Calix

CAPÍTULO 5

CALIX

Es la hora de la comida y los últimos en llegar lo hicieron hace treinta minutos. Mi padre, junto al padre de Denes y Lysander fueron a recogerlos al aeropuerto.

—Bueno —comenzó Neo, el abuelo y patriarca de la familia, desde el lugar principal —. Sé que estáis ansiosos por los planes de este año. Las cosas funcionaran de manera distinta —mi cerebro se desconecta. No comprendo nada y mis primos parecen igual de perdidos. Se podía reflejar en sus expresiones —. ¡Los adultos nos vamos de crucero!

—¿Cómo? —Odell, mi primo más mayor, enfurecido estalla —No he venido de vacaciones para ser niñero de nadie, aunque sean mi familia.

—Menos mal que somos primos, que cariño nos tiene, ¿cierto? —Denes susurra. Le oigo, porque se sentó a mi lado.

—¡Odell! —su madre, tía Galena —. Debes dar un buen ejemplo, eres el mayor. Además, Denes, Lysander, Calix y tus hermanos son mayores también. La responsabilidad no recae solo en ti. Sois 6 mayores y 4 menores.

—Sigo pensando que no soy niñera de nadie para estar pendiente de unos niños todo el verano —se aferra a su postura. Este hombre es un verdadero cascarrabias que sigue con su plan cuadriculado, si lo sacas de su rutina, no sabe otro camino.

—Eres inmaduro y poco considerado eres —Odell se encontraba bastante alejado de mí. Asimismo, lo había dicho bastante alto para que escuchara.

—Habló del más indicado —su desdén hacía mí es bastante evidente.

Nunca hemos tenido una buena relación, y yo he tratado de mantenerme al margen de él, tanto como puedo. Mi tía Galena, solía comentar que era similar a mi hace un tiempo, aunque yo realmente no lo recuerdo. Durante sus últimos años en la escuela, antes de ingresar a la universidad, experimentó un cambio brusco y no precisamente para mejor, se tornó desagradable y cargante.

—Eres tan detestable, que no entiendo cómo podemos compartir la misma sangre —hago una mueca con mis labios.

—Lo que daría yo por no pertenecer a tu familia, marginado —el desprecio con lo que lo dijo me dejó helado y me paralizó y no era el único.

La situación con Odell, se había empeorado mucho desde hace dos años atrás, y no era solo conmigo; su actitud se había vuelto un problema para todos. Era con todos. Se había vuelto un contestón y malagradecido. Estar cerca de él se volvía incómodo, su forma de ser resultaba tóxica, y era mejor alejarse.

—¿Ahora eres un matón, Odell? ¿Eres el líder de los matones? —la irritación en el tono de Denes era notable —Si no deseas quedarte aquí, puedes comprar un billete y regresar a Francia, donde tal vez encuentren divertidas te rían tus ocurrencias. Pero déjame contarte algo: no son graciosas, son triviales, carecen de sabor y dañan a las personas.

La hora de la comida solía ser un momento para compartir en familia y disfrutar de conversaciones agradables. Sin embargo, hoy parece que no será posible, a leguas se ve que no iba a acabar bien la cosa. Todos temían por una explosión de las gordas debido a los comentarios realizados. Lo que Odell debe comprender, es que, por mucho que haga un berrinche, los adultos se irían al crucero de todos modos, eso era indiscutible.

—Sigue rodeándote de personas perdedoras —Odell seguía firme en su postura, pensando que tenía razón.

La venda en sus ojos era bastante resistente y difícil de desatar.

—Escúchame, hijo —comienza su madre elevando el volumen de su voz —. ¿Necesito recordarte cómo eras hace algunos años? —el rostro de Odell se transformó de manera drástica —. Has vivido situaciones similares y te has convertido en las personas que te lo hacían. Guarda silencio —Galena debía estar harta por la conducta de su hijo ha adquirido y eso no se genera de la noche a la mañana. A veces adoptamos esas actitudes como un escudo para protegernos del dolor. Ahora bien, haces daño a las personas sin ser consciente de ello.

Él estaba a punto de levantarse de la mesa. No soporta la presión que le ha impuesto su propia madre. Galena lo detiene.

—Si te levantas ahora, luego no habrá comida para ti —lo reprende con firmeza, plantándole cara. Él se detiene y vuelve a sentarse bien —. Y una última cosa, hijo mío. Discúlpate con Calix y Denes. El hecho de que tú vivas en un constante enojo, no significa que los demás seamos tus sacos de boxeo.

—Perdonadme —sus disculpas suenan vacías, insuficientes, no refleja lo que realmente siente.

Al final se levanta y desaparece de mi vista en el instante que tuerce a la derecha para entrar en el pasillo que lleva a las escaleras hacia el segundo piso.

Pobre Lysander que debe compartir la habitación con él.

—Lo siento mucho, chicos.

—No te angusties tía. Lleva tiempo así —trago la saliva que se me había acumulado en mi garganta.

—Me preocupo. Y tú deberías empezar a protegerte. No te va a perjudicar expresar lo que piensas. Él parece estar cada vez más descontrolado y si nadie le pone freno, terminará por hundirse y será imposible sacarlo del fango—mi tía mostraba una gran preocupación y se le notaba el agotamiento por la tensión que hay entre su hijo y los demás, y también con ella. Me compadezco, no quiero estar en su situación.

—Y eso es lo que sucede, Calix. Siempre eres su juguete personal para desquitarse todos los veranos. La misma situación se repite una y otra vez. Debes aprender a enfrentarlo. No me digas que no te importa, porque no es verdad —me advierte Lysander —. Necesitas un despertador para reaccionar. No puedes ser siempre el blanco de todos. Alza la voz. Hazte oír.



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En el texto hay: misterio, secuestro, supervivencia

Editado: 15.07.2026

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