Cambiando tu Destino Vol 1

3

El profesor explicaba la clase, dándoles la espalda mientras escribía con tiza en la pizarra. Ryouhei, sin embargo, no tenía energía para prestarle atención; tenía asuntos muchísimo más importantes que resolver.

En una pequeña libreta aparte que su madre le había regalado, mantenía anotados tres puntos clave. Allí permanecía escrito, en tinta imborrable, todo lo relacionado con las posibles muertes de Sakuya:

  1. El río (Primaria).
  2. El disparo (Adolescencia).
  3. El escrito (Adultez).

Llevó el borde trasero del lápiz a su mentón, sumido en sus pensamientos. Según había dicho Kanaria, el primer riesgo de muerte se ubicaría en la etapa de primaria, relacionado con un río.

«Aquí no tenemos ningún río propiamente dicho. Además, Sakuya sabe nadar», razonó el rubio. ¿Podría haberse lesionado y, por ende, ahogado donde nadie lo viera? ¿Pero cómo? Sakuya siempre estaba con ellos en la escuela o en casa con su padre. ¿En qué momento podría terminar en el agua fuera de la vista de todos?

Esperen... Un lugar con agua que pareciera un río.

En medio de la ciudad cruzaba una ribera artificial, la cual pasaba justo por debajo de un gran puente. Visto desde la perspectiva de un niño, ese caudal bien podía pasar por un río.

Ryouhei apretó el lápiz con fuerza. ¿Sakuya se ahogaría allí? ¿Cómo? ¿Quizás se caería accidentalmente del puente y la corriente lo arrastraría? La corriente habitual no era especialmente fuerte, pero...

¡Cierto! La temporada de lluvias.

Durante esta época del año, el agua de la ribera crecía de golpe y se movía con una fuerza violenta. Un niño de la edad de Sakuya no tendría oportunidad contra eso.

«Bien. Solo necesito alejarlo de ese puente o, en su defecto, acompañarlo a todos lados durante las lluvias». Parecía más sencillo de lo que había procesado en un principio.

«Prepárate», resonó la voz de su madre en su mente.

Ryouhei se detuvo y le bajó dos tonos a su entusiasmo. ¿Y si no era como él pensaba? ¿Y si existía otro detalle crucial que estaba pasando por alto?

Miró de reojo la espalda de Kanaria, unos asientos más adelante. No podía permitirse el lujo de suponer. La información que tenía era escasa; demasiado escasa. Si quería armar un plan infalible, necesitaba extraerle más detalles a la pelinegra.

(...)

—¿Quieres más detalles?

—Sí.

A la hora del almuerzo, Ryouhei dejó al resto del grupo entretenido con unos juguetes que había traído de casa para distraerlos. Enfocó toda su atención en Kanaria, quien sostenía un bento de comida bastante elaborado y bonito, un contraste absoluto con la nula alegría de su rostro.

—¿Por qué quieres saber más detalles? —preguntó ella, sin mirarlo.

—¿No es obvio? Para evitar que pase.

—Eso es imposible.

—No me importa si lo es. Yo lo haré posible.

Kanaria detuvo sus palillos y lo miró fijamente, con genuina incomprensión. Parecía no entender por qué alguien querría desgastarse intentando luchar contra algo que ella ya consideraba grabado en piedra.

—Ahh... Bueno —suspiró la niña. Tampoco es que deseara batirse a duelo verbal con él; no perdía nada compartiendo lo que sabía—. ¿Sobre cuál de las muertes quieres saber?

—La más cercana. La de la primaria.

Ella se metió un par de trozos de pollo frito a la boca, masticando con rapidez antes de continuar.

—Como te dije antes, lo vi flotar en el río.

—Lo recuerdo perfectamente. Pero necesito que me hables de otros detalles. Quiero saber cómo pudo ahogarse si él sabe defenderse muy bien en el agua...

—¿Qué? ¿En qué momento dije que se había ahogado?

—¿Eh?

Kanaria bajó los palillos con un golpe seco sobre el plástico de su bento.

—Nunca dije que murió por ahogamiento. Solo dije que lo encontraron flotando en el agua.

—...

¿Qué? ¿Qué quería decir con eso? Si no había muerto ahogado, entonces ¿cómo...? Ryouhei apretó los puños. Sintió un súbito nudo en el pecho, como si el aire del salón se hubiera vuelto denso.

—¿Cómo... cómo estaba su cuerpo? —consiguió preguntar, con la voz un tanto quebrada.

Kanaria tomó sus palillos de vuelta. Con total parsimonia, hizo una incisión limpia justo en medio de su porción de arroz.

—Vacío.

—¿Qué?

«¿Vacío...? ¿Qué significa eso?».

—Estaba vacío —repitió ella, mirándolo a los ojos con una calma sepulcral—. Su vientre estaba abierto de par en par. No tenía órganos.

El mundo de Ryouhei se descoloró por completo, volviéndose gris. Dejó de percibir el ruido del patio y los colores del aula; solo existía la profunda oscuridad impresa en las pupilas de Kanaria.

Sakuya... vacío. Sin órganos. Como un muñeco de felpa al que alguien le hubiera arrancado todo el algodón por pura crueldad.

Eso no era un accidente. Eso significaba que...

La voz de Ryouhei tembló de puro horror:

—¿Dices... dices que alguien... alguien lo mató?

—Bueno, es lo más probable —respondió ella de forma analítica, desprovista de cualquier empatía—. Nadie se saca los órganos a sí mismo.

Kanaria removió la comida dentro de su lonchera con desdén, dejando un desastre de arroz y salsa.

—Lo que sí sé con certeza es que estaba vacío. El resto de su cuerpo estaba especialmente bien conservado. Al parecer no sufrió, si es lo que te preocupa.

Ryouhei apretó los molares con tanta fuerza que un dolor agudo le recorrió la mandíbula.

—Deja de hablar como si todo estuviera escrito en piedra. Aún no ha sucedido. Puedo evitarlo.

—Nadie a quien yo haya visto morir se ha salvado jamás.

—Esta será la primera vez.

—Si tú lo dices... Aunque no lo recomiendo —concluyó Kanaria, cerrando la tapa de su bento—. Si es verdad que alguien va a asesinar a Aoshima, entonces, al involucrarte, te estás poniendo en su camino. Te pondrás en peligro. Podrías incluso morir tú también.

Ryouhei se quedó helado en su sitio, pero no retrocedió.




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