Calix

CAPÍTULO 4

CALIX

En casa, con todos congregados en el salón de reuniones, nos explicaron con pelos y señales. No se guardaron nada o eso espero.

El susto que me he dado hace un par de horas nadie me lo va a quitar. Mis padres nos comunicaron que no es la primera vez que le ocurre algo similar. Yo, al vivir fuera de casa, no me entero de la cuarta parte de lo que ocurre allí y de lo referente a mi hermano, aunque esto, al ser importante, me lo podrían haber dicho en algún momento, conmigo hablan casi cada día. Les pediré cuentas de este tema en otro momento. Ahora lo que debe de hacer mi hermano es descansar para ponerse mejor.

Denes, Lysander y yo, nos habíamos quedado en el salón de reuniones sin hacer nada después de comer. Iban a dar dentro de poco las 5 de la tarde y nosotros aún estábamos holgazaneando en los sofás y afuera hacía buen tiempo.

—¿Vamos a desperdiciar un día tan espléndido por quedarnos aquí dentro? —Lysander, el mayor de los tres, se pone de pie entre nosotros —Vamos a hacer algo al respecto.

—¿Cuál es tu propuesta? —por una parte, no quiero quedarme encerrado en casa, pero, por otro lado, no soy muy sociable, y estar alrededor de personas desconocidas me incomoda.

—¿A qué esperamos? —el entusiasmo de Denes contagia a su hermano y lo acerca a él cuando se levanta también.

—¿A dónde iremos? —la inseguridad en mi tono de voz debe ser detectable porque Lysander me tranquiliza.

—Calma Lix. Sabemos de sobra tus gustos para poder salir —aunque muchas veces puedo llegar a pensar que no soy transparente, lástima que no sea la realidad —. Primo, sabemos mejor que nadie como eres y te queremos tal y como eres. Te respetamos igual que tú a nosotros. No te dejaremos a un lado —sus penetrantes ojos hacen que desvían para que no me agite demasiado.

La fuerza de los ojos de Lysander es un caso irreal. La intensidad de su mirada es inexplicable, pero hace que yo aleje mi rumbo y localice un lugar en donde centrarme para no sentirme mal.

—Iremos los tres, a mi hermano hoy no lo podremos llevar —cuando pasamos vacaciones aquí en Alemania todos los primos, sin dejar a ninguno afuera, intentamos estar la gran parte del tiempo juntos.

—Cuando llegue Aglaia los llevaremos por ahí, no te preocupes, Calix —Denes tiene razón. Aunque mi hermano esté con reposo ahora es mejor llevarlo cuando Aglaia está presente.

—¿Nos vamos? —me apura Lysander.

—Sí, camina —le hago un ademán con la mano para que lidere el camino —. Adelante, capitán.

Los tres nos montamos en el coche, quien conducía era Lysander, Denes de copiloto y yo en la parte trasera. Lysander condujo lejos de la parte más costosa de la ciudad y se introdujo al centro de la ciudad. Era bastante habitual que nos alejáramos del vecindario de nuestros abuelos, puesto que en los alrededores no había nada de ocio en comparación con el centro.

Desde la última vez que estuve en Dortmund, la ciudad se había vuelto un caos de obras, calles cortadas y tráfico por todos lados. Era mucho más fácil ir en autobús o andando para poder recorrer el centro de la ciudad por el estado en el que se halla.

—Es mejor que vayas buscando aparcamiento —voy observando estacionamientos libres —o sino buscar un parking subterráneo para estar más tranquilos —doy ideas.

—Cuando estuvimos hace unos meses no estaba tan mal la situación, vas a tener razón, Calix —reconoce el conductor —A unos metros había un parking, ¿verdad?

Denes no despegaba sus ojos de la pantalla del móvil, tampoco podía apreciar su pantalla, puesto que la tenía con ese efecto de negrura, para que los curiosos no pudieran ver nada.

—A unos 200 metros, hay que incorporarnos en el carril de la derecha, seguir por ahí, hasta que nos desvía de nuevo a la derecha y de ahí, no hay que esperar mucho para localizar nuestra meta.

—Vamos a tardar más de la cuenta para llegar a esa calle, Denes —objeta su hermano —. Hay una cola del demonio.

—Hay que aprender a tener paciencia —suelto.

Había un carril cortado a escasos metros y tenían un semáforo para circular. Por lo poco que había visto, estaban más autos parados en rojo, que, moviéndose, casi solo pasaban tres coches cada vez. Así no llegaríamos a ninguna parte.

—Y puede pasar bastante rato hasta que estemos sentados en una terraza —intento decirles lo que va a ocurrir.

Escucho unos resoplidos, los cuales vienen de la parte delantera del coche.

Después de un buen rato, viendo como la fila avanza, nos queda solo una tanda de coches para que podamos cruzar por el semáforo portátil.

—¡Estamos a nada! —con poquito ya se emocionaban, sobre todo el conductor —Bajad las ventanillas si hace calor.

—Yo creo que ahora no es recomendable hacerlo, al estar parados, va a entrar el calor y no el aire fresco del auto en movimiento —la persona racional de los tres, era yo.

—Cierto —secunda Denes.

—¡Chicos, allá vamos! Nos toca —el tono de voz de Lysander ahora era alegría pura y eso significaba una cosa, nos moveríamos y avanzaríamos hasta llegar a nuestro destino.

Estábamos sentados en la terraza de una de las cafeterías del centro de la ciudad. Yo tenía cerca de mí el café que me había pedido, y cada pocos segundos, bebía un sorbo, mientras que los dos hermanos a ambos lados de mí, mantenían una conversación. Podría intentar prestar atención a lo que decían o hacerles creer que me interesa, pero yo no era así, estaría siendo hipócrita conmigo mismo. También, tenía mis comeduras de cabeza por lo de Eryx. Mis padres y yo, resolveremos nuestras cuentas pronto.



#1898 en Otros
#344 en Acción
#749 en Thriller
#255 en Suspenso

En el texto hay: misterio, secuestro, supervivencia

Editado: 15.07.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.