Epílogo:
La gente de Argental cuenta que, desde aquel pacto, los atardeceres son más largos y los inviernos menos crueles. Porque ahora, el cielo y la tierra no son enemigos, sino amantes que aprendieron a encontrarse en el puente de un suspiro. Y mientras haya un corazón dispuesto a darlo todo por otro, ni los dioses ni el tiempo podrán apagar la luz de la esperanza.