Cambiando tu Destino Vol 1

9

—¿¡Ah!? ¿¡Me estás diciendo que ayer conociste a tu madre en cuanto pusiste un pie en tu casa!?

Ni siquiera el mismísimo Ryouhei, con toda su usual templanza y madurez, pudo permanecer calmado tras escuchar el caótico resumen de los eventos del día anterior. Se detuvo en seco en mitad del pasillo, mirando a su amigo con los ojos abiertos de par en par.

—¿Y c-cómo era...? —preguntó el rubio, bajando la voz y tragando saliva—. Quiero decir... tu madre. ¿Qué impresión te dio?

—Bueno...

Aún cabizbajo y manteniendo las manos metidas en los bolsillos, Sakuya hurgó en sus frescos recuerdos intentando encontrar las palabras adecuadas para describirla.

—Diría que es una mujer de aura sombría y con un carácter bastante amargo...

—¿Es así?

—Aunque, a decir verdad, parece al menos diez años más joven que mi papá. Es bastante bonita y se viste de forma elegante.

—¿...?

Ryouhei se removió incómodo en su sitio. Esto era, sin lugar a dudas, una noticia de altísimo impacto. El tablero familiar de Sakuya se estaba sacudiendo por completo.

—Y... luego de que descubrieras su verdadera identidad, ¿qué fue exactamente lo que hiciste?

—Bueno, yo...

¿Qué otra cosa iba a hacer? Para Sakuya la respuesta era obvia. Había corrido a esconderse como un niño asustado detrás de la espalda de su padre. Madre biológica o no, esa mujer seguía siendo una completa extraña ante sus ojos. Y si había algo que Sakuya aborrecía y temía con todo su ser debido a los traumas de su infancia, eran los extraños.

Incluso cuando ella intentó dar un paso al frente para abrazarlo o buscar algún tipo de cercanía física, él no se lo había permitido bajo ningún concepto. Los escalofríos helados seguían recorriendo su espina dorsal con solo recordarlo. No era alguien en quien pudiera confiar.

—Usé a mi papá como un escudo humano —confesó, desviando la mirada con un deje de vergüenza—. No paraba de estirar las manos e intentar tocarme a cada momento...

—Ah...

Ryouhei suspiró, frotándose la nuca. Así que eso era lo que la mujer pretendía. Bueno, mirándolo desde una perspectiva externa, era una reacción hasta cierto punto comprensible; hacía quince años que no veía a su propio hijo, por lo que sería raro que no sintiera el impulso de tocarlo o abrazarlo para comprobar que era real. El gran problema era que, a los ojos y la estricta psicología de Sakuya, aquella insistencia resultaba invasiva, repulsiva y profundamente espeluznante.

Sin embargo, había algo que a Ryouhei no le terminaba de cuadrar en toda esta historia. ¿Por qué demonios se presentaba esa mujer precisamente ahora, después de tanto tiempo en las sombras? Sakuya ya tenía quince años; era una cantidad monumental de tiempo perdido para una madre. ¿Qué la había motivado a romper el silencio de golpe?

«¿Acaso necesitará algo de su padre?», pensó, analizando las opciones. «Dinero no puede ser. El trabajo de oficina de su padre apenas les da para cubrir sus propios gastos y vivir cómodamente. Entonces... ¿qué demonios la obligó a acercarse tras quince años de ausencia?».

Sakuya soltó un largo y pesado suspiro, interrumpiendo el flujo de pensamientos de Ryouhei.

—Primero Iván-san sale con la bomba de que se va a casar, y ahora mi madre biológica aparece de la nada... Santo cielo, a este paso solo falta que tu propio padre regrese de su viaje y aparezca en la puerta...

—Por favor, te lo ruego, ni se te ocurra hablar de esa clase de cosas —le cortó Ryouhei de inmediato, ensombreciendo la mirada.

Por lo poco que recordaba y sabía sobre su progenitor, el hombre no era precisamente una figura afectuosa o digna de extrañar. Su único punto a favor, irónicamente, era su prodigiosa inteligencia. No había dudado ni un segundo en abandonar a su madre en cuanto se enteró del embarazo, y las escasísimas visitas que le había hecho a lo largo de su vida apenas podían recibir el nombre de "contacto familiar". Era un lazo que Ryouhei prefería mantener cortado.

Sacudiendo la cabeza para alejar los malos pensamientos, volvió a enfocarse en el problema actual de su amigo.

—¿Y en qué quedaron al final? ¿Se marchó de la casa?

—Tengo que ir a comer con ella esta misma tarde, en un restaurante cerca de la estación.

—Uh... —Ryouhei hizo una mueca.

Definitivamente iba a ser un encuentro sumamente incómodo y tenso para ambos. Por la forma en que Sakuya lo decía, su padre no estaría presente en la cita, seguramente por una petición explícita de la mujer. Debía de estar desesperada por entablar una relación personal con su hijo lo antes posible, sin intermediarios. El problema era que, si presionaba demasiado rápido a un chico tan cerrado como Sakuya, terminaría provocando el efecto contrario: un rechazo absoluto.

—Oye, Ryouhei...

—¿Uh

Sakuya estiró la mano de repente y lo sujetó con fuerza por la manga del uniforme, interrumpiendo ss deducciones. Al mirarlo, Ryouhei se topó con una expresión suplicante, cargada de un pánico genuino que rozaba lo cobarde.

—¿No podrías... acompañarme esta tarde? —rogó en un susurro.

—¿Eh? —Ryouhei parpadeó, desconcertado—. ¿Acompañarte? ¿A la cita con tu propia madre?

—¡Es que no quiero ir solo con esa mujer bajo ningún concepto! ¡Apenas ayer me enteré de cuál era su nombre! ¡Por favor!

Ryouhei alzó una ceja, mirándolo con fijeza. —¿Acaso no me dijiste ayer con mucha firmeza que ya eras mayor y que no querías molestarme con tus problemas insignificantes?

Sakuya pareció adivinar la sutil burla en lo que dijo, puesto que respondió casi al instante, apretando el agarre en su manga.

—¡Esto no tiene absolutamente nada de insignificante! ¡Es una emergencia nacional!

Ryouhei no pudo evitar que una pequeña sonrisa se dibujara en su rostro. Tenía toda la razón; esto era un asunto mayor. Además, él sabía perfectamente que jamás sería capaz de negarle auxilio a Sakuya cuando este le pedía ayuda de una forma tan sincera y transparente.




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