CALIX
Avanzo hasta el salón dónde al parecer se han reunido casi todos y están repartidos en los sillones y butacas respectivamente. Por lo que veo han podido bajar a mi hermano hasta aquí para que comparta con los demás y esté más animado. La única persona que faltaba era Odell, quién seguro todavía estaba en la cocina.
—¿Enfadado, primito? —el retintín en la voz de Denes, hace que el vaso que llevo en la mano se tambaleé.
—Para nada, estoy bien —y es todo lo contrario, aunque enfadado no sería la palabra exacta, pero impotente sí.
—Te conozco bien, Calix, como la palma de mi mano —se la señala con el dedo índice para que todos la podamos ver.
—¡Qué chistoso eres! —le muestro una de mis sonrisas irónicas que no saco a relucir con muchas personas.
—Cuando te he dejado desayunando conservabas un buen humor. ¿Qué o quién ha hecho que cambie eso?
—Odell —no hay que dar muchas explicaciones. Se deduce al decir al nombrarlo.
—¿Qué ha hecho de nuevo? —interviene enseguida Hester, poniéndose derecha en el sofá, dejando sus manos puestas en las rodillas.
—No ha sucedido nada, hermanita, relájate —llega Odell uniéndose a la conversación también —. Es un exagerado —se refiere a mí.
—No me amargues más la mañana —me paso una mano por el pelo y desafiándolo —. No te lo pienso repetir —le advierto.
—Silencio —exige.
—Hablar contigo es lo mismo que hablarle a una pared, Odell, eres un caso perdido —bebo un sorbo del vaso para pasar el mal trago.
No puedo llegar a entender como una persona de tu propia familia puede ser tan ingrata. Jamás hubiera imaginado que alguien de mi entorno tratará así a alguien. Sí tiene problemas internos con él mismo, no es problema externo que lo tengamos que pagar los demás y esperar que lo comprendamos cuando daña.
Es innecesario que los niños vean las discusiones, pero hay momentos en los que no se puede esconder un conflicto con una tela para hacer ver el mundo más perfecto.
—¿Vamos a desayunar? —pongo un nuevo rumbo a mi conversación y me dirijo a mi hermano —¿Tienes hambre?
—Sí —no sé qué habrán hecho mis primos, pero parece que ha tenido un efecto positivo.
Lo que sí hay que hacer es intentar no pelear enfrente de él por lo que pueda pasar si eso ocurre.
Parece que gracias a la charla que tuve ayer por la noche con mis primos ha empezado a notarse si mi hermano voluntariamente decide ingerir nutrientes a su sistema.
—¿Qué te han prometido para qué te reúnas con todos y te apetezca llenar el estómago? —puedo llegar a imaginarme con que lo han chantajeado.
—Ver Tom & Jerry por las noches, uno o dos capítulos —mi hermano tonto no es, ama esos dibujos y si se puede beneficiar de ello, lo hará.
—¿Vamos a la cocina? —me planto delante de él y le tiendo mi mano para que la coja. Se levanta de su asiento y viene a mí.
Dejamos a nuestros primos atrás y vamos a la cocina a preparar su desayuno. Por ser el primer día después de volver del médico el decidirá qué iba a desayunar, no iba a interferir si es que lo que pedía se encontraba en la cocina, por supuesto.
—Quiero un ColaCao con galletas —pidió nada más sentarse en uno de los taburetes altos, quedando frente a mí.
—¿Hoy no quieres tostadas con mermelada? —es uno de sus desayunos predilectos o es uno de los que come cuando está en mi casa.
—Hoy no, gracias —perfecto.
Saco el vaso, sirvo la leche y lo llevo unos segundos al microondas para que no esté tan frío. De mientras, le dejo a mi hermano cerca el bote del ColaCao para que se eche las cucharadas que le plazca, también le dejo una cuchara para que revuelva bien una vez que lo eche en la leche y voy al armario de la comida del desayuno y saco unas galletas y se las planto delante. Voy a por la leche al microondas para pararlo y llevárselo a Eryx.
—Buen provecho, hermanito —le doy un beso en el pelo para después revolverle el pelo.
—¿Por qué tan solo, Calix? —escucho la voz de Uranus a mi espalda y sin girarme, le respondo.
—¿Qué te puedo decir que no sepas? —sonrío por eso, porque no hace falta responder, ellos saben.
—Hester, Lysander y Denes van a salir, me han mandado a preguntarte si irías con ellos.
Dudo en hacerlo, no quiero dejar solo a Eryx por mucho tiempo, aunque Uranus se quede con él, mi hermano es mi responsabilidad no la de él.
—No te preocupes, estaré pendiente de él. Distráete un poco te vendrá bien. Más tarde iremos a comer a un restaurante cerca de casa —es la primera noticia que me dan.
—Iré a vestirme entonces, ¿dónde están? —pregunto para saber si debo darme prisa o ir con calma.
—Te esperan en el salón. Ve con tranquilidad a cambiarte. No hay prisa alguna —apoya las manos en la encimera y me mira fijamente y se le va formando una sonrisa genuina —. Ve.
—Tampoco esperaba que se fueran sin mi —salgo de la cocina rumbo a mi habitación.
Editado: 07.08.2026