​El drama intenso había comenzado oficialmente en el corazón de Estambul. El choque colosal entre la realidad trabajadora de ella y la ficción del imperio económico de él acababa de encender una chispa que ninguno de los dos podría apagar.




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