Cada Verano Sin Ti

26: Regresar

 

Víctor le avisó a Sam que podría dejar de trabajar una semana antes de lo pactado, pues ya había cumplido con todas sus obligaciones y aun si no lo dijo, sé que también lo hace para que él pueda pasar tiempo conmigo durante estos últimos días.

Es por eso que hoy estoy frente al volante del auto de mamá, esperando a que me dé la siguiente indicación de como parquearme de lado.

—Ahora alinéate con ese carro —me pide y yo lo hago—, hace un ademan con la mano—, ahora gira y cuando llegues al punto que te dije, le das la vuelta.

—Voy a chocar —predigo.

Sam ríe. —No lo harás, vamos.

Lo intento un par de veces hasta que logro quedar en la mejor posición, Sam me hace salirme de nuevo para que siga practicando y para la última prueba, se baja del auto y me deja hacerlo yo sola.

Me estaciono perfectamente y Sam corre hasta el lado del piloto, abro la puerta y se inclina sonriendo. —Ahora vamos a conducir.

Arrugo la nariz. —No, aun no estoy lista.

Sacude mi cabello. —Nunca lo estarás hasta que te enfrentes a ellos, vamos.

Da la vuelta y se sube del otro lado, me hace salir de esta área que raramente pasan otros carros y nos encontramos con una calle real, con carros reales y conductores reales.

Aprieto con fuerza el volante haciendo que mis nudillos se vuelvan blancos, Sam acerca su mano y despega un poco mis dedos. —Tranquila, no pasará nada si te concentras.

Él me ayuda diciéndome cuando tengo que bajar las velocidades, cuando desacelerar y a donde girar. Aun si al principio estaba temblando, luego de unos veinte minutos de dar vueltas por todo el lugar, me siento un poco más relajada.

—Lo haces muy bien, ahora llévame hasta el restaurante de pollo picante —me pide.

Frunzo el ceño. —Ese está muy cerca de la carretera para salir de Pearl, habrá más autos.

Me da un toquecito en el hombro. —Puedes hacerlo, vamos.

Tomo una larga respiración y sigo sus indicaciones. Cada vez que un auto pasaba cerca de mí, temblaba un poco pero Sam se aseguraba de motivarme y recordarme que lo hacía bien. Finalmente llegamos y baje los hombros cuando me detuve en el estacionamiento.

—Asombroso —Sam celebra—, solo por eso te invitaré a comer, vamos.

Salimos del auto y el calor sofocante encuentra mi rostro. Sam se asegura que las puertas estén cerradas y caminamos hasta el restaurante, ahí el aire acondicionado nos refresca inmediatamente.

—Hola bienvenidos, ¿Mesa para dos? —pregunta una chica vestida con un uniforme blanco y amarillo.

Asentimos y nos lleva hasta el fondo, una mesa pegada a la pared. Nos sentamos frente al otro y ella nos entrega dos menús, avisa que volverá en pocos minutos para tomar nuestra orden.

—Quiero alas de pollo —le digo buscándolas en el menú—, con mucho picante.

—Yo prefiero no dañar mi sistema digestivo con la salsa picante pero por hoy, te acompañaré en tus malas decisiones.

Ruedo los ojos pero estoy sonriendo. —Muy gracioso, gracias por ayudarme a conducir —le digo.

Sam se recuesta en la pared. —Cuando estemos de vuelta en Porsthware iremos a que te hagas la prueba de manejo, así después serás mi chofer.

Niego. —Te cobraré por cada viaje.

La chica se nos vuelve a acercar y coloca dos vasos con agua y uno lleno de hielo, nos dice que es cortesía de la casa. — ¿Ya van a ordenar? —pregunta.

—Queremos las alitas picantes, dos porciones —Sam habla—, y para mí un jugo de piña con hielo, mucho.

—Yo también —pido.

Ella nos sonríe y se aleja para ir a avisar sobre nuestras órdenes. Tomo el vaso con agua y le doy un sorbo, necesitaba refrescarme luego de la tensión de manejar.

— ¿Puedo preguntarte algo? —Sam habla.

Asiento. —Adelante.

—Esos dos chicos que te han buscado en diferentes momentos, ¿Qué pasó realmente?

No quería pensar en ellos ahora. En realidad, hay veces donde no pienso en John o en Ren en absoluto.

—Pues ya te dije, ¿No? Salía con uno de ellos y el otro me besó en una fiesta.

Niega. —Pero que sucedió realmente, ¿Por qué el chico de la playa te usó como venganza?

—Ah —doy otro sorbo—, pues Ren y su hermana eran pareja pero las cosas salieron mal y supongo que quería vengarse.

— ¿De casualidad su hermana se llama Jiyu? —Sam pregunta tomando también un poco de agua.

Mis ojos se abren. — ¿La conoces? —Pensé que Sam no conocía a Ren o a John.

Sam niega, suspirando. —En realidad, hace unas noches… —creo que está pensando si debería seguir hablando—, mira, no quiero parecer un chismoso pero siento que necesitas saber esto.

— ¿Qué? —mi corazón comienza a acelerarse.

—Pues… mira, un día llegó Carlos a casa para visitar a mi hermano, ya sabes que son amigos —asiento esperando a que siga—, la cuestión es que ellos estaban en el jardín de atrás y solo estaban platicando, pero la ventana de mi habitación queda justo encima del jardín y podía escucharlos.

La chica se acerca con nuestros jugos de piña y cubiertos, esperamos que se vaya y Sam sigue con su relato.

—El punto es que, no estaba prestando atención pero luego escuché tu nombre —juega con los cubiertos—, escuché que mi hermano le preguntó cómo te conocía a lo que él respondió que tú y su hermano solían verse pero ya no. Mi hermano le preguntó porque y le dijo que tu sabías la verdad.

— ¿La verdad?

Sam asiente. —La verdad pero también dijo que no toda la verdad, que su hermano Ren le había dicho que tu solo conocías una parte de la historia y que el resto era la parte errónea.

Niego. —No entiendo.

Sam se inclina. — ¿Sabes sobre un embarazo, no? —pregunta bajando la voz.

Yo le digo que sí. —Y que luego él la engañó y la dejó, no quería hacerse cargo del bebé.

Sam baja sus hombros seguido, niega con el rostro. —Según lo que escuché, eso no pasó.




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