CALIX
No tardamos mucho en llegar a casa. No nos ha llevado tanto tiempo. El taxi llegó pronto a donde estábamos y de ahí a la mansión en la cual estamos ahora. En todo el viaje me mantuve callado. No quería hablar, tampoco escuchar lo que quisiera decir mi prima justo a mi lado, y tampoco era un lugar en el cual discutir delante de un individuo desconocido.
Mi agotamiento, tanto físico como mentalmente llega a un 90%. Muy alto el porcentaje. Solo quiero descansar. Porque mañana nos espera un día bastante ajetreado si conseguimos los billetes de avión para llegar a Rosikui Puicring. Hay que hacer mínimo una escala. Nosotros nos decantamos por Dortmund, Paris. Para luego hacer, París, Antananarivo. Y de allí ir a la isla. ¿Redondeando el tiempo? Un día completo viajando. Un día perdido en aviones. No obstante, es necesario hacerlo.
Antes de todo eso, debemos cubrir todo aquí en Dortmund. Que cuiden la mansión y que arreglen nuestra casa. No cualquier persona puede manejarlo. Además, me fio cada vez menos de las decisiones que toman mis primos, en especial Hester.
—Hay un vuelo a las 5 de la mañana destino París —Lys mantenía sus ojos fijos en el portátil con sus dedos en la pantalla para no perderse.
—Reserva 7 billetes —siento la mirada de Hester en mí; a la que estoy intentando ignorar. Se me hace imposible —. Nos iremos en ese.
—También he echado un vistazo al único hotel en la isla. He solicitado una cabaña para todos nosotros —mi instinto es levantar la cabeza y fijarme en la tercera persona que desde que nos hemos sentado no ha participado. Se ha mantenido en silencio.
Levanto una de mis cejas en su dirección. Sus ojos chocan con los míos y le digo gesticulando con mi boca: ¿Ahora qué harás?
Ella aparta la cabeza con enfado y una mueca se le dibuja en los labios. Sus planes han sido saboteados por Lys.
Recuerdo las palabras de Ezio: Te perseguiré a donde vayas con ayuda de tus primos o sin su ayuda. Hasta que el último aliento salga de mí. ¡Acabaré contigo o moriré en el intento!
Las palabras calan como si me rociaran con aceite hirviendo por todo el cuerpo. Una sensación espantosa debo decir.
Estoy casi seguro de que aparecerán en Rosikui Puicring, en el hotel. No me quito a esos demonios ni con agua caliente. Son lobos hambrientos camuflados con piel de cordero.
—Perfecto. Cuando te respondan, nos avisas —me levanto de mi asiento, pero antes de irme pregunto algo —. Falta el otro vuelo, ¿verdad?
—Estoy en ello, y llegar de Antananarivo a Rosikui Puicring —por lo que veo lo tiene todo calculado al milímetro.
—Iré a la habitación —no espero una respuesta de parte de ninguno y emprendo mi camino para subir al segundo piso.
Si con nuestros padres y abuelos se notaba esa ausencia con los tres que faltan más todavía. La mansión cae en números rojos. De tanto, solo quedamos 7 personas. Cosas del destino. Sin embargo, debemos seguir adelante, cueste lo que cueste.
El miedo en el cuerpo está presente desde que las palabras de Ezio salieron de su propia boca. Aunque más bien fueron amenazas. No sé si contaron con que yo me opondría a ellos, que fuera reacio a sus presencias. Ahora bien, siempre se ha dicho que hay que mantener a los amigos cerca, pero a los enemigos mucho más. Se me viene algo a la mente: ¿Y si les concedo venir junto a nosotros? Tendría un ojo puesto en ellos; por supuesto. Además, van a volar hasta Madagascar tarde o temprano, ¿no?
Me llevo una mano a la cara y empiezo a estirar del canto lateral de los dos ojos, haciendo círculos en el proceso para aligerar la carga que llevo encima.
En un arrebato, abro la puerta de mi habitación de manera brusca y vuelvo a bajar las escaleras que anteriormente había subido y me dirijo al salón donde me encuentro a mis dos primos cuchicheando en voz baja. Respiro hondo.
No quiero enfadarme, son familia. No quiero enfadarme, son familia.
Me repito.
Me aclaro la garganta para que se den cuenta que no están solos, que tienen compañía.
—Hola de nuevo —decido hablar una vez veo que la atención recae en mí.
—¿Necesitas algo? —la forma en la cual mi prima se dirige a mí no es de las más bonitas que he visto. Me recuerda a su hermano Odell. Cortante, a la defensiva y duro —Estamos en una importante charla.
Si mi paciencia fuera nula a estas alturas de la película estaría gritando cualquier cosa. Guardo mi compostura. Hago oídos sordos. Aunque realmente todas estas me las guardo sin que nadie lo sepa en realidad. No es rencor, es para luego echar cuentas y no ser reclamado después. La confianza es un asco y con mis primos sucede lo propio.
En mis 18 años de vida no había visto a Hester tan nerviosa e inquieta. No sé qué sucede en realidad y espero que no sea por algo retorcido. Ella tienta mucho con la vida.
—¿Necesitas algo? —vuelve a repetir y para colmo es mucho más dura. Si fuera otra persona le hubiera mandado a la mierda y me iría por un segundo.
Veo el codo de Lys golpear la rodilla de Hester para que bajara la intensidad de cómo se estaba dirigiendo a mí.
—¿Por qué no quieres que vengan?
Editado: 25.08.2026