Cambiaformas

Capítulo 23.

Patrick se miraba en el espejo grande y ornamentado en la habitación que le habían conferido en la mansión de Lord Erdinal. Un naranja opaco con acabados de plata, abrochado hasta el cuello y ajustado, con botones de plata. Y la espada que le confió su nuevo señor apoyada contra la pared, en su lugar una espada corta estaba enfundada en su cinto.

Al final, Miusela tenía más razón de que ella misma probablemente pensaba, Patrick ahora tenía un titulo nobiliario y una espada portentosa, el primero comprobó que de poco servía sin dinero ni tierras para respaldarlo, así que se unió a la guardia de Lord Erdinal, quien le daba cobijo. Y este mismo trabajo le impedía portar una espada larga, para un guardaespaldas glorificado, una espada lo haría parecer más amenazante que protector.

Patrick se pasó la mano derecha con su barbilla recién rasurada, y por su cabello recién cortado, que incluso se sentía puntiagudo. Siempre había tenido el pelo largo y desordenado, solo cortándoselo cuando le molestaba, y la barba cada varios días de la quitaba, a veces semanas pasaban. Ahora debía estar presentable todos los días, afeitado cada día, pelo corto cada semana. Malein se lo había explicado, que ahora que servía a Lord Erdinal, su imagen debía ser pulcra para no mancillar la imagen de su señor.

Incluso la paga que recibía ahora era menor. Claro que Miusela empezó pagándole menos, pero desde la última ciudad, Caldair, que Miusela ya llenaba grandes teatros, y ella se había vuelto incluso más generosa con su paga, y Patrick tampoco debía levantarse temprano. Patrick comprobó sus ojeras, y miró el cielo oscuro por la ventana, en pleno otoño amanecía demasiado tarde, o quizá él no estaba acostumbrado a despertar tan temprano. Como sea, ahora si se sentía ingrato con Miusela, la consideraba una patrona insoportable, hacia la cual solo la lealtad al amigo del padre de Patrick lo mantenía sirviéndole, y resultó ser que era tal y como decía Miusela siempre “Muchos matarían por trabajar en tus condiciones, Patrick, y tu te niegas a besar mis pies”.

Patrick soltó una leve risa. Y los golpes en la puerta lo sacaron de sus pensamientos.

—Adelante —gritó Patrick.

Malein entró, tan pulcra como siempre con su vestido de sirvienta y pelo recogido, e hizo una reverencia.

—Si me permite, sir Patrick —dijo Malein—. El uniforme a su medida lo hace ver muy guapo.

Patrick desvió la mirada.

—Es solo una observación —sonrió Malein—. He venido a avisarle que Lord Erdinal está por llegar, y debe estar preparado.

Patrick asintió.

—Además —Malein titubeó—. Recuerde que no soy su sirvienta, he estado asistiéndolo con los protocolos y los horarios por petición de Lord Marcus. Sin embargo, pronto deberá asumir sus deberes por su cuenta.

—Te lo agradezco, Malein. Lamento importunarte —dijo Patrick, sin levantar la mirada.

—Es difícil ser normal en frente de alguien tan desanimado ¿Sabes? —Malein se cruzó de brazos y negó con la cabeza, mientras miraba a Patrick—. Lord Marcus y Lord Erdinal no lo han notado, pero… siempre que he venido estas desanimado, triste. Esa chica que te despidió ¿Era tan importante para ti?

Patrick se ruborizó.

—No, no —se apresuró Patrick—. Nada de eso, era una mujer excéntrica, y me trataba como a un sirviente.

Patrick miró fijamente a Malein por pocos segundos.

—Digo… no quise.

Malein soltó una leve sonrisa, con los brazos aún cruzados.

—Mira que entiendo, eras un esclavo, no un sirviente —Malein hizo una pausa—. Fingiría molestarme por esto, pero imagino que, como estas, no te lo tomarás tan bien.

Patrick suspiró.

—Ni se que me tiene así.

La expresión de Malein se suavizó, y se acercó hacia Patrick.

—También vengo porque me preocupas —dijo Malein—. No es que te conozca bien, pero al menos, era más torpe e impetuoso la primera vez que te vi, cuando te teníamos casi de prisionero. Ahora te noto decaído.

—Lo lamento.

Malein titubeo un momento, y luego suspiró.

—Cuando Lord Erdinal encarcelo a mis padres, y me adoptó, sentí algo parecido —susurró Malein, con los ojos cerrados, y hizo una pausa y luego los abrió para mirar fijamente a Patrick—. Que no debería estar acá, pero comía mejor, pusieron a un instructor que me diera clases, y nunca me levantó la mano, como mis padres, mi vida había cambiado para mejor y no entendía porque no me sentía así.

Patrick quedó mirándola, con los ojos abierto de par en par.

—Esto queda entre nosotros —sonrió Malein—. Mientras tanto, si necesitas algo, solo pídemelo.

—¿No que no podías estar ayudándome siempre?

Malein se rio suavemente, negando con la cabeza.

—Como sirvienta, Patrick. Ahora somos compañeros, no sé que tenía de bueno tu vieja patrona, como solo hablas mal de ella, pero acá encontrarás mejor gente —Malein le dio una palmada en el hombro—. Ahora vete, que, si quieres corresponder a la confianza de Lord Erdinal, debes ser puntual.

Patrick asintió, y salió de su habitación. Caminó por el pasillo tapizado con alfombra roja, y lleno de cuadros por todas partes, hasta que por fin dio con la escalera. Al bajar, vio tres hombres vistiendo su mismo uniforme, hablando entre ellos frente a la gran puerta de la mansión, atravesó el salón de invitados para llegar a ellos, al verlo, dejaron de hablar y voltearon hacia Patrick.




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