Caelestia Lunam

Capítulo 7: TORBELLINO (Parte II: "El héroe y la oferta")

Parte 2 “El héroe y la oferta”

La posada donde nos habían dado acogida era relativamente pequeña, pero tampoco era necesario demasiado espacio para solo 15 personas así que los pobladores habían sido sabios en su elección. No se requirieron más acuerdos o consignas, quedaba en claro que Thaliel y Seth iban a seguirme, sabría la diosa luna por qué, pero era útil tener tan buen respaldo como los dos chicos.

Quería tiempo para llorar mi pena, preguntar el lugar donde había sido sepultado mi padre y pasar un momento junto al sitio, en proceso de duelo antes de asimilar los sucesos y poder ponerme en pie para seguir con la lucha que solo parecía más inalcanzable cada día que pasaba. Había duda y temor sembrados en todos nosotros pero el truco era no dejar que florecieran y eclipsaran el resto de nuestras razones, nuestros ideales.

Que no nos olvidáramos de la temerosa gente que nos había dado un lugar donde tomar aire y que confiaba en nosotros para frenar aquella caza sin sentido.

No habían pasado ni siquiera cinco minutos después de la emisión del comunicado cuando los dos chicos y yo estábamos descendiendo la escalerilla, colocándonos las prendas de ropa faltantes y llamando a los miembros del escuadrón que no pudimos encontrar en nuestro descenso.

Uno a uno los rostros fueron acumulándose en la primera planta, justo en el comedor que al ser el lugar más amplio suponía la ubicación correcta para reunirnos todos.

— No creo que a nadie se le haya escapado el comunicado — Soltó Thaliel de golpe, atrayendo la atención de todos —. Tenemos que encontrar qué hacer. No podemos dejar a los prisioneros en manos de la armada, ni siquiera confío en que pasen con vida los tres días prometidos — Varios asintieron con la cabeza de forma breve, dirigiéndome miradas de vez en vez, como si esperaran palabras que no sabía ordenar ahora.

— Un plan, una táctica de carnada. Lo que sea necesario, pero no tenemos tiempo para quedarnos aquí viéndonos los unos a los otros. De cualquier manera ya deberíamos estar muertos — La voz de Seth retumbó más que la de su compañero, consiguiendo hacer apagar los pocos murmuros que habían comenzado.

— No será necesario. — La única persona faltante cruzó el improvisado umbral del comedor, con un fingido aire taciturno y una mano en el bolsillo. No me agradaba esa careta en Aiden.

— ¿Es que a caso tienes una idea mejor? — La voz de Thaliel fue la que tomó la delantera de nuevo, mirando fijamente al peliplata sin amedrentarse.

— Tú y Seth no tienen derecho a saber ninguno de mis planes, ambos son unos traidores a la verdadera voz de esta guerra — Las chispas se sintieron en el ambiente cuando la mirada de Aiden y Seth colapsaron en un furico choque —. Pero aún así, tendré la amabilidad de hacerlos conocedores. — Es mi turno de intervenir, rompiendo el silencio con un resoplido que atrae la mirada de Aiden.

— No creo que la persona que ha estado escondida colina arriba en cada batalla pueda aportarnos algo realmente útil.

— Tú eres quien más deshonras mis ideales, así que apártate, demonio. — Mis ojos se ponen en blanco pero consigo no hacer mención alguna de su actitud.

— Puedes llamarme como quieras, pero si no aportarás nada en este lugar, será mejor que te mantengas al margen, como siempre.

— Tengo la forma de superar a la armada, así que pueden considerar escucharme. — Una incómoda pausa silenciosa le dio el motivo al ojiazul de hablar —. Esta guerra sin sentido acabará cuando el más grande de los exponentes aeroquinéticos ascienda a la diosa luna. Es por eso que yo, aún con nombres que merecen la muerte grabados en mi mente, me entregaré y sacrificaré en nombre de ustedes y nuestra gente.

Varios rodaron los ojos, otros cruzaron los brazos y un último grupo más pequeño se cubrió la boca con las manos al escuchar la declaración dada por Aiden. Su capacidad para vanagloriarse a si mismo aún cuando su intención, quería pensar, era la de mostrarse con perfil bajo y de mártir era sobresaliente. El sonido de un sollozo me hizo poner la vista sobre las dos chicas que habían entrado siguiendo a Aiden, Kinné y Farah.

— Creo que, como siempre estás elevándote la apuesta innecesariamente — Mis palabras consiguen atraer la mirada asesina del hasta ahora resignado ojiazul —. Nos han pedido a los dos, ambos, no se conformarán solo contigo. En todo caso, y si eres lo suficientemente imbécil, van a matarte junto con el resto — Me encogí de hombros al tiempo que un acusador dedo se levantaba en la mano del peliblanco.

— ¿No has entendido nada? Esta ni siquiera es tu guerra, tienes suerte de estar vivo. Siempre ha sido sobre mí ¡Siempre! Soy quien fue elegido para resaltar entre la multitud. Soy el elegido, soy el héroe ¡No lo eres tú!




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