Cambiaformas

Capítulo 22.

—Así que has vuelto —dijo Rioro, mirando fijamente a Marae—. La verdad pensé que nos abandonarías. ¿Cómo está tu herida?

—Ya ha mejorado —respondió Marae, caminando por la oscura celda acondicionada como habitación, escasamente iluminada por una lámpara en un pequeño escritorio. El aire pesado olía a humedad y piedra antigua—. Me sorprende que no los hayan echado de esta mazmorra. No es que sea fácil entrar, pero si no la encuentra un vagabundo, alguien revisará los planos de la ciudad.

—Por eso Mark y otros centinelas vigilan. Marae arqueó una ceja. —Pero entiendo que no significó ningún problema para ti.

—No lo significará para nadie que quiera entrar —cortó Marae—. Pero ya basta de esto, estaba haciendo una observación: este lugar es vulnerable y hay que contar con ello, y planificar una alternativa.

—¿Disculpa? —preguntó una voz detrás que se asomaba por la puerta.

Era Liss.

—¿Es un hábito entre ustedes adoptar la misma forma siempre? Liss asintió. —Tenemos que convivir. ¿Cómo reconoces a tus papás? —preguntó Liss.

Marae negó con la cabeza. —No los conozco. A mí me crió un humano normal —Marae hizo una pausa—. Bueno, normal hasta cierto punto, porque él me enseñó a defenderme.

—Parece que a algo más que defenderte —rio Liss—. ¿Pero qué era eso de que hay que planificar una alternativa? ¿Abandonar nuestra casa?

Marae suspiró.

—Miren, les puedo explicar lo que necesiten saber —dijo Marae con rostro inexpresivo—. Pero esto no va a funcionar si me cuestionan.

—No lo sé —Rioro se cruzó de brazos—. No nos hace gracia tu idea.

—Vamos a intentar matar al noble más poderoso de la ciudad —dijo Marae, sacando una de sus dagas y haciéndola girar entre sus dedos. El metal captó el débil resplandor de la lámpara. Rioro y Liss se quedaron helados—. Este lugar es demasiado atacable, tiene una única entrada. Es inundable. Eventualmente darán con este lugar si empezamos con nuestros movimientos. Además, necesito saber cuántos de ustedes saben pelear. Quiénes han reemplazado ya a otras personas.

Rioro y Liss se miraron entre ellos.

—No somos asesinos —dijo Liss—. Ese viejo tiene que morir, pero hasta donde sé nadie ha reemplazado ni matado a personas normales. Nosotros solo queremos vivir en paz.

Esto iba a ser un problema. Marae tenía cambiaformas sin entrenamiento. Iba a tener que perder valioso tiempo enseñando.

—Comprendo —dijo Marae—. ¿Pero entienden que tendrán que matar soldados, nobles, criminales e incluso civiles?

—Tiene que haber otra forma —dijo Rioro, frunciendo el ceño y alzando la voz.

—Se acabaron los tiempos donde podían vivir en paz —Marae continuaba hablando calmadamente—. Hasta que matemos a Erdinal, hasta que nos aseguremos de que todas sus gemas e investigaciones al respecto sean destruidas. Ahora lo que necesito saber es si me van a hacer caso o si se van a rehusar a cooperar. Si quieren mi ayuda, me pongo al mando. Si no les gusta, me largo.

Rioro y Liss se miraron y suspiraron agotados.

—A nadie le va a hacer gracia esto —susurró Rioro.

—Entonces van a tener que convencerlos —dijo Marae, guardando la daga cortando en seco un giro de esta entre sus dedos—. Necesito que me hagas una lista con cuántos son, los más capaces físicamente, los más inteligentes y los que mejores habilidades sociales tengan. Cuento alrededor de 40 personas acá. Vamos a tener que aumentar ese número.

—Somos alrededor de 80 —dijo Liss—. Pero hay niños y ancianos. Yo diría que somos 50 en edad de hacer algo. Dunkan es el más listo de nosotros, enseña a los niños a escribir de vez en cuando y tiene un trabajo en la universidad de la ciudad. Por eso rara vez lo vemos por acá.

—Yo creo que soy el más social de todos, por eso me eligieron líder, creo —dijo Rioro—. A veces he practicado cómo imitar a los demás. Y Grek es el más fuerte, trabaja de guardia de un noble menor. El resto, hay algunos mendigos, pero son pocos. La mayoría tiene oficios normales: panaderos, posaderos, etc.

—Grek nos vendrá bien —Marae cruzó los brazos y se acarició el mentón—. Yo soy asesina, pero mis habilidades son difíciles de enseñar y requieren mucha práctica. Pero usar espadas y garrotes, incluso lanzas, es mucho más fácil.

—No podemos —gritó Liss—. Digo, no podemos pelear tan rápido, necesitamos… tiempo.

—Lo sé. Rioro, consigue a los cuatro con mejores habilidades, o los que tú creas que pueden suplantar a alguien. También les daré algunos consejos —Marae se acercó a la puerta y miró hacia los pasillos de la mazmorra. Las paredes rezumaban humedad y el moho trepaba por las grietas de la piedra—. A ustedes los necesito primero. También necesito que entiendan la gravedad de esta situación.

—Sí, es de vida o muerte —susurró Rioro.

—También deben decirme de quién desconfían más —confesó Marae—. No me sorprendería que alguien entrara en pánico solo con la idea de matar gente, o la posibilidad de morir, y vaya a avisar a Erdinal esperando un perdón.

—Nosotros no somos así —dijo Liss—. Esos son los humanos.

—Somos humanos —Marae negó con la cabeza—. Y es para tenerlos vigilados. Deben hacerse a la idea de que deben vigilar incluso a los suyos. La gente no es mala, solo es tonta.




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