Calima Roja

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19 DEKÉMVRIOU

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Es sábado y mi rutina se ha ido a la mierda.

Normalmente, los sábados son "el día de la familia" para los Chrysomallis. Mis padres dejan sus proyectos de mesías de lado por una vez y todos nuestros planes se centran en reforzar el vínculo entre los tres.

Mi theío fue excluido hace muchos años de nuestros sábados happy family.

En el planning de la mañana está programada una visita al museo Álympos y un brunch en mi restaurante favorito, pero la calima ha trastocado todo.

Bueno, puede que no haya sido solo la calima.

En el vestidor selecciono un vestido corto de color marfil con mangas largas, corte entallado y falda acampanada. Tras cerrar la hilera de botones dorados a lo largo del frente, me pongo unas medias negras semitransparentes y unos mocasines de cuero sintético con hebilla dorada.

Después ato un lazo negro de terciopelo en mi semirrecogido pelo ondulado. Por último, abro el joyero para sacar los aros de oro con greca que me regaló mi abuela.

Ya estoy bajando las escaleras cuando, por costumbre, reviso el bolso de mano de terciopelo negro para asegurarme de que llevo todo.

Al caer en cuenta de que olvidé agarrar mi móvil de la base de carga al salir de mi habitación, me paralizo.

En mi muñeca, el Exéli Watch empieza a pitar, señalando el aumento de mi ritmo cardiaco.

No pasa nada por olvidar una pequeña cosa como esa.

No es para tanto.

Respiro hondo y me dirijo hacia el comedor.

Desayuno a solas con la cabeza de Medusa, sin tener que escuchar cosas que no quiero o no me interesan. Lo cual hace que mi día empiece mejor de lo normal.

—¿Dónde están mis goneís? —pregunto a Mabel cuando termino el bol de yogur con nueces y miel.

—Están en su estudio —responde y su tono de voz me hace notar repentinamente lo inquieta que parece.

Ignorando eso, voy a la puerta del estudio que mis padres, tan cursis como son, comparten. Yo no podría estar pegada como un chicle a otra persona y menos no tener un lugar privado para estar a solas. Soy demasiado independiente para el tipo de amor que se profesan mis padres.

Toco la puerta y entro sin esperar respuesta. La enorme estancia está sutilmente dividida en dos. El lado izquierdo es obvio que pertenece a una creativa arquitecta, mientras que el derecho grita "hombre de negocios". El decorador consiguió que ambos lados combinen tan armoniosamente como lo hacen mis padres.

En la pared frente a la puerta hay un enorme cuadro horizontal con la imagen de dos niñas que no se parecen en nada.

Mis padres están sentados en el escritorio de mi padre, muy concentrados en revisar algo mientras intercambian susurros.

Imagino que debe tener que ver con uno de sus múltiples intentos por mejorar el mundo, lo cual hace que sienta la necesidad de poner los ojos en blanco o gritar de frustración. Se supone que hoy es un día libre de todo eso y me molesta que no sigan con el orden establecido.

—¿Os acordáis de qué día es hoy?

Me sorprende su reacción. Guardan rápidamente los papeles que estaban revisando y mi madre señala un sillón que han colocado frente al escritorio.

Es como si se hubieran preparado para tener una conversación seria conmigo. Como si me estuvieran tratando como a una adulta por primera vez.

—¿Qué pasa? —pregunto tras sentarme.

—Tu padre y yo hemos hablado mucho estos tres últimos días —empieza mi madre con tono grave—. Hemos visto el video de nuevo y hablamos con tus compañeros para verificar si todo era real.

—No hacía falta que os tomarais la molestia —hago una nota mental para recordar averiguar cuáles son esos compañeros—. Si me lo hubierais preguntado a mí, os hubiera dicho que todo era cierto. Además, no es como si no pudierais verlo por vosotros mismos si quisierais.

—¿Por qué? —pregunta mi padre; por la intensidad de su mirada parece querer atravesarme la piel para llegar hasta mi cerebro—. ¿Por qué lo haces?

—Porque puedo.

Mi simple respuesta hace que me miren decepcionados. Pero honestamente, ¿qué esperaban?

Me han dado una vida perfecta en un mundo perfecto. No hay nada que pueda decir, excepto que simplemente soy así.

—Tienes razón en algo —afirma mi madre con más decisión en la voz—. Hemos mirado para otro lado muchas veces. Tratando de entenderte y respetarte para que te sintieras libre de tomar tus propias decisiones, esperando que esas decisiones terminaran por ser las correctas.

Hace una pausa para suspirar.

—No creo que haya sido un error porque hubiese sido peor no darte la oportunidad de elegir quién quieres ser por ti misma. De cualquier manera, no podemos cegarnos más. No cuando estás a punto de celebrar tu τεlετου y convertirte en una adulta.

Me inclino hacia ella apoyando los brazos cruzados en el escritorio.

—O sea que me habéis seguido la corriente todos estos años, esperando que al final tomara las decisiones que vosotros consideráis correctas y, cuando os ha quedado claro que no lo haré, ¿vais a qué? ¿Exiliarme como a Alcides?

—No vamos a exiliarte, zoí mou —mi padre lo dice como si necesitara que me tranquilice.

—Por supuesto que no —mis palabras están cargadas de ironía porque sinceramente mis padres son demasiado ridículos—. Ya solo quedamos cuatro Chrysomallis y uno tendrá que heredar la corona cuando muráis. Es imposible que dejéis que sea Alcides, así que soy la única opción.

Mis padres comparten una mirada que me parece extraña hasta que mi bombilla se enciende.

—No lo puedo creer —suelto una carcajada de pura incredulidad—. ¿Te has quedado embarazada solo para que yo no herede Tasmanti?

—No —declara mi madre con tono tajante, pero sigo pensando en lo estúpida que soy por no esperar esto de ellos.

Me pongo en pie y golpeo con las manos el escritorio.

—¿No? —cuestiono alzando la voz—. ¿Entonces esta reunión no es para decirme que voy a ser reemplazada? Tantos años tratando de "comprensivamente" llevarme por el camino de la luz y jamás os habéis rendido a pesar de saber lo mala que soy. Pero justo ahora que voy a convertirme en una adulta y empezar a asumir mis deberes como heredera, casualmente hay un bollo en el horno.




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