Llevaba ya varios minutos observando ese cabello, provocando que el dueño girara a mirarlo con el ceño fruncido.
—¿Qué miras?
—...
Ryouhei trató por todos los medios de apartar la vista de ese cabello oscuro que apuntaba en todas direcciones. Para empezar, esta no era la primera vez que lo veía. Sin embargo, las ganas de reír seguían siendo las mismas.
—Pff.
—¡Ah, te reíste! ¡Dijiste que ya no lo harías!
—Lo siento, es que tiene una forma curiosa —se disculpó—. ¿No dijiste que te ibas a cortar el pelo antes de la temporada de lluvias?
—Mi padre estuvo muy ocupado con su trabajo las semanas anteriores, así que no tuvo tiempo de llevarme. Aún no lo tiene... —alegó, de mal humor.
Su amigo, quien caminaba a su lado, no pudo evitar mostrar una sonrisa radiante y darle una mirada irónica.
Debido a la temporada de lluvias, el cabello de Sakuya terminaba puntiagudo y desordenado, como si estuviera tocando un objeto lleno de estática. Por eso siempre se lo cortaba sin falta: para evitar hacer el ridículo.
Lástima que esta vez no pudo hacerlo, terminando por ir a la escuela con ese peinado que tanto odiaba.
—Por cierto, Sakuya, ¿qué te parece ir al parque esta tarde? Oí que venden unos helados muy buenos por allí.
—¿Helados? ¿En serio?
El mal humor pareció disminuir notablemente, para placer del rubio.
—Sí. Los demás niños no paran de hablar de ellos.
—¿Qué estamos esperando? ¡Vayamos ahora!
—¿Te olvidas de que tenemos que ir a la escuela?
—No me importaría faltar...
—A tu padre ciertamente le importaría.
El padre de Sakuya trabajaba constantemente para sacar adelante a su hijo. Por lo que sabía, su madre lo había abandonado con apenas unos meses de nacido.
Hasta ahora, no tenía ningún recuerdo de ella. Sakuya tampoco la había visto una sola vez.
En medio de su conversación, llegaron a la escuela.
(...)
—¡Jajajajaja! ¡Tu pelo... tu pelo... pffff! ¡Pareces un puercoespín, Aoshima!
—...
—¡Oigan, dejen de burlarse de Aoshima-kun! No es... no es... gracio... no lo es.
—Dilo cuando puedas controlar tu risa, Shiro-chan.
—...
Sakuya tenía la boca apretada y las manos puestas sobre su escritorio. A su alrededor, sus amigos pululaban con risas escandalosas o disimuladas. Para él no había diferencia: se burlaban de él y de su cabello.
El más escandaloso era Hiro, un niño bueno en los deportes. La niña de pelo castaño se llamaba Yashiro, a la que todos llamaban afectuosamente “Shiro-chan”. El siguiente era Haru, un chico de lentes de botella que solo pensaba en estudiar.
Por supuesto, también estaba su mejor amigo, Ryouhei, quien veía todo con una sonrisa irritante.
—¡Ah, ya déjenme en paz! ¡Pronto me lo cortaré, de todos modos!
—¿Ah? ¿Por qué? ¡Si se ve graciosísimo!
—¡Cierra la boca! ¡Por eso no quería venir así!
Incluso el resto de sus compañeros miraban de reojo su cabello, buscando disimular una sonrisa.
La puerta se abrió.
—Bueno, bueno, chicos, ya dejen a Aoshima-kun. Eso no es agradable.
—¡Keigo-sensei!
Un hombre en sus veintitantos entró al salón llevando una carpeta en la mano. Sus ojos afilados y algo aterradores no coincidían con su papel de educador de primaria. Al verlo, Aoshima suspiró con alivio.
—No es bueno burlarse de otros... Ridículo o no, Aoshima-kun sigue siendo Aoshima-kun.
Las esperanzas que tenía depositadas en él murieron, junto con su paciencia.
—¡Sensei!
—Jajaja.
¡Los odiaba a todos!
(...)
—Bueno, ya que todos se calmaron (principalmente Aoshima-kun), tengo una noticia muy importante.
Con todos los niños en sus asientos, Keigo comenzó la clase.
Sakuya seguía de mala cara, apoyando la mejilla sobre su mano. Ryouhei le daba palmaditas de consuelo en la espalda.
—El día de hoy se nos sumará una nueva compañera, la cual viene de muy lejos.
—¿Ah?
—¿Una nueva?
Sakuya, junto con Ryouhei, se interesó de inmediato, abandonando su fachada antipática. ¿Alguien nuevo se les uniría? ¿A estas alturas?
—Espero que sean amables con ella. Recién se acaba de mudar. ¿Puedo confiar en ustedes?
—¡Sí!
—¡Cualquiera es bienvenido aquí!
—Me alegra oír eso. Entonces... —Puso su mirada en la puerta—. Kanaria, pasa, por favor.
—... Sí.
Entrando con paso silencioso, una niña de largo cabello negro apareció ante la vista de todos. Sus ojos sombríos no se dejaban ver a plena luz por culpa de un flequillo que no parecía molestarle.
Su voz era dulce, y oscura de una manera extraña. Ryouhei no pudo explicarlo bien. Pasó al frente con porte tímido.
—Vamos, preséntate. Aquí nadie muerde.
Kanaria asintió sin cambiar su expresión pétrea. ¿Quizás era muy tímida con los extraños? Juntando las manos, inclinó un poco la cabeza.
—Mi nombre es Ashiro Kanaria, tengo 10 años. Vengo de Tokyo... Un... placer.
Una presentación normal... de no ser por su falta de emoción en cada palabra.
—Muy bien, qué presentación más dulce. Puedes tomar asiento, Kanaria-chan. El escritorio que ves allá está libre.
—Sí.
Así comenzó el día con una nueva compañera de clases llamada Kanaria. Todos la aceptaron sin problemas y Ryouhei tampoco pensó mucho en eso...
Sin saber que ella sería quien marcaría el principio de horribles acontecimientos alrededor de Aoshima Sakuya.
(...)
La clase terminó, dando espacio para el recreo. Como afuera estaba húmedo, no se les dejó salir al patio.
—Oye, esto apesta. Me habría gustado salir a jugar pelota...
—¿Con toda esta humedad? Solo nos ensuciaríamos —dijo Haru, sin levantar la vista de su libro.
—¿Qué importa un poco de barro? ¡Jugar pelota siempre es divertido!
—Tal vez para ti, pero mi mamá se esfuerza mucho por lavar mi ropa. No le daré trabajo extra.
—¡Pero eso es...! ¡Agh!
#662 en Thriller
#280 en Misterio
#160 en Ciencia ficción
amistad amigos, acoso obsesion locura amor, amistad anhelos drama misterio
Editado: 16.07.2026