CALIX
—A todo esto… ¿Quién es J. P? —pregunta Hester sin mirar a nadie en concreto.
—¿J. P? —Lys entrecierra sus ojos y los enfoca en la pantalla de su móvil.
—Lys, lo pone al final del mensaje, en forma de firma —le explico para que se pueda fijar.
—¿Y quién se esconde tras esas siglas? Puede haber una variedad de nombres. La lista puede llegar a ser infinita.
—Eso es lo que tenemos que hacer ahora, averiguarlo. ¿No podemos saber el número del cual ha mandado ese mensaje y rastrearlo?
—No —niega con la cabeza —. Parece que voy a tener que competir con otro prodigio en informática.
—¿No podrías saberlo? ¿No hay algún programa viendo desde donde han enviado el mensaje?
—El número quizás no, pero desde dónde lo ha enviado, podría ser más fácil —no nos habla a nosotros si no a ella misma; mentalizándose.
Avanza hasta llegar al ordenador que se halla a la derecha de Lysander, situándose allí. Sigue frunciendo el ceño y mira de mala leche a la pantalla del ordenador. Una vez se sienta en la silla y la arrastra hacia delante, bufa.
—Sander —llama a nuestro primo, a quién tiene a su vera —. Tú me vas a ayudar en esto, ¿sí?
Él le contempla con pánico.
—Aparte de mí, tú eres el único que se defiende en este ámbito, por favor —le ruega poniendo sus dos manos juntas —. Cuanto más ayuda tenga, mejor. No podemos retrasarnos demasiado. Tenemos otros asuntos que resolver.
Bastantes diría yo.
Nuestros aparatos vuelven a sonar en sintonía. Compartimos una mirada y abrimos de inmediato el mensaje. Somos conscientes de quién es.
DESCONOCIDO:
¿Cuántas personas necesitas para averiguar mi nombre, H?
Nunca vas a saber quién soy. Ni, aunque pase frente a vuestras narices.
Qué tengáis una feliz noche.
Os vigilamos.
No os podéis esconder para siempre en la casa.
Tic, tac.
Os esperamos.
J. P
—No entiendo cómo saber tal cosa —Odell acentúa cada palabra con temor.
—Me pone los pelos de punta de solo pensarlo —estira el brazo y lo señala con su dedo índice —. ¿Cómo se supone que sabe lo que hacemos todos los días? Es imposible a menos que haya puesto cámaras en casa.
—Imposible —confirmo adelantándome a todos —. La casa no se ha quedado sola ni un momento desde que llegamos.
—Deberían meterlo a un manicomio. Me dan ganas de quedarme en casa —se cruza de brazos cabreado, Denes.
—Eso es lo que quiere conseguir con sus mensajes para poder hacer algo en nuestra contra. Vamos a seguir realizando actividades con los pequeños, no podemos mantenerlos de por vida encerrados —se le notaba la impotencia en la voz rasgada de Lys.
Es injusto que por situaciones similares a las que estamos pasando debamos quedarnos encerrados por miedo a que suceda cualquier cosa sea grave o insignificante.
Lo primero que se me viene a la mente es el hombre misterioso.
—Lysander tiene razón, en algún momento ellos nos van a arrastrar fuera y no nos vamos a poder negar. No habrá excusas que valgan —manifiesta el «gruñón» desde su asiento.
—Hay que ir al hotel —les recuerdo a todos. Al principio todos se quedan pasmados, sin entender nada hasta que caen en la cuenta que he dicho «hotel». Hay que dividirnos y lo mejor es que vayamos Hester, Lysander y yo. Aquí estará Denes por si lo necesitas —me dirijo a Lys —. Por lo tanto, Uranus y Odell pueden ir turnándose para cuidar a los enanos. ¿Todos de acuerdo? —echo un rápido vistazo a todos y no veo ninguna negación. Perfecto.
Denes no es tan habilidoso como Lys, pero creo que sabrá defenderse en ese ámbito.
Mi primera opción al principio era dejar aquí a Lys e ir con Denes y Hester al hotel, pero lo he pensado mejor.
—De acuerdo —afirma con palabras Odell.
—Hester —me dirijo solo a ella —. Busca la matrícula del coche, por favor —le recuerdo.
Soy pesado, pero ahí puede estar la persona a la que buscamos y que nos amarga la existencia.
Estoy casi seguro de que ese hombre anda detrás de los mensajes. Nadie me puede decir lo contrario. Si conseguimos su nombre, su paradero y una fotografía de él, sería un avance.
—Te acabo de mandar las imágenes, ábrelas en el ordenador —bordeo la mesa hasta ponerme detrás de su silla para ver cómo trabaja.
—Nunca tires la toalla, Calix. Se insistente, al final podrás conseguir lo que desees —una sonrisa medio tímida abarca mis labios.
—Gracias —susurro solo para que ella escuche.
Ella no dice nada más se concentra en la pantalla del ordenador que trabaja sin descanso por órdenes de mi prima cuando maneja con dedicación y a su antojo el teclado. Las fórmulas van cambiando y bajando y subiendo. Mi concentración se va a una esquina donde hay un pequeño apartado donde pienso que debe de aparecer el coche y justo abajo la matrícula, el nombre de la persona que realmente es el dueño, si lo han robado y cruzo los dedos para que también salga la persona que lo robó.
Editado: 07.08.2026