Amelia, avergonzada, se aferraba a la espalda de Damian. Sin darse cuenta, comenzó a notar las diferencias. Damian y Santiago manejaban distinto. Santiago disfrutaba de la velocidad; aceleraba sin preocupación, como si el camino fuera una pista de carreras. Con Damian era diferente. Avanzaba firme, seguro, sorteando los obstáculos con precisión. Amelia sentía menos miedo, incluso al cruzar baches o curvas cerradas, donde solía aferrarse con fuerza a Santiago por temor a caerse. Cuando viajaba con Santiago largas distancias, era común detenerse más de una vez, porque el mareo del vaivén terminaba por revolverle el estómago. En cambio, la moto de Damian parecía más dócil, sus maniobras enfocadas, casi silenciosa y obediente a cada movimiento suyo sin esforzarse.
La chamarra de Damian desprendía un olor marcado a piel y un aroma ligero y peculiar, que le recordaba a Santiago. Amelia tembló ligeramente, el frío se colaba por los bordes del suéter. El aire nocturno le golpeaba la espalda y le enredaba el cabello. Santiago siempre cargaba con su abrigo en la maleta de repartos.
A pocas calles de la cafetería Damian se orilló en un lugar bien iluminado y que parecía seguro.
- Bájate. - Le pidió en tono seco. Amelia se sorprendió, pero obedeció. Cuando ambos quedaron sobre la acera, rodeados por la penumbra de la ciudad. Ella miró a su alrededor buscando la razón de la detención. <<¿Acaso sucedió algo?>> Se cuestionó preocupada. Todo parecía normal.
- ¿Qué sucede? - Preguntó. De pronto, Damian la envolvió con su chamarra.
- Lo siento. - Dijo mientras le acomodaba el gorro sobre la cabeza. - Suelo viajar solo. - Un calor reconfortante le recorrió la piel helada. Amelia estuvo a punto de protestar, pero Damian ya estaba encendiendo el motor de nuevo. Apurada se acomodó la chamarra y volvió a subir a su espalda.
***
La moto de Santiago se detuvo frente a la cafetería Dark Moon. El lugar estaba en penumbra. Miró a lo largo de la calle. Vacía… tan sólo un hombre se tambaleaba a lo lejos.
- Diablos. - Murmuró. La moto comenzó a avanzar a gran velocidad.
***
La moto de Damian se detuvo lentamente frente a la estación. Había pocas personas alrededor entrando al andén de la terminal o visitando la tienda junto a la entrada. A lo lejos se oía el eco del tren rompiendo el viento y los ruidos característicos de la estación al recibirlo.
- Aquí es. - Damian apagó el motor. Amelia bajó con cuidado, aún envuelta en su chamarra.
- Sí. Muchas gracias. - La chica miró el lugar casi vacío y el reloj en su celular. Ya era algo tarde. Amelia se sentía un poco nerviosa. Damian también reparó en la misma idea.
- ¿Estás segura de que quieres quedarte aquí? - Preguntó. Amelia dudó apenas un segundo.
- Sí… siempre tomo el tren a esta hora. - Respondió con amabilidad. <<Aunque siempre con compañía.>> Pensó. Damian observó el entorno otra vez. No parecía convencido.
- ¿A qué distancia vives? - Preguntó en seco.
- Oh. Cerca de la Torre Horizonte. - Damian frunció ligeramente el ceño, como si estuviera considerándolo.
- Yo vivo al lado contrario.
- Oh, no. - Amelia se sintió abochornada. Y negó con las manos. - No importa. Aquí estoy bien. Ya hiciste demasiado con traerme aquí. Muchas, muchas gracias. En serio. - Damian guardó silencio unos segundos. - Es tarde y yo te estoy entreteniendo. - Amelia se giró sobre sí misma con la idea de retirarse. - Mejor ya me voy.
- Espera. - Dijo con voz firme. - Podría llevarte. - Amelia volteó a verlo sorprendida. - Conozco el camino. No es tan lejos - Dijo, aunque sabía que sí lo era. Amelia guardó silencio. Había algo que le incomodaba, pero sabía que era peligroso andar sola por la ciudad a esa hora. Se acercó a él algo avergonzada.
- No quisiera desviarte.
- No me molesta llevarte. - Dijo tajante, casi interrumpiéndola. Amelia comprendió que Damian no aceptaría un no por respuesta. Ella miró la entrada de la estación una vez más. Luego lo miró a él.
- Está bien… - Admitió sonriendo agradecida. - Muchas gracias. - Damian miró hacia a otro lado. - Comienza a hacer frío. ¿Qué te parece si compro algo? - Amelia señaló la tienda. - Me gustaría invitarte. - Dijo sonriente. Damian la observó, sopesando cada palabra y cada gesto que provenía de ella. - ¿Gustas un café, agua o tal vez un refresco? - Amelia no sabía cómo interpretar esa mirada.
- No hace falta. - Respondió Damian jugueteando con las llaves en el conector. Amelia sonrió, él… parecía apenado.
- Vamos. Es lo mínimo que puedo hacer después de lo que has hecho por mí. - Dijo despreocupada.
Amelia, apenas hizo afán de alejarse de él, cuando el horrible sonido de un derrapon hizo eco en la calle. Damian instintivamente, tomó a Amelia y la haló hacia él, con afán de protegerla. La ruidosa moto que iba alta velocidad derrapó frente a ellos. El olor a humo viejo los envolvió.
El chico de la moto se quitó el casco, rápidamente
- Oye man, ¿estás loco? - Dijo con enfado Damian. Pero el otro piloto no le contestó.
- ¡Mimi! - La regañó Santiago, al ver la escena: Su novia en brazos de un desconocido. Al verla más detenidamente, notó que Amelia estaba completamente asustada. - Perdóname. Se me hizo tarde.