Cambiaformas

Capítulo 19.

La noche cayó sobre la ciudad de Lorbides, el cielo opaco por las nubes que ocultaban la luna y las estrellas, solo el alumbrado y las antorchas de la ciudad brillaban esa noche. Entonces Patrick abrió la puerta de la posada y vio a dos hombres jugando a las damas en la recepción.

Uno de su edad, y otro probablemente diez años mayor o más, ambos portando en medias armaduras el mismo símbolo que los estandartes fuera de la casa de Lord Erdinal.

Ambos lo observaron al entrar, se miraron y asintieron, para rápidamente levantarse y caminar hasta Patrick.

—Buenas Noches, Lord Patrick —dijo el mayor, inclinando la cabeza —. Nos alegra su llegada, somos los enviados de Lord Marcus, mi nombre es Brendan, y mi compañero, Ruther.

La postura del hombre se veía tan impecable como su barba rasurada y su corto cabello que apenas dejaba ver sus canas. Muy diferente a su compañero, un hombre de barba descuida y cabello negro, que, si no fuera por la armadura y los símbolos de Lord Erdinal, perfectamente pasaría por un matón.

—Nuestra misión era proteger a su patrona en su ausencia —continuó Brendan —. Nos hubiera gustado llevarla con nosotros, sin embargo, se resistió e incluso insultó a Lord Erdinal, en situaciones normales no lo hubiéramos tolerado, pero nuestra primera misión era velar por la seguridad de aquella muchacha.

—Lamento su actitud —dijo Patrick con una leve risa resignada—. Y agradezco las molestias que se han tomado por mí, yo me haré cargo desde ahora.

Brendan asintió, y ambos hombres se retiraron de la posada. Patrick se volvió hacia las escaleras, sin embargo, su mirada se detuvo en el posadero, quien miraba con un rostro temeroso.

—¿N-no tendré problemas por esto? —articuló al percatarse de que Patrick lo miraba—. Pensé que se iban a llevar a la joven Miusela por la fuerza, no sé cómo, no sé nada, Patrick ¿No cerrarán mi local? He escuchado a que Lord Erdinal no le gustan los problemas.

—Tranquilo, maestro —dijo Patrick—. Esos hombres solo venían a cuidar a Miusela en mi ausencia, nada de lo que haga ella es responsabilidad tuya, así que descuida, no tendrás inconvenientes.

—¿Seguro? —preguntó con el rostro lleno de dudas.

Patrick asintió y se encaminó a las escaleras, Miusela necesitaría un buen regaño, ella podría ser todo lo borde que quisiera con gente normal, pero incordiar a la guardia del hombre más poderoso de la ciudad, uno que, además, solo buscaba su protección, era pasarse de la raya.

Al entrar en la habitación, vio todo oscuro, y el único sonido que se escuchó era la fuerte respiración de Miusela, esa respiración que señalaba un sueño profundo ¿Habrá sido un día agotador para ella?

Patrick sonrió para sí mismo ¿Cómo iba a ser agotador para ella? Quizá se hubiese tenido que servir comida sola en su ausencia, que más daba, era mejor ponerla al día en ese momento, Patrick encendió una lampara y aplaudió con fuerza. Miusela no se movió, entonces Patrick se acercó a la cama, y percibió un leve aroma a algo que le resultaba muy familiar, pero no lograba distinguir. Era entre molesto y familiar.

—Miusela, levántate. Tenemos que hablar —dijo Patrick, firme.

Miusela giró la cabeza lentamente hacia Patrick.

—¿Desde cuando me hablas así, lacayo? —preguntó Miusela.

Patrick apretó uno los dientes ¿Cómo era posible que le respondiera así? Había sido una jornada agotadora, de un lado a otro ¿Y esta chica lo seguía tratando así?

—Solo te quería poner al día, han pasado muchas cosas importantes —dijo Patrick.

Miusela se acomodó lentamente, se envolvió con su capucha, como si fuera pleno invierno.

—¿Qué? Hace frio —dijo Miusela anticipando la pregunta de Patrik. Sin embargo, para él la noche se sentía calurosa.

—No importa —dijo Patrick—. Ahora soy un Lord, tengo mi propio titulo nobiliario entregado por mis servicios a Lord Erdinal.

Miusela arqueó una ceja.

—No sé cuál chiste tirar, Patrick.

—Está bien si te has quedado sin palabras, yo tampoco sabría que decir. Ha sido agotador —dijo Patrick.

—Me refiero —interrumpió Miusela—. A que no se si mencionar tu descaro para prestar tus servicios de perro al primer noble que se te cruza cuando yo estoy pagando por tu tiempo, o que creas que un titulo me va a impresionar ¿Sabes cuantos nobles babean por estar en mi presencia? ¿O cuantas solicitudes he rechazado para incorporarme en la corte de importantes nobles de todas las ciudades por las que hemos estado?

—Eres insufrible —gritó Patrick—. Si tu padre no fuera Roger, ni siquiera te aguantaría, la única razón por la que te has mantenido viva en tu loco viaje es porque mi padre es amigo del tuyo, y me hizo jurarle que no te abandonaría.

Miusela lo miró en silencio un momento, a Patrick le pareció que los ojos de Miusela por una vez atisbaron algo que no era su típica arrogancia.

—No sé que me da más risa, Patrick —dijo Miusela, sonriendo, pero mirando al piso—. Que creas que no puedo sobrevivir sin ti, o que te digas a ti mismo que no me has abandonado, ahora le fuiste a mover el trasero a un noble, antes has ido a salvar gente, cuando expresamente tu misión es cuidarme. Asúmelo, Patrick no eres el honorable caballero que crees ser, solo eres un blandengue incapaz de cumplir con su misión por que se te ablanda el corazón.

—¿Dices eso después de saber que he golpeado y matado gente por defenderte?

—Es que para ti son idiotas que intenta agredirme y no atienden a razones —dijo Miusela, suspirando—. ¿Te has puesto a pensar que hay tras esas personas? O si supieras que dejabas a niños huérfanos o familias sin sustento ¿Los hubieras matado igual?

Patrick guardó silencio.

—Ve a moverle la cola a ese noble —dijo Miusela—. Ya le has roto la promesa a tu padre más veces de las que puedo contar. Si quieres vivir tu mentira, hazlo en otro lugar.

Miusela miró de reojo a Patrick.

—Ese mandoble es nuevo —soltó Miusela con una sonrisa divertida—. Claro, te dan un juguete nuevo y un papel y ya te sientes el rey del mundo, vete no tienes ninguna obligación conmigo.




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