Al día siguiente, el camino de ida a la escuela estuvo sumergido en un silencio sepulcral.
Sakuya caminaba unos pasos más adelante, con la vista fija al frente y sin dirigirle una sola palabra. Ryouhei lo seguía a corta distancia, con la mirada gacha y la mente hecha un caos, sin encontrar la manera correcta de disculparse por el estallido de antes.
Así transcurrieron veinte agónicos minutos. La fachada de la escuela finalmente apareció ante sus ojos, rodeada por el habitual ajetreo de niños y niñas que corrían de un lado a otro. Sin embargo, las voces animadas y las risas del resto de los estudiantes no lograron disipar el ambiente sombrío que envolvía a ambos.
—¡Hola, Aoshima, Shibari! —saludó Hiro en cuanto los vio cruzar la puerta del aula—. ¿Se vieron el capítulo de Súper Once ayer? ¡Estuvo buenísimo!
—Tengo que concordar con Hiro —añadió Haru, acomodándose los lentes—. Fue un episodio muy emocionante.
—Eh... Sí, c-cierto... —balbuceó Yashiro, rascándose la mejilla con timidez.
—¿No me digas que tú tampoco lo viste, Shiro-chan? —la delató Hiro, arqueando una ceja.
—¡Lo siento! —se disculpó la niña, juntando las manos—. ¡Me quedé completamente dormida!
Mientras el grupo charlaba animadamente entre sí, Ryouhei desvió la mirada de reojo hacia Sakuya. Este lo ignoró olímpicamente, pasó de largo por su lado y tomó asiento en su pupitre sin mediar palabra.
Al notar la extraña actitud del peliazul, el resto de los chicos dejó de lado la conversación sobre el anime y se acercó a su mesa.
—¿Y bien? ¿A ti qué te pareció el partido de ayer, Sakuya? —insistió Hiro, apoyándose en el borde del escritorio.
—Bien... —respondió Sakuya, cortante, sin levantar la vista.
—Vamos, hombre, ¿solo eso? ¿"Bien"? ¿Nada más?
—Hiro tiene razón —intervino Haru, extrañado—. El capítulo tuvo demasiada acción como para que solo digas un "bien".
—¿S-Será que tú tampoco pudiste verlo, Aoshima-kun? —preguntó Yashiro, intuyendo el espíritu abatido del oji-azul.
Sakuya no se dignó a responder. Apoyó perezosamente la mejilla contra la palma de su mano y desvió la mirada hacia la ventana, ignorando la presencia de sus amigos.
—Ey... ¿Nos estás ignorando? —Hiro arrugó el entrecejo, un poco molesto.
—¿No vas a decir nada más? —preguntó Haru.
—¿Aoshima-kun...? ¿Te estamos molestando? —murmuró Yashiro, notablemente preocupada por su repentina frialdad.
A pesar de la insistencia y la genuina preocupación de los niños que lo rodeaban, Sakuya se mantuvo firme en su burbuja de silencio, completamente inaccesible.
(...)
El resto del día fue un auténtico infierno para Ryouhei.
Incluso durante el receso, Sakuya se negó en redondo a dirigirle la palabra, limitándose a contemplar el patio fijamente a través de la ventana. Sus amigos, profundamente preocupados por su actitud, decidieron no insistir más, temerosos de arruinar aún más su de por sí deprimido estado de ánimo.
Como intentar hablar con él en ese momento era un caso perdido, Ryouhei decidió aprovechar el tiempo para seguir recopilando información con la única persona que entendía su situación.
—¿Ahora qué quieres? —preguntó Kanaria, dándole un mordisco apático a su hamburguesa. Para tener el semblante de alguien que no le encontraba sentido a la vida, la niña comía bastante bien.
—Háblame del resto de las muertes de Sakuya. No te guardes ningún detalle.
—Tienes demasiado tiempo libre, ¿no es así?
—Sakuya llena el ochenta por ciento de mi tiempo.
—¿Eso no es un poco triste?
Ryouhei no respondió. ¿Qué se suponía que debía hacer? Necesitaba salvarlo de su destino a toda costa; no tenía el lujo de perder el tiempo jugando o haciendo cosas normales de niños. Aunque, pensándolo bien, su rutina antes de enterarse de las profecías tampoco era muy diferente.
—Ya que antes desglosamos su posible muerte en la primaria, supongo que ahora nos toca ir con la secundaria... —comentó, masticando con calma.
Ryouhei asintió, abriendo su libreta, la cual se había convertido en una extensión de su propio cuerpo.
—¿Cómo se veía en la segunda visión? —preguntó, refiriéndose al estado de su cuerpo.
—Aoshima se veía más grande. Yo diría que de unos catorce o quince años, tal vez. Aparte del impacto de bala que tenía justo en la frente, presentaba varios golpes severos alrededor del rostro...
El humor de Ryouhei se volvió todavía más sombrío. ¿Ahora también tendría que lidiar con un asesino armado y violento en el futuro? ¿Qué demonios le pasaba al mundo? Sacudió la cabeza para alejar el pánico; tenía que concentrarse en los datos.
—¿Algo más?
—Estaba tirado dentro de una tienda de conveniencia de veinticuatro horas. Era muy tarde en la noche. Y también... vi a una mujer llorando desconsoladamente junto a él.
—¿Una mujer? —Ryouhei arrugó el entrecejo—. ¿Dices que era su novia o algo así?
—No lo creo.
—¿Uh? ¿Cómo estás tan segura?
—Se veía demasiado vieja para ser su pareja.
«¿Una mujer mayor llorando sobre su cuerpo?», pensó el rubio, tratando de encajar las piezas. ¿Quizás una conocida o una figura importante de la cual se haría amigo en el futuro? Ahora mismo Sakuya solo era cercano a su madre.
—¿Esa mujer era rubia?
—¿Eh? No, tenía el cabello oscuro.
«Entonces no es mi madre», concluyó Ryouhei. Bueno, era lógico; las personas que conocían en la actualidad no serían las únicas en sus vidas. El futuro traería nuevos rostros.
—Por cierto, Kanaria...
—¿Uh?
—¿Por qué viste tres visiones diferentes de Sakuya? ¿No es demasiado?
—Ah, eso... —soltó un largo suspiro—. Podría significar que su línea temporal está fracturada. Bien podría morir de niño, de adolescente o en su etapa adulta. Viendo que el destino ha presentado tres ocasiones distintas, las probabilidades se dividen en un treinta coma cinco por ciento de letalidad para cada etapa de su vida.
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Editado: 16.07.2026