Calix

CAPÍTULO 12

CALIX

Hester aparca frente a nuestra casa. Le pone el freno de manos y lo único que puedo hacer es intentar que los nervios que me corroen por dentro se disipen. No es momento de nerviosismos. Los más pequeños nos necesitan. Confío en que no les hagan daño. Debo tener más de cuatro ojos puestos en Lysander y Hester ahora mismo. Los compartimentos que adquieren y que es lo que hacen y dejan de hacer.

Antes de recoger todo en el hotel, con mi móvil saqué fotos de todo, por si me quieren ver la cara de idiota.

Salgo del coche.

He estado junto a mis primos y mientras más me acerco mejor puedo apreciar el desastre que han dejado. La puerta principal tiene roturas como si un hacha se hubiera incrustado en ella reiteradas veces. Y no es lo único que mis ojos reconocen. Hay agujeros y puedo estar seguro de que son de balas por cómo se ven, algo redondeados, pero desprolijos.

Cuidado no han tenido. Han venido a por lo que querían.

La entrada, semiabierta para que cualquier extraño pueda entrar a curiosear. Antes de seguir adelante me detengo y mis ojos empiezan a rastrear todo lo que mis ojos me dejan ver. Nadie nos observa. Es una buena señal.

Mi primer instinto es salir corriendo al interior de la vivienda y subir al piso de arriba, pero Hester me agarra con fuerza del hombro para que no lo haga.

—Calix, no sabemos lo que nos podemos encontrar ahí —señala la casa ladeando la cabeza —. Vamos a pensarlo bien.

—En casa ya no hay nadie a excepción de Aglaia, Eryx, Cadie y Juliun. No me voy a quedar hablando y perdiendo el tiempo —quito con fuerza su mano de mi cuerpo y doy zancadas grandes y sonoras —. Ahí os quedáis —los dejo atrás.

En vez de abrir la puerta como las personas normas, alzo mi pierna y con toda la suela de mis zapatillas la termino de abrir, está misma se choca con la pared y rebota; ahora sí que utilizo la mano para pararla y quedarme plantado percibiendo el desastre que han desatado en casa.

La barandilla de madera rota a cachos tirada en el suelo que pertenece al pasillo. Las paredes saturadas de boquetes que pertenecen a las balas que han ido rodando, al parecer no han escatimado en nada. En el suelo hecho añicos reposaban cuadros con fotografías familiares. Han arrasado todo a su paso.

Visualizo algo en los últimos escalones entre la «basura». Me apresuro hasta llegar ahí y mis pensamientos son ciertos; sangre. Pequeñas gotas algo secas se presentan delante de mí.

Me doy la vuelta para verificar si Lys y Hester han avanzado hasta quedar detrás de mí. Efectivamente han hecho lo propio.

—Hay sangre —les voy mostrando con el dedo dónde exactamente hay —. Hay que limpiarlo cuanto antes. No pueden verlo —estamos viendo el estado en el que han dejado el lugar, no podemos dormir aquí. Tenemos que volver a la mansión. No es seguro que permanezcamos aquí.

La mansión en estos momentos es nuestra mejor opción para tener un refugio. Tenemos a un personal contratado y personas que la vigilan las 24 horas del día.

—Hay que salir de inmediato —mis nervios florecen de nuevo —. Hester ve a recoger nuestras pertenencias —ella asiente sin rechistar. Sin esperar más camina por los escombros y sube como puede por las escaleras. Ahora me dirijo a mi primo —. Lys, llama a la mansión e informa que nos quedaremos allí.

—De acuerdo.

—Yo iré a por los más pequeños —aviso de antemano.

Lys se queda ahí abajo mientras habla con las personas que nos cuidan la casa y yo subo las escaleras ayudándome con la pared, apoyando la mano derecha ahí. El roce de mis dedos con ella hace que las imperfecciones que han hecho reciente las sienta y que las yemas de mis dedos se hunden al tocar.

Conforme voy avanzando a la habitación más lejana, mis pensamientos van como una locomotora echando humo. La culpa llega a mí y me doy cuenta de que deberíamos haber ido todos al hotel. No separarnos. Ese fue el primer error. Caímos. Volvimos a hacerlo. Somos personas inexpertas en este ámbito, además no sabemos a qué nos enfrentamos en realidad.

Me abro paso en la habitación y mis ojos inspeccionan todo lo que hay al alcance de estos. Es un habitáculo que hace la función de trastero, puesto que hay sillas amontonadas a un lado, una mesa de madera con bolsas de plástico y montones de cajas esparcidas y algunas apiladas.

En la pared del fondo, la cual tengo frente a mis ojos mantiene arrimado una estantería semivacía y a un lado una escalera con dos enganches, seguramente para poder sujetarla al bordillo para que se sostenga y se suba con tranquilidad.

No pierdo el tiempo; llego y empiezo a tirar todo al suelo sin pararme a ver a donde van a parar las cosas.

Los pasos de uno de mis primos se hacen presente a mi espalda. No le presto atención por ahora. Mi enfoque está frente a mí, no a mis espaldas.

—Lys, ayúdame a mover esto —no se ve tan pesado, pero con dos se hace más rápido el trabajo. Cuatro manos son más funcionales que dos.

Él se va al lado contrario del que me encuentro yo para poder proceder. Lo movemos con facilidad y lo dejamos algo apartado. Menos mal que el mueble no es demasiado alto porque daría contra el techo.



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En el texto hay: misterio, secuestro, supervivencia

Editado: 25.08.2026

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