Cada letra sobre ti

Idealizar los errores

Idealizar puede ser el camino más fácil cuando el peso de lo que se hizo mal se hace insoportable, humanamente inventamos historias, donde cada desvío fue necesario, cada equivocación tuvo un propósito incluso si aún no lo podemos ver.

A veces creemos que nuestros errores nos hacen más profundos, no dan matices que la perfección jamás podría alcanzar, convertimos cada paso en falso en una lección dorada que solo el destino podría haber dispuesto para nosotros.

Olvidamos que idealizar no es lo mismo que entender, mientras una nos lleva a vivir en un mundo de ilusiones, la otra nos permite construir un futuro más sólido sobre la base de lo que realmente sucedió.

Los errores son simplemente acciones que tuvieron consecuencia no esperadas o negativas, no necesitan ser ennoblecidos ni convertidos en parte de un plan mayor para tener valor en nuestras vidas, cuando idealizamos nuestros errores evitamos tomar responsabilidad plena de las decisiones decimos que fue necesario cuando en realidad simplemente no supimos como actuar o elegimos el camino más fácil en ese momento.

Hay belleza en la honestidad o fealdad en esta realidad, sí, esa de reconocer que nos equivocamos sin buscar excusas ni envolverlo en mantos de grandeza imaginaria, esa sinceridad es lo que realmente nos hace crecer como personas; algunos errores dejan cicatrices que nunca desaparecen, no importa cuánto intentemos pintarlas de colores bonitos, pero aceptar esa realidad, es el primer paso para sanar y seguir adelante.

¿Cómo llegamos a tal punto? ¿Crecimos así? ¿Qué tantos vacíos tengo? ¿Por qué lo sigo haciendo? Se repite también una y otra vez estos, los mismos errores, pero hay que creer que fueron necesarios, para también ver la necesidad de cambiar nuestros patrones de comportamiento.

La vida no necesita que justifiquemos cada uno de nuestros pasos en falso, simplemente necesita que aprendamos de ellos y que usemos ese conocimiento para caminar con más seguridad en el futuro, hay momentos en que nuestros errores afectan no solo a nosotros sino también a las personas que amamos, justificar a esa o a ese, no ayuda a nadie, mucho menos a mí que sufrí las consecuencias de sus acciones.

Ha sido tan doloroso y deprimente enfrentar esta realidad y trabajar en convertirme en una mejor versión de mí misma cada día aún más.

Y sé que, podemos encontrar valor en nuestros errores sin tener que maquillarlos, el valor está en la experiencia ganada en la capacidad de adaptarnos y en la decisión de no volver a cometerlos si es posible.

Dejar también es abrir la puerta a una vida más auténtica donde cada paso cuenta por lo que es y dónde tienes el poder de construir el camino que realmente deseas recorrer, cada acto es una oportunidad de mirarnos al espejo sin filtros sin maquillaje ni adornos imaginarios, es esa mirada directa donde encontramos la fuerza para corregir nuestro rumbo.

Aquellos errores, los que son más grandes, ellos son los que nos enseñan lo más importante sobre nosotros mismos, sobre nuestros límites, nuestras fortalezas y lo que realmente valoramos en la vida, no hay Gloria de los errores mismos, pero si hay grandeza y la manera en que las enfrentamos, en la humildad de reconocerlos y en la determinación de no dejarlos definir nuestro futuro.

Hubo un momento en el que empecé a construir una versión perfecta de él de la cual sabía que no existía realmente, y no lo hice con mala intención, simplemente quise creer que detrás de cada error había una explicación hermosa, una razón noble que justificaba todo.

Es curioso cómo funciona el cariño cuando todavía no queremos ver con claridad, la mente empieza a inventar excusas que suenan lógicas, incluso poéticas:

Si se alejaba, pensaba que necesitaba espacio para encontrarse.

Si callaba, imaginaba que estaba luchando con pensamientos profundos.

Si fallaba, lo interpretaba como una señal de que es humano, imperfecto, pero digno de comprensión infinita.

Sin darme cuenta, comencé a idealizar incluso aquello que me lastimaba:

Convertí sus ausencias en misterio.

Sus dudas en profundidad.

Sus errores en señales de un corazón complicado pero especial.

Verlo como alguien perfecto también es una forma silenciosa de engaño, hasta que un día comprendí que estaba defendiendo una versión suya que solo existía en mi imaginación, la realidad era más simple: era una persona con virtudes y defectos igual que cualquiera, y yo estaba intentando transformar sus defectos en poesía para que dolieran menos.

Esa revelación no fue inmediata, fue llegando poco a poco, como la luz del amanecer entrando por una ventana, primero ilumina una esquina, luego otra, hasta que ya no queda nada escondido.

Entonces entendí que amar no significa justificarlo todo.

Debía entender que también implicaba aceptar que alguien no es lo que habíamos imaginado.



#5542 en Novela romántica
#1517 en Chick lit
#1921 en Otros
#388 en Relatos cortos

En el texto hay: desesperanza, amor lejos, duelo de amor

Editado: 04.04.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.